El griego ἀποκάλυψις o latín apocalypsis ha sido entendido en castellano como Fin del Mundo, cuando la realidad lo que significa es “revelación”. Revelación que se le hizo al apóstol y discípulo de Jesús, Juan, hijo de Zebedeo, en su destierro en la isla de Patmos.

La vinculación con el Fin del Mundo tiene un fundamento y se debe a que el libro del Apocalipsis, el último libro de la Biblia, se describe cómo serán los últimos días de la tierra.

El libro habla de un Anticristo, una bestia, un falso profeta y de las muchas calamidades por las que pasará la humanidad en los últimos 7 años del planeta tierra. Sin embargo, para entrar en contexto y no hacer de este texto algo meramente escatológico, voy a enfocarme en un capítulo de este libro bíblico.

En el capítulo 13, versículos 16 y 17, el apóstol Juan describe que entre sus visiones de los días finales había una bestia (algunos la catalogan como el Anticristo) que hacía que “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se pusiese una marca en su mano derecha o en sus frentes”, agregando que “ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”.

Sobre estos puntos en particular (al igual que casi todo el libro del Apocalipsis) se ha especulado un montón, tanto desde el punto de vista teológico como práctico. Algunos hablan de que la marca será un chip insertado en la mano, otros mencionan una moneda única controlada y un sinfín de elementos más que buscan darle sentido a una visión profética.

No obstante, todos estos planteamientos son hipótesis, especulaciones y teorías sobre un texto escrito hace mucho tiempo por un hombre que seguramente no entendía del todo lo que veía porque no era su tiempo para ello.  

Las únicas cosas que SI son seguras dentro del texto son dos elementos que podemos evaluar con claridad, centralización y censura.

La marca de la bestia. Una marca única para todos por igual. La máxima representación de la centralización que podamos tener.

Mientras que la Censura es precisamente la exclusión para aquellos que no lo posean.

Más allá de si será con una moneda global única, una CBDC, o con un sistema de pagos controlados, lo que si sabemos que reseña el libro sagrado es que habrá personas que podrán entrar al sistema financiero y otras que no.

Un activo incensurable para todos

Más allá del meme del “Brrrr”, de la hiperinflación venezolana/argentina/bananera o los millones de dólares que pudiera valer Bitcoin, el escenario profético planteado es el más atroz de todos los que conocemos. Un sistema más excluyente que nuestros escenarios actuales  de desbancarizados y pobres. Sin dinero en efectivo o joyas que valgan ante la falta de una marca característica.

¿Cómo entraría la idea de Bitcoin entre todo esto? Con su diseño para ser un activo incensurable y descentralizado. Sin CEO al que puedan presionar, sin regulaciones que puedan limitar su código ni maneras de congelar sus wallets.

Sin querer darle un sentido místico, religioso o portentoso a Bitcoin, su uso encajaría como respuesta al escenario planteado dentro de la profecía. Un activo disponible para cualquiera, sin necesidad de marcas, sellos, chips o adoraciones a una bestia.

Lo que podría parecer triste para muchos es que en un escenario así Bitcoin no les haría millonario. Pero, sería mucho más poderoso que un simple activo de especulación, sería un activo para hacerte libre financieramente hablando. El verdadero activo de protesta que muchos liberales hoy profesan. La última ventana de la libertad financiera. El único medio con el que podrías comprar una barra de pan.

En un futuro es posible que Bitcoin no sea el medio para hacerte millonario o para resguardar tus ahorros, sino que sea el único medio financiero que te permita comer sin tener que recurrir a tan terrible apostasía.

Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mateo 25:13).

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