Estamos viviendo un momento histórico. Y que no suene a hipérbole. Las implicaciones que tiene (tendrá) el desarrollo de la pandemia del coronavirus en la salud pública, la economía, y cómo no, en Bitcoin y las criptomonedas, tendrá un significado importante, probablemente sentando un antes y un después en la vida moderna. Sin exageraciones.

Son tiempos particulares.

En los últimos días hemos sido partícipes de un evento completamente inusual: en medio de la pandemia del Coronavirus, siendo una enfermedad tan nueva y contagiosa, todos los países del mundo han instado a sus ciudadanos a distanciarse socialmente y a mantenerse en sus casas, entre otras medidas preventivas. Esto último, aunque ha detenido una buena cantidad de industrias, no ha tenido efecto en el mundo digital que, de hecho, cobra más relevancia. Streaming, salas de videoconferencia, incluso clases de yoga, las actividades cotidianas migran a esta nueva “realidad”.

Es un hecho que existe un importante aumento en el consumo de Internet. Diversos productos para el ámbito laboral y de ocio así lo testifican. Netflix, una de las plataformas de video streaming más famosas y utilizadas en el mundo incluso avisó que reduciría la calidad de la emisión para poder aprovechar de mejor manera sus recursos ante la brutal demanda.

Dado que un importante número de personas está en casa para evitar el contagio, las actividades relacionadas con Internet han aumentado significativamente sus cifras, y este es solo un pequeño ejemplo. Una cantidad significativa de personas no han abandonado sus actividades, sencillamente se las llevaron a casa.

Adultos y niños por igual, empiezan a trabajar y estudiar desde su hogar, a través del Internet, utilizando sus propias herramientas, conectividad y servicios como infraestructura para el funcionamiento corporativo y empresarial. Si ya era común, el Internet se vuelve primordial en este contexto. ¿Este nuevo escenario podría favorecer a Bitcoin? ¿La digitalización de algunas actividades económicas y procesos de trabajo/formación será un boost para la adopción de BTC?

Algunos datos

En España, por ejemplo, el consumo de redes sociales subió a 55% y las actividades de lectura digital, se duplicaron. Los usuarios españoles están utilizando principalmente el móvil para estas actividades. Según este reporte, de las dos horas y cuarenta minutos, el uso de estos dispositivos aumentó a tres horas y veinticuatro minutos, con picos de uso en la semana más severa del auto-aislamiento.

Aplicaciones de comunicación (WhatsApp, Skype, Zoom) y juegos (Clash of Clans, Township o Parchís) han sido los que más demanda han concentrado. En otros países de Europa el consumo de redes sociales aumentó 30% en Italia, 11% en Alemania, 18% en el Reino Unido y 14% en Francia.

En Latinoamérica las cifras también han aumentado. De acuerdo con cifras de Mindshare, una red mundial de agencias de medios, filial del grupo WPP, publicó un informe sobre los patrones de consumo de los colombianos en medio de la pandemia, encontrando aumentos en nuevas formas de consumo, ya no solo asociadas al trabajo y al ocio, sino también a la subsistencia. 

Dado que el 80% de los encuestados afirmaron no querer salir y exponerse, resulta comprensible que también hayan estado de acuerdo en tener formas de acceder a bienes, especialmente comida y provisiones en general, a través de la red, con servicios de delivery.

“Ante una situación tan sensible, así como las restricciones en materia de movilidad en las calles y el cuidado responsable que se debe tener, los consumidores colombianos están teniendo nuevas alternativas de consumo y de entretenimiento que eviten el contacto y el desplazamiento a lugares, por lo cual los canales digitales y plataformas virtuales se posicionan como las más utilizadas para las diferentes necesidades”, señaló la CEO de Mindshare Colombia, María Victoria Torres, como reseña el diario Semana.

En Venezuela, el panorama es similar, aunque con sus matices. Según el reporte de la empresa, el trabajo remoto y los cursos online son las principales actividades, con un aumento tanto del delivery como de las compras online, ambos por encima de 10%, siendo redes sociales como Twitter e Instagram las principales beneficiadas de esta nueva situación.

