5 Barreras para la adopción de Bitcoin y otras criptomonedas en Latinoamérica

Latinoamérica tiene un gran interés en Bitcoin y las criptomonedas en general. Sin embargo, hoy día, la región se encuentra bastante lejos de ver estos instrumentos como herramienta para el uso cotidiano. A pesar de que tienen un gran potencial, los latinoamericanos interesados en esta tecnología aún tienen varios importantes desafíos que afrontar antes de que la adopción sea una realidad.

En este artículo enumeraré las que considero son las principales barreras para la adopción de Bitcoin y otras criptomonedas en Latinoamérica, no sin dejar en claro antes una cosa: existe en la región una serie de características únicas, así como una comunidad sumamente ávida de conocimiento y oportunidades, por lo que la perspectiva, al menos en el corto y mediano plazo, invita al optimismo para quienes apostamos por la difusión de esta tecnología. 

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Lo que sigue es simplemente un catálogo con algunos de los escollos que deberán salvarse en este camino, para conseguir que la comunidad latinoamericana de entusiastas de las criptomonedas logre desarrollarse hasta su máximo potencial.

Carencias en cuanto a educación, la falta de encuentro de las comunidades, las dificultades en cuanto a la adopción de nuevas tecnologías son algunos de los principales problemas para que este continente se convierta en una conjunción de países pro-bitcoin y que utilicen las criptomonedas como un instrumento para su evolución y crecimiento.

Educación

El desconocimiento es un tema común. Recordemos que hablamos de una tecnología novedosa, con un funcionamiento técnico complejo y que requiere atención y formación para comprender. A pesar de que hay varios influencers y emprendedores de renombre en el ecosistema latinoamericano, aún se trata de una élite de pioneros. Además, entre los entusiastas con mayor visibilidad aún hay un desconocimiento técnico importante. En muchos casos el márketing y el interés por concretar proyectos que rindan réditos económicos personales pesa más que informar sobre Bitcoin y sus potencialidades positivas para el devenir del continente.

Entre las autoridades el panorama de desconocimiento es desconcertante. A pesar de que en Estados Unidos y otros países de referencia se empieza a hablar con mayor propiedad y frecuencia sobre Bitcoin, los gobiernos de la región aún se muestran poco interesados o completamente en contra de estas herramientas. El financiamiento del delito y el terrorismo y el lavado de dinero son argumentos típicos de los decisores latinoamericanos para desconocer las potencialidades de Bitcoin y las criptomonedas.

Además, los usuarios, quienes están llamados a utilizar la tecnología y a darle una nueva dimensión a partir de su uso, también tienen grandes carencias de conocimiento. A pesar de que hay interés y se realizan encuentros, la mayoría de las personas no están interesadas en Bitcoin o temen involucrarse. El halo delictivo también se cierne sobre los potenciales usuarios latinoamericanos, lo que sumados a las exigencias técnicas para entender el funcionamiento de Bitcoin lleva a que algunos pierdan el interés o ni siquiera se preocupen por averiguar de qué se trata.

Por si fuera poco, los comerciantes, que podrían empezar a utilizar estas herramientas como una nueva opción de pago, tampoco tienen conocimiento suficiente. Algunos proyectos criptográficos o servicios asociados al ecosistema han intentado activar a los comerciantes, pero más allá de “aceptar criptomonedas” (aún sin entender bien cómo), la respuesta no ha sido especialmente prolija y activa. Cabe decir que no todos los países cuentan con la infraestructura necesaria y que aquellos que sí tienen estas condiciones aún tendrían que potencial las áreas rurales y no urbanas para que Bitcoin pueda desarrollar todo su potencial, incluso con los más necesitados.

Comunidad

Este es uno de los puntos más controversiales. Como he dicho antes, las criptomonedas tienen un gran potencial de adopción en medio de la realidad latinoamericana. Sin embargo, los principales promotores de esta tecnología en los países de la región no han sido maximalistas de Bitcoin, ni evangelistas de esta red como una posible solución al monopolio de la gestión del valor por parte de gobiernos y bancos. Las potencialidades económicas que solo Bitcoin ofrece han sido dejadas de lado y este vacío ha sido capitalizado por embajadores y abanderados de altcoins.

