¿Te imaginas que un día llegas a tu trabajo y te encuentras con que una máquina ha ocupado tu puesto? ¿O que tu jefe te dice que ya no te necesita porque ha contratado a un robot más eficiente y barato? ¿O que tu imagen aparece en una película sin tu permiso porque te han escaneado con una cámara inteligente? Pues estas son algunas de las situaciones que podrían ocurrir si la inteligencia artificial (IA) se desarrolla sin tener en cuenta a los trabajadores.
La IA es una tecnología que permite a las máquinas realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como entender el lenguaje, reconocer imágenes, aprender de la experiencia o resolver problemas. La IA tiene muchas ventajas, como mejorar la productividad, la innovación, la seguridad o la calidad de vida. Pero también tiene muchos riesgos, como eliminar empleos, reducir salarios, aumentar la desigualdad, violar la privacidad o manipular la información.
Por eso, es importante que los trabajadores participen en el diseño, la implementación y el control de la IA, para que esta sea justa, ética y beneficiosa para todos. Curiosamente, Microsoft y la Federación Americana del Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) han anunciado una nueva asociación para debatir cómo la IA puede anticiparse a las necesidades de los trabajadores e incluir sus voces en su desarrollo e implementación. ¡Muy interesante!
Microsoft ha invertido miles de millones de dólares en OpenAI. Microsoft también tiene sus propias herramientas IA. Sin embargo, ha hecho acuerdos con varios sindicatos, como AFL-CIO, que representa a más de 12 millones de trabajadores de diferentes sectores.
AFL-CIO es una organización que defiende los derechos e intereses de los trabajadores, y que está preocupada por el impacto de la IA en sus puestos de trabajo. Por eso, quiere que los trabajadores tengan voz y voto en el desarrollo de la IA, y que se creen políticas públicas que apoyen sus habilidades y necesidades. AFL-CIO cree que la era de la IA puede ser una oportunidad para crear asociaciones productivas entre los trabajadores y la patronal, siempre que se respeten los principios de neutralidad, transparencia y responsabilidad.
¿Las big tech y los sindicatos? Pues la verdad es que esos dos no se la llevan muy bien. Las big tech no quieren que los sindicatos se metan en sus asuntos, porque dicen que les quitan flexibilidad, innovación y competitividad. Por eso, hacen todo lo posible por evitar que los trabajadores se sindicalicen, usando métodos como amenazarlos, engañarlos o influir en los políticos.
Los sindicatos, en cambio, quieren que los trabajadores tengan voz y voto en las decisiones que afectan a su trabajo, porque dicen que las big tech los explotan, los vigilan y los reemplazan. Por eso, hacen todo lo posible por organizarse, usando medios como informarse, movilizarse y negociar.
En los últimos años, sin embargo, los sindicatos han ganado terreno en el sector tecnológico. En 2021, se creó el primer sindicato de Google, y luego se siguieron otros en Amazon y Apple. Parece que los trabajadores están despertando y reclamando su lugar en la era digital.
Así que ya ves, la relación entre las big tech y los sindicatos es complicada y cambiante. ¿Quién ganará esta batalla?
Las personas que defienden el sistema de libre mercado, donde las empresas y los consumidores determinan los precios y las condiciones de los bienes y servicios, por lo general, no son amigas de los sindicatos. Claro que hay una gran diferencia de opiniones entre los sindicatos y sus críticos sobre el papel que deben tener los sindicatos en la economía y en la sociedad.
Muchos argumentan que los sindicatos interfieren en el funcionamiento del mercado libre, que aumentan los costos para las empresas, que reducen la competitividad, la innovación y el crecimiento económico, y que perjudican los intereses de los consumidores y de los negocios. Creen que los sindicatos tienen demasiado poder y que pueden usarlo para influir en la política, la legislación y la opinión pública.
Un ejemplo curioso de sindicato es el colegio de médicos. A pesar de que casi nadie lo considera un sindicato, el colegio de médicos es una entidad que agrupa a los profesionales de la medicina y que tiene como objetivos regular su actividad, garantizar su formación, proteger su salud, vigilar su ética y defender sus intereses. Algunos cuestionan la necesidad de que los médicos tengan una organización que controle su profesión y que pueda establecer normas, tarifas y condiciones que afecten a las empresas y a los pacientes.
¿Por qué? ¿Acaso no es por la protección de los pacientes? Bueno, cuando se prohíbe que algunas personas puedan ejercer la medicina (o cualquier otra profesión), se produce una situación artificial de escasez de trabajadores. Esto beneficia a los pocos que pueden ejercer, que cobran salarios más altos, pero perjudica al resto de la población, que tiene que pagar más por esos servicios. Así, lo que parece una organización profesional se convierte en realidad en una “conspiración” y un mecanismo de exclusión, que favorece a unos pocos a costa de muchos.
Claro que no todos tienen la misma opinión sobre los sindicatos, ni todos los sindicatos tienen la misma opinión sobre los patronos. Algunos patronos reconocen el valor de los sindicatos, y algunos sindicatos reconocen el valor del mercado libre. Sin embargo, lo que se necesita es llegar a un punto medio que favorezca a todos los bandos sin necesidad de peleas.
La IA nos podría quitar el trabajo, o hacernos trabajar peor. Por eso, los sindicatos han comenzado a activarse para defender a los trabajadores. ¿Cómo?
No dejar que la IA haga lo que quiera. Los sindicatos pueden participar en el diseño, la implementación y la evaluación de la IA en las empresas, para que se respeten los derechos, la dignidad y la seguridad de los trabajadores. Por ejemplo, que no nos espíe, que no nos discrimine, que no nos explote, que no nos sustituya…
Los sindicatos también pueden promover la negociación colectiva y el diálogo social, para establecer normas, criterios y garantías que regulen el uso de la IA en el trabajo, y para resolver posibles conflictos o reclamaciones. Por ejemplo, que haya transparencia, que haya responsabilidad, que haya participación, que haya justicia…
Además, los sindicatos pueden defender la protección social y la transición justa de los trabajadores, para que puedan acceder a prestaciones, servicios y apoyos en caso de desempleo, reducción de jornada, cambio de ocupación o de sector, etc. Por ejemplo, que haya renta básica, que haya recolocación, que haya orientación, que haya solidaridad…
Es decir, los sindicatos pueden colaborar con otros actores sociales, como gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil, etc., para impulsar políticas públicas y estrategias que promuevan el desarrollo sostenible, la inclusión social y la cohesión territorial, y que prevengan la desigualdad, la discriminación y la exclusión que puede generar la IA. Que haya regulación, que haya cooperación, que haya innovación, que haya democracia…
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