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Argentina, Chile, Brasil y en menor medida México, la mayoría de los países de la región refleja un aumento en el uso y exposición a medios digitales.

En todos estos países se ha activado el trabajo a distancia, aunque algunas áreas sencillamente han sido puestas en stand by, con la paga de los trabajadores suspendida. Del lado de las empresas algunas han visto cómo sus acciones se aprecian, como en el caso de Zoom, que a pesar de la polémica con el manejo de la privacidad y la data de los usuarios, ha conseguido un importante apreciación en la bolsa.

De acuerdo con un informe de Comscore, publicado el pasado 30 de marzo, “los 11.900 millones de visitas al contenido de las redes sociales de esta semana son la mayor cantidad de visitas en una semana en lo que va del año para esa categoría”.

Lo que pudo y puede digitalizarse continúa, lo que no tendrá que aguantar el vendaval, pues muchas compañías y organizaciones tendrán que recortar personal y tomar medidas de supervivencia empresarial. Selección natural en un proceso que parece inevitable, dado que buena parte de la infraestructura y funcionamiento de áreas económicas significativas puede funcionar sobre el Internet.

No habrá una vacuna. Por lo menos en los próximos 18 meses, lo que quiere decir que, si bien poco a poco pueden ir normalizándose algunos sectores económicos, la digitalización de algunos procesos durante esta etapa de cuarentena podría transformarse en nuevas formas del ejercicio profesional, de la producción conjunta de valor y del ámbito empresarial en general. Con todo esto quiero decir que la digitalización es algo ya inevitable, las medidas para contener y evitar el contagio, con el distanciamiento y el aislamiento, podrían calificarse como catalizadores.

¿Y Bitcoin?

En este panorama nos movemos actualmente, y es el mismo que envuelve a Bitcoin. El 12 de marzo se vivió un cisma único en la historia de la criptomoneda, que perdió 40% de su precio en cuestión de horas, cotizando por debajo de los 4.000 dólares. El CEO de BitMex, Arthur Hayes, advirtió que este escenario puede repetirse en breve.

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En esos días, no solo Bitcoin y las criptomonedas sufrieron: el medio se apoderó de todos los mercados y sus operadores. El precio del petróleo se desplomó, lo mismo que el índice S&P y, en líneas generales, el mercado de inversiones. Un gran nerviosismo comenzó a recorrer los mercados por las disputas comerciales sobre el crudo entre Rusia y Arabia Saudita, así como las proyecciones que se hacían sobre el Coronavirus. Y no se detuvo.

No obstante, actualmente cada BTC tiene un precio de 6.919 dólares, con volúmenes de intercambio significativos y con una entrada de nuevos capitales que no ha parado desde que inició 2020, o al menos así reportan las principales casas de cambio del mundo. Pero dejemos de lado la discusión sobre su precio. ¿Puede Bitcoin ser parte de esas herramientas digitales de las que se está apropiando la gente que está a resguardo en su casa?

Un primer indicador que podríamos tomar en cuenta es que mercados P2P como HodlHodl, Paxful o LocalBitcoin han reportado importantes cifras de nuevos registros. Esto no necesariamente se traduce en nuevos usuarios o propietarios de bitcoin, pero demuestra que hay cierto interés en el tema.

Las comunidades de Bitcoin, generalmente más proclives a organizar eventos locales de pequeña escala, empiezan a romper sus fronteras y encontrarse en el mundo digital. En Latinoamérica, destaca el caso de la organización educativa argentina La Bitcoineta, que ha organizado varios ciclos de charlas semanales desde que empezó la cuarentena en el país sureño, con ponentes de altísimo nivel como Franco Amati, Francisco Calderón, Diana Aguilar, Belén Marty, Lunaticoin, entre otros, estableciendo una relación directa entre los participantes y la organización.

Lo interesante de este fenómeno es que desdibuja completamente las fronteras internacionales e incluso, las dificultades temporales. Sencillamente “te conectas”, “abres la sala”, “te sumas” a una comunidad digital que, desde distintos husos horarios y locaciones, participan de un hecho social, ahora digitalizado, en torno a Bitcoin como tema de estudio.