En este caso, se capta capital de las organizaciones y fundaciones centrales detrás de la gestión de algunos proyectos para recibir financiamiento por realizar eventos o lograr que comerciantes acepten esta criptomoneda como medio de pago. Sin embargo, se pueden grabar 100 videos sobre pagos realizados utilizando una altcoin (que financia tanto la grabación como las condiciones ideales bajo las que se realiza) pero concluir que esos 100 videos de pagos realizados con la altcoin demuestra que es la de mayor utilización es una falacia y sostiene una narrativa errónea.

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Una realidad devastadora es que las comunidades locales que se forman en torno a estos proyectos prefieren recibir financiamiento por hablar bien sobre determinada altcoin (con pocas posibilidades de convertirse en una solución económica para un país) que educar sobre el uso de Bitcoin y sus potencialidades como resguardo de valor, medio de intercambio y unidad de cuenta, es decir, como buen dinero.

Hasta que el perfil institucional-empresarial-publicitario de las comunidades de entusiastas no cambie seguiremos reuniéndonos, alegrandonos por vernos, pero sin generar verdadero valor para nuestros países. Los eventos y los viajes son necesarios, pero también lo es crear comunidades fuertes y críticas, que puedan ir más allá del financiamiento, que tengan capacidad para discernir entre una opción verdaderamente útil para la economía, la política, y el posicionamiento global de nuestros países y un proyecto que puede hacerles ganar dinero de manera individual y a corto plazo, pero que tendrá cero impacto positivo en la sociedad de estos países.
 

Tecnología e innovación

A pesar de que Bitcoin ya cuenta más de 10 años de existencia, se trata de una tecnología aún nueva, en desarrollo. El miedo a la innovación y la resistencia al cambio son dos realidades de las que no ha podido escapar, especialmente en Latinoamérica.

Si bien contamos con varios desarrolladores de gran nivel y que algunas universidades e instituciones de educación formal están ampliando las ofertas académicas en el área, el empuje de esta tecnología aún no es suficiente. De hecho, la blockchain como solución a todo ha cobrado más fuerza que su utilización real, ni hablar del interés que ha generado entre banqueros y gobiernos para frenar o tomar para sí el impulso ganado por Bitcoin.

De acuerdo con un informe de consultora GSM Association presentado en 2017, en Latinoamérica, el 70% de la población cuenta con un teléfono celular y se espera que la cifra llegue al 78%. No obstante, 45% de estos usuarios tiene conexiones 3G y casi 40% cuenta solo 2G. Apenas el 16% tiene conexión 4G, por debajo del total de penetración de 4G a nivel mundial, ubicado en 23%.

La proyección es positiva, pues se espera que para 2020 las conexiones 4G alcancen el 38% del total. Además, 60% de las conexiones a Internet provienen de teléfonos inteligentes. Como vemos, existe una infraestructura pero aún no se ha desarrollado completamente para aprovechar todas las potencialidades de Bitcoin y otras criptomonedas.

Y si esto no es suficiente, aún quedan los problemas en cuanto a la penetración tecnológica en la región. Latinoamérica es un continente de naciones en desarrollo y, a excepción de Brasil, con un crecimiento consolidado y una importancia global significativa, y Venezuela, con un cuadro de hiperinflación e inestabilidad socio-política, las economías del resto de los países se mueven con lentitud. La inversión para alcanzar la digitalización de la economía de la región como bloque puede tardar, reduciendo la exposición de los latinoamericanos a estas nuevas tecnologías como una política pública.

Lucha de poderes

Bitcoin nació para desintermediar la emisión de dinero, para que los usuarios decidan cómo y a quién enviar sus fondos sin que una autoridad central pueda vetar esta decisión. Sin embargo, este objetivo tiene sus consecuencias, y Bitcoin, sus usuarios y sus principales propulsores han sido objeto de ataques de gobiernos y bancos, quienes son los que controlan el monopolio de la emisión del dinero y, en general de la gestión y reparto del valor y la riqueza de los países.

Bitcoin es una amenaza y estos actores han reaccionado en consecuencia, denunciando desde el prejuicio y el miedo, el flagelo a la “confianza” y la “tradición” que significa el advenimiento de Bitcoin a la palestra pública. Casas de cambio en Chile y Colombia han sido testigos de cómo puede volverse una lucha insostenible. La banca tiene un poder significativo en la mayoría de los países de la región y, al sentir que su papel dentro de la economía de las naciones está en entredicho, responde con fiereza. 

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También puede tratarse de una reacción no necesariamente de enemistad y prejuicio, sino una que busca proteger (hasta las últimas consecuencias) un nicho de trabajo tradicional, ya que la intermediación financiera existe desde los albores de la humanidad. Bitcoin y las criptomonedas son una puerta para la autonomía financiera de los usuarios, lo que para la banca significaría perder territorio y, en breve, quedar en un extraño limbo, con la imposibilidad de lograr el objetivo de su existencia.

Facebook, la Reserva Federal de Estados Unidos, China, todos quieren crear su propio Bitcoin. A pesar de que solo en Venezuela se ha empezado este camino, el resto de los países comparten una posición conservadora y de predisposición con respecto a las criptomonedas. La “tecnología blockchain”, nombre con el que se ha comercializado el servidor de marcas de tiempo y el mecanismo de consenso para el resguardo de los registro de Bitcoin, si se ha visto como algo positivo, e incluso Iván Duque, quien recientemente cumplió un año frente al gobierno de Colombia, aseguró que utilizaría esta tecnología para añadir transparencia a su gobierno.

A los poderosos de la región les gusta Bitcoin pero no lo saben. Utilizan para sí el nombre la tecnología de moda. La tecnología y su implementación funcionan como slogan de campaña, a pesar de lo que elogian y celebran es una forma de contabilidad que, sin los incentivos y participantes necesarios, puede ser un fiasco costoso.

 

Volatilidad y riesgo

Un elemento que aún refrena el crecimiento de Latinoamérica como una región de criptomonedas es la volatilidad. Los mercados de los países del continente aún están acostumbrados a los movimientos de la bolsa tradicional y a los instrumentos financieros manejados en el mercado internacional tradicional. Bonos, acciones, toda inversión es mejor que Bitcoin a los ojos de quienes podrían influir en una adopción más veloz, es decir los inversionistas institucionales que gestionan capital privado, aún muy atados a la bolsa tradicional.

A pesar de que a nivel global comienza a posicionarse la posibilidad de que Bitcoin se convierta en un activo de resguardo ante los conflictos comerciales entre China y Estados Unidos, la reciente caída del peso argentino demostró que en la región no se considera de la misma manera. En el caso de Venezuela, a pesar de que en julio se registró el récord en bolívares de intercambio de bitcoins, esto se debe a que la moneda local del país suramericano se ha seguido depreciando contra el dólar estadounidense, causando que cada satoshi tuviera un precio mayor con respecto a junio.

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Muchos latinoamericanos aún ven con temor la volatilidad de Bitcoin, especialmente porque sus propiedades como resguardo de valor solo destacan en contextos económicos sumamente escabrosos, donde la moneda se deprecia constantemente. En economías en donde la moneda local aún tiene estabilidad, perder de la noche a la mañana 15% de nuestros ahorros no tiene sentido. Esto, aunado al hecho de que muchas veces las comisiones de la red se encarecen y generan mayores gastos de los que se manejan cuando los precios están bajos o no hay tanto flujo de transacciones en la red, generan desconfianza en Bitcoin y su utilidad.

La resistencia a la censura y la irreversabilidad de las transacciones resultan demasiado caras, especialmente porque no se valoran estas características de manera adecuada, prefiriendo celeridad a seguridad.

Cabe reseñar que esta tecnología también ha servido para la proliferación de estafas, lo que genera mayor aprehensión a la hora de dar el salto al ecosistema. Onecoin y otros proyectos similares han aprovechado las carencias de los usuarios interesados en invertir por primera vez para captarlos para su propia organización.

Bitcoin y las criptomonedas pueden convertirse en un importante bastión y ya hemos esbozado razones por las que esta tecnología puede alcanzar un enorme calado en Latinoamérica. Sin embargo, este artículo es un llamado de atención para todos los miembros de la comunidad: tenemos tarea por hacer y varios desafíos que completar.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no representan necesariamente las opiniones de Cointelegraph.com