La Fed, en su rol de banquero central, utiliza las tasas de interés como su principal herramienta para controlar la inflación y fomentar el empleo. Un aumento en las tasas busca enfriar la economía, encareciendo el crédito y desincentivando el gasto y la inversión.
Por el contrario, un recorte de tasas tiene el efecto opuesto: abarata el dinero, estimula la inversión y el consumo, y busca impulsar el crecimiento económico. Durante un período reciente, la Fed adoptó una postura agresiva, elevando las tasas para combatir una inflación persistente. Ahora, tras haber realizado un primer recorte, el mercado se encuentra en un estado de suspenso expectante, anticipando el momento en que la Fed considere que su misión ha sido cumplida y comience un ciclo de flexibilización monetaria.
Este poder de las expectativas es un fenómeno fascinante y a menudo subestimado. Los mercados financieros no reaccionan solo a los hechos consumados, sino que son maquinarias predictivas que incorporan la información disponible para descontar el futuro. Por lo tanto, el anuncio de una decisión de la Fed, ya sea un aumento o un recorte de tasas, suele tener un impacto menor de lo que se podría esperar, porque los mercados ya han ajustado sus precios con base en lo que se anticipaba. El verdadero poder reside en los discursos, las proyecciones y las pistas sutiles que la Fed ofrece sobre su futuro. Los mercados se mueven con cada palabra del presidente de la Fed, con cada punto en un gráfico de proyecciones económicas. Esta danza de la anticipación es lo que realmente moldea el comportamiento de los inversores.
El impacto en los mercados globales es inmediato y multifacético. Un giro anticipado hacia el alivio, es decir, un futuro de tasas más bajas, suele ser percibido como una buena noticia para los activos de riesgo. Los mercados de valores, desde Wall Street hasta Tokio, a menudo experimentan un repunte. La razón es sencilla: las empresas pueden financiarse a un costo menor, lo que mejora sus perspectivas de crecimiento y rentabilidad. Los inversores, buscando mayores rendimientos que los que ofrecen los bonos de bajo riesgo, dirigen su capital hacia las acciones. Este optimismo puede extenderse a otros activos, como los bienes raíces y las materias primas, alimentando un ciclo de inversión y crecimiento.
En el mercado de divisas, las expectativas de la política de la Fed son un factor crucial para el dólar estadounidense. Durante el periodo de tasas al alza, el dólar se fortaleció, ya que ofrecía a los inversores un atractivo rendimiento. El capital extranjero fluyó hacia activos denominados en dólares, fortaleciendo la moneda. Si la expectativa de recortes de tasas se consolida, el atractivo del dólar como moneda de reserva con alto rendimiento disminuye. El resultado es a menudo una depreciación del dólar frente a otras monedas principales. Esta devaluación no es necesariamente negativa para la economía estadounidense, ya que hace que sus exportaciones sean más competitivas. Sin embargo, para los países que tienen una deuda significativa en dólares, la depreciación de la moneda estadounidense puede ser un alivio, reduciendo la carga de sus obligaciones.
La economía mundial no es inmune a estos efectos. Las decisiones de la Fed tienen una influencia desproporcionada sobre las economías emergentes. Un dólar fuerte y un alto costo de endeudamiento pueden generar una presión significativa sobre estos países. A medida que el capital se mueve hacia Estados Unidos en busca de mayores rendimientos, las monedas de las economías emergentes pueden debilitarse, lo que a su vez encarece sus importaciones y agrava la inflación local. Si la Fed comienza a dar señales claras de que el ciclo de alzas de tasas ha terminado, se produce el efecto inverso. El capital puede fluir de regreso a los mercados emergentes en busca de mayores retornos, aliviando la presión sobre sus monedas y facilitando el acceso al crédito. Este flujo de capital, impulsado por las expectativas, puede ser un salvavidas para muchas economías en desarrollo.
El debate sobre el futuro de la política de la Fed y el posible alivio no se limita a las tasas de interés. La gestión de la liquidez a través de programas de compra de bonos también juega un papel crucial. La Fed ha reducido su balance en un esfuerzo por endurecer las condiciones financieras. Sin embargo, la expectativa de que este "endurecimiento cuantitativo" podría desacelerarse o incluso revertirse en el futuro, alimenta la esperanza de que habrá más liquidez en el sistema financiero. Esto podría tener un efecto expansivo, ya que un suministro más abundante de dinero tiende a inflar los precios de los activos. Los mercados, siempre anticipándose, ya están valorando en sus precios la posibilidad de un futuro más flexible en este sentido.
La Fed, consciente de su influencia, camina en una cuerda floja. Cada comunicado, cada discurso, está cuidadosamente calibrado para manejar las expectativas del mercado. Un paso en falso, una palabra mal interpretada, podría desencadenar una reacción en cadena. El objetivo es guiar al mercado hacia una comprensión gradual de su trayectoria futura, evitando sobresaltos que podrían desestabilizar la economía. Este delicado equilibrio entre la comunicación y la acción es lo que otorga a la Fed un poder inmenso sobre las finanzas globales. La anticipación de un giro es, en sí misma, una fuerza que moldea la realidad económica, demostrando que en el mundo financiero, lo que se cree que va a pasar es a menudo tan importante como lo que realmente sucede.
El poder de las expectativas en torno a posibles recortes futuros de tasas de interés por parte de la Fed es innegable. Influye en los mercados, el dólar y la economía mundial. Sin embargo, es necesario considerar que la creencia en la omnipotencia de la Fed para controlar los ciclos económicos es en sí misma una expectativa que podría estar sobrevalorada.
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La realidad es que la economía global es un sistema masivamente complejo, influenciado por una multiplicidad de factores que van más allá de la política de un banco central. Los choques geopolíticos, la innovación tecnológica, los cambios demográficos y las decisiones de política fiscal de los gobiernos son fuerzas poderosas que pueden anular o mitigar el efecto de las decisiones de la Fed.
La dependencia de la economía mundial de la salud económica de China, la volatilidad de los precios de la energía y las tensiones comerciales entre las principales potencias son variables que la Fed no puede controlar. Es posible que los mercados estén proyectando un futuro de alivio basado en la premisa de que la Fed puede, por sí sola, orquestar una recuperación sin sobresaltos, ignorando el hecho de que su poder es, en última instancia, limitado frente a las fuerzas macroeconómicas más amplias y a menudo impredecibles.
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