En el debate público suele hablarse de bitcoin (BTC) como activo financiero o reserva de valor. Menos atención recibe su impacto cuando ese capital cruza la frontera digital y se materializa en ladrillos, empleos y desarrollo territorial. Sin embargo, los datos empiezan a dibujar una tendencia clara: los bitcoiners están aumentando su apuesta por los inmuebles en El Salvador.
Un caso ilustrativo es el de BAMBU, desarrolladora regional que recientemente inauguró Barefoot Surf & Sand y Zonset Surf Residences en Surf City I, en La Libertad Costa. Según su director fundador, Ernesto Fernández, alrededor del 40% de los compradores de estos proyectos corresponde a inversionistas o turistas que se han trasladado al país impulsados por BTC y el ecosistema cripto. No es un porcentaje menor en un mercado históricamente dominado por la demanda local y regional tradicional.
La lectura va más allá del dato. Ese 40% revela un perfil de comprador distinto: personas que, tras acumular capital en BTC o criptoactivos, buscan activos reales en jurisdicciones que les ofrezcan estabilidad, seguridad jurídica y calidad de vida. Fernández lo expresó sin rodeos en una conversación reciente que tuvimos al describir el momento que vive el país: “Todo cambió, estamos viviendo una nueva realidad, un nuevo sueño. Vivimos con seguridad absoluta en el país y ha realizado mucha inversión”.
La seguridad, un factor que durante años limitó el desarrollo inmobiliario costero, aparece hoy como uno de los principales catalizadores. En zonas bajo la influencia de la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador (Opamss), Surf City I se consolida como un polo atractivo para la inversión privada, donde el turismo, el surf y la vivienda de alto estándar convergen. Barefoot Surf & Sand, con apartamentos en primera línea de playa, y Zonset Surf Residences, con 47 unidades distribuidas en tres torres, no sólo responden a una lógica estética, sino a una estrategia de rentabilidad orientada a rentas de corta estancia vía Airbnb o Vrbo.
Pero el apetito inmobiliario de los bitcoiners no se explica sólo desde la oferta de proyectos. Del lado financiero, firmas especializadas están jugando un rol clave para convertir activos digitales en capital operativo dentro del sistema local. Ahí entra Satstreet, una firma canadiense enfocada en transacciones de alto volumen con BTC y stablecoins.
George McBride, director de ventas globales y gerente general de Satstreet El Salvador, aseguró en otra conversación que la empresa ha movilizado millones de dólares hacia el país mediante operaciones de inversionistas extranjeros que utilizan monedas digitales para adquirir propiedades o invertir en proyectos locales. Aunque no divulgó cifras exactas, subrayó que “es un número que está creciendo exponencialmente”. Las operaciones que manejan no son marginales: van desde USD 50.000 hasta USD 100 millones, con miles de millones procesados a nivel global y cientos de millones bajo custodia.
El Salvador aparece en ese mapa por una combinación poco común en la región: reglas claras para los activos digitales y capacidad de convertir criptoactivos en dólares sin fricciones. Satstreet está registrada como Proveedor de Servicios de Activos Digitales ante la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD), un punto que McBride consideró decisivo. “La regulación aquí es estricta. No dejan entrar a cualquiera”, afirmó, y añadió que ese rigor envía una señal de seriedad al capital internacional.
La consecuencia práctica es directa: bitcoiners con grandes posiciones pueden convertir BTC o stablecoins en USD y depositarlos en bancos salvadoreños generalmente en un día. “Estamos abriendo una vía real para que el capital exterior entre al país de forma segura, rápida y totalmente regulada”, sostuvo McBride. En un mercado inmobiliario, esa velocidad y certeza importan.
Desde una perspectiva de opinión, el fenómeno merece atención estratégica. La llegada de bitcoiners al mercado inmobiliario no sólo eleva la demanda; también introduce nuevos estándares, exige transparencia y acelera la profesionalización del sector. Además, posiciona al país como un laboratorio donde el capital digital se integra con la economía real.
El riesgo, como siempre, está en la ejecución: planificación urbana, acceso equilibrado y sostenibilidad. Pero la señal es clara. Cuando un 40% de compradores en proyectos de playa proviene del ecosistema bitcoin y firmas globales facilitan flujos de USD de seis y siete cifras, no se trata de una anécdota. Es una apuesta creciente que está redefiniendo el mapa inmobiliario de El Salvador.
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