Los meetups, conferencias y otros eventos que supongan el encuentro y concentración de participantes tendrán que hacer un esfuerzo significativo para retomar su posición de dominio en las actividades sociales de la comunidad una vez cese la pandemia y los países vayan retomando poco a poco la (nueva) normalidad. 

La digitalización de este tipo de actividades en torno a un fenómeno económico y una tecnología eminentemente digital resulta tan natural como el tele-trabajo. Y eso que no hemos mencionado la nueva fiebre de los meetups utilizando realidad virtual, organizados principalmente por Udi Wertheimer.

Particularmente creo que, con el halving de Bitcoin en ciernes, este momento preciso resulta una suerte de “tormenta perfecta” para el porvenir de la criptomoneda creada por Satoshi Nakamoto, ya no solo a nivel de precio e inversión, sino como un importante elemento dentro de un más robusto mundo digital.

Tras la pandemia Bitcoin podría considerarse un activo prometedor, que recibirá la colocación de parte del capital que han inyectado o planean inyectar varios gobiernos del mundo para responder los embates económicos de detener la economía para no contraer la enfermedad.

Frente a la impresión indiscriminada de nuevo dinero fiat, se opone la radical escasez programada, así como la descentralización que garantiza reforzar estas reglas serán elementos importantes.

Vigilancia

Pero no todo es positivo. Abundan los peligros para el ciudadano y las libertades civiles. El escenario de la digitalización cada vez más marcada de la actividad humana tiene una cara no muy agradable, digna de ser parte de las novelas distópicas de época. En Argentina, por ejemplo, algunos reconocen rasgos orwellianos de la nueva realidad. En España, el gobierno ha admitido abiertamente estar monitoreando las redes y se trabaja en la creación de una aplicación que permita el seguimiento de los ciudadanos.

El informante y activista de la privacidad, Edward Snowden, señaló que los gobiernos están utilizando el virus para sentar las bases de la “arquitectura de la opresión”. Esto ha llevado a la expansión del autoritarismo del Estado y sus instituciones en diversas latitudes, pero también a una respuesta similar por parte de muchos ciudadanos que consideran que un Estado fuerte es el único camino para sobrevivir.

Las libertades civiles no solo están amenazadas por la institucionalidad, además, algunos ciudadanos asumen el papel de “policías” o “censores” de la actividad de sus conciudadanos, abrogándose una legitimidad moral a partir de las condiciones particulares que supone la pandemia y el “bien común”.

“A medida que se extiende el autoritarismo, que proliferan las leyes de emergencia, que sacrificamos nuestros derechos, también sacrificamos nuestra capacidad para detener el flujo hacia un mundo menos liberal y menos libre. ¿Usted realmente cree que cuando la primera ola, esta segunda ola, la 16ª ola del coronavirus sea un recuerdo largamente olvidado, estas capacidades no se mantendrán? ¿Qué estos conjuntos de datos no se conservaron? No importan como se use, lo que se está construyendo es la arquitectura de la opresión”, explicó Snowden.

El estadounidense aseguró que una pandemia es una amenaza que constantemente está en la agenda de agentes de la salud pública, especialmente por cómo funcionan las ciudades y las poblaciones humanas en general. “Cada investigador que vio esto sabía que esto iba a pasar. Sin embargo, cuando lo necesitábamos, el sistema nos ha fallado, y nos ha fallado ampliamente”, enfatizó en su entrevista con VICE TV.

La eliminación o suspensión de ciertas libertades también alcanza el mundo digital y la vigilancia se extiende a esta nueva realidad. Su florecimiento no escapa al interés del poder, la digitalización de las actividades no limita el alcance del autoritarismo. Gobiernos crean aplicaciones o cualquier otra herramienta, verifican las actividades de sus ciudadanos en línea y no me cabe duda de que si Bitcoin cobra relevancia y se vuelve una amenaza para el estado de las cosas, la vigilancia también se cernirá sobre su funcionamiento y sus usuarios.

La digitalización lleva consigo sus propios desafíos.

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