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Gustavo GodoyGustavo Godoy

Latam: ¿La próxima gran historia de crecimiento global?

Latinoamérica: la eterna promesa. ¿Están la IED y la digitalización finalmente alineadas para el despegue económico?

Latam: ¿La próxima gran historia de crecimiento global?
Opinión

Latinoamérica ha sido, durante generaciones, la región de la eterna promesa, el "continente del mañana" que, curiosamente, parece permanecer siempre en el futuro. Es una tierra de potencial innegable, vasta en recursos naturales, con una demografía joven y una creciente integración digital

Sin embargo, la historia reciente está plagada de obstáculos recurrentes: inestabilidad política, inflación crónica y un ciclo interminable de deuda que han frustrado repetidamente las esperanzas de un despegue económico sostenido.

Ahora, un nuevo coro de voces, encabezado por instituciones financieras de la talla de Goldman Sachs, sugiere que algo fundamental está cambiando. Este optimismo no se basa en deseos, sino en la confluencia de fuerzas económicas, demográficas y tecnológicas que podrían finalmente permitir a la región capitalizar su potencial latente.

El argumento central a favor de Latinoamérica como el próximo foco de expansión global se apoya en tres grandes pilares. El primero es el cambio en las cadenas de suministro mundiales, un fenómeno conocido como nearshoring. A medida que la tensión geopolítica crece y los costos laborales en Asia aumentan, las grandes corporaciones de Estados Unidos buscan reubicar la producción en países geográficamente cercanos, que compartan husos horarios y que ofrezcan ventajas logísticas. México se ha posicionado como el principal beneficiario de esta tendencia, registrando cifras récord de inversión extranjera directa, lo que está generando empleo, tecnificando la industria y fortaleciendo su moneda. Este efecto no es exclusivo de México; naciones en Centroamérica y el Caribe también están viendo un incremento en el interés de fabricantes y ensambladores que buscan asegurar la continuidad de sus operaciones. Este flujo de capital e inversión directa está inyectando una estabilidad a largo plazo que pocas veces se ha visto en la región.

El segundo pilar es el bono demográfico y la rápida adopción digital. Latinoamérica es una región joven, con una clase media en expansión y una población que utiliza las herramientas digitales con una velocidad sorprendente. La penetración de teléfonos inteligentes y el acceso a internet han transformado el consumo y el acceso a servicios financieros. Esta bancarización y digitalización de la economía facilita el crecimiento de fintechs y el surgimiento de nuevas empresas de tecnología a una escala que era impensable hace una década. Esta población joven y conectada no solo es una fuerza laboral adaptable, sino un mercado consumidor en crecimiento con hábitos modernos. Este capital humano es el verdadero motor interno que impulsa la demanda de servicios de mayor valor añadido.

Finalmente, el tercer pilar, a menudo subestimado, es la madurez de los mercados financieros y la cautela de los bancos centrales. Tras décadas de lidiar con la hiperinflación y las crisis de deuda, muchas naciones han adoptado políticas monetarias más prudentes. Bancos centrales, como el de Brasil, han actuado con una independencia y decisión notable para controlar la inflación, incluso antes que sus pares en economías avanzadas. Esto genera confianza en los inversores internacionales. A esta disciplina monetaria se añade la creciente adopción de activos digitales y la tecnología blockchain. En países con economías históricamente volátiles, como Argentina, Venezuela o Perú, las criptomonedas han dejado de ser un activo especulativo para convertirse en una alternativa económica esencial, una vía de escape contra la depreciación de la moneda local y un canal para remesas. El alto volumen de transacciones en la región demuestra que la población utiliza la tecnología para construir su propia estabilidad financiera, incluso donde el sistema tradicional falla. Este ecosistema digital, a pesar de sus desafíos regulatorios, está creando una infraestructura financiera paralela, más eficiente y resiliente.

La combinación de nearshoring que inyecta capital productivo, una población joven y digitalizada que impulsa el consumo, y una mayor prudencia monetaria que estabiliza los fundamentos, ha llevado a algunos analistas a pronosticar que la región no está entrando en una "década perdida", sino que podría estar gestando una "década de prosperidad". Si las economías avanzadas se enfrentan a un estancamiento demográfico y una desaceleración del crecimiento, Latinoamérica podría convertirse en el principal contribuyente neto al crecimiento del producto interno bruto global.

Sin embargo, sería ingenuo ignorar que la gran promesa de la región se enfrenta a obstáculos estructurales persistentes. La historia enseña que el potencial y la realidad económica son dos cosas muy diferentes en Latinoamérica. El optimismo sobre la inversión y la tecnología debe ser contrapesado con la realidad de la gobernanza.

El principal riesgo para la narrativa de crecimiento acelerado no reside en las tasas de interés de la Reserva Federal o en la dinámica de las cadenas de suministro globales, sino en la fragilidad institucional interna. Por muy atractivo que sea un país para la inversión extranjera directa debido a su geografía o a su demografía, el capital es inherentemente tímido y sensible al riesgo político. La tentación del populismo, la corrupción sistémica y los cambios abruptos en las reglas del juego —como las expropiaciones o las nacionalizaciones— son fantasmas que la región no ha logrado exorcizar por completo.

Un país puede tener una moneda fuerte y un flujo constante de inversión, pero si sus tribunales son lentos e ineficientes para resolver disputas, si la regulación cambia con cada ciclo electoral o si la infraestructura pública (puertos, carreteras y redes eléctricas) no se mantiene a la par con la demanda de las nuevas fábricas, ese capital extranjero buscará rápidamente un destino más seguro. La falta de seguridad jurídica y la dependencia de los commodities siguen siendo una espada de doble filo. 

Por lo tanto, el verdadero punto de inflexión para Latinoamérica no es económico ni tecnológico, sino político: solo cuando los países demuestren una estabilidad institucional a largo plazo, con reglas claras y predecibles que trasciendan los mandatos de los líderes individuales, la promesa del "continente del mañana" dejará de ser una simple aspiración para convertirse en una realidad económica sostenida.

A lo largo de la historia, la región ha sido definida por un potencial siempre futuro, una promesa de prosperidad constantemente aplazada por la inestabilidad. ¿Podría ser esta vez diferente? Expertos como Goldman Sachs están señalando una convergencia inédita de factores: el masivo traslado de cadenas de suministro globales, una demografía joven adoptando la digitalización a gran escala, y una disciplina monetaria incipiente. Nos encontramos en un momento decisivo: las fuerzas externas e internas están alineadas. ¿Serán estos pilares lo suficientemente robustos para superar los obstáculos políticos y la fragilidad institucional que han frenado el despegue? Es el momento de examinar si, finalmente, el "continente del mañana" está listo para su hora estelar en la economía global.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.