Las cosas no están muy bien en España. La Madre Patria está en el hoyo. Y ahora resulta ser que la crisis será peor de lo esperado. La pandemia nos afectó a todos, pero España ha sido particularmente golpeada. No solo en términos de muertos y contagiados. Las medidas que se tomaron debido al coronavirus perjudicaron principalmente a sectores especialmente importantes para su economía. Es decir, el coronavirus fue una daga justo en el corazón económico de España. Me refiero por supuesto a la joya de la corona de la economía de España: El turismo. El sector Horeca. Hotelería, Restauración y Cafetería. La industria del ocio. Este motor se apagó por más 100 días. Pero no es lo mismo prender un motor que apagarlo. ¿Qué está pasando en España? 

Estos últimos meses parecen sacados de una novela de ciencia ficción. Ni los escritores más osados imaginaron que salvaríamos al mundo en pijamas. Nadie pensó que el apocalipsis no sería como Mad Max, sino que sería más bien un concurso de talentos por Internet. Después de un periodo de negación, llegó el confinamiento. Y con él, llegó un periodo de sentimentalismo. Aplausos por las noches. Conciertos en los balcones. Cursos en líneas. Y todos tenían una resolución de cuarentena. De la noche a la mañana, todos tenían un plan de mejoramiento personal. No todos logramos bajar de peso. Y no todos los libros se logran leer por completo. Pero las series de Netflix sí fueron devoradas en intensos maratones. Más allá de las teorías de conspiración que circularon para manchar la paz, en el encierro la cultura y la creatividad florecieron.  

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Claro que luego de ese periodo de inocencia ya la situación se estaba volviendo mucho con demasiado. Se puede vivir así por un tiempo, pero no por mucho tiempo. He ahí el dilema. ¿Contagios o pobreza? La economía no se puede parar. Y eso no es por una supuesta crueldad del sistema capitalista que nos obliga a correr como ratón enjaulado. Me refiero a algo mucho más elemental, antiguo y universal. Si no se trabaja, no se come. 

El freno de la actividad económica hizo caer el consumo. La reducción del gasto conlleva a una caída en los ingresos. Y una caída de los ingresos implica deflación, pérdidas, y despidos. Las cosas valen menos, las compañías están perdiendo dinero y el desempleo llega a los hogares. El consumo sigue cayendo, como una bola de nieve infernal. Parar la máquina es más fácil que volverla a prender. Muchos estiman que para volver a la situación economía que se vivía antes del coronavirus se requieren por lo menos dos años. 

¿Fue peor el remedio que la enfermedad? En retrospectiva, se podría decir que se cometieron errores. La pandemia tomó al mundo por sorpresa y debemos admitir que no estábamos preparados. De pronto, se exageró con las medidas. Claro que no es momento de entrar en reproches. En la improvisación, se siguieron las recomendaciones. Se trató de hacer lo mejor. Pero ahora algunos están sospechando que las cosas no se manejaron de manera ideal. 

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Ahora bien, esto es relevante porque eso podría estar diciéndonos que, pese a los nuevos brotes, es probable que no se llame a un segundo confinamiento. ¿Cuál podría ser el plan? Cuarentena estricta para los contagiados, uso obligatorio de la mascarilla, más pruebas, capacidad hospitalaria, distanciamiento social, atención especial para los ancianos y búsqueda desesperada de la vacuna. Pero con una economía abierta. Entre hacer nada y hacer todo, este es un elegante punto medio. 

Se estima que la economía española este año se contraerá en un 10% o más. Los más pesimistas están hablando de un descenso del Producto Interno Bruto (PIB) del 15%. Claro que aquí lo más alarmante es el déficit y la deuda. El Gobierno ya no puede más. Demasiados gastos y muy pocas entradas. Los libros del Gobierno no están muy bien. Se espera un endeudamiento del 120% del PIB y un déficit del 12,5% del PIB. Y esto es problemático porque el paro laboral estimado para este año es del 20% (+/-). ¿De dónde saldrá el dinero de la muy necesaria asistencia? 

El Banco de España se ha pronunciado y ha recomendado subir el IVA y disminuir el gasto. En otras palabras, la dolorosa solución austriaca de ajustarse el cinturón. Una solución que no deja de ser un problema cuando el cuerpo ya no tiene carne y es puro hueso. Recomendar dieta al desnutrido causa más indignación que reflexión. España necesita desesperadamente la ayuda de Bruselas. El problema es que no es fácil lograr que Bruselas tome decisiones con la velocidad que se requiere. Especialmente, con los austeros hablando de condiciones y controles. 

Muchos organismos reajustaron sus estimaciones para peor debido los nuevos datos. Ahora resulta ser que los datos favorables de mayo fueron producto de la descompresión después del confinamiento, pero los nuevos datos nos revelan un panorama más sombrío del esperado. Los sectores que más dependen del exterior son los más afectados. La construcción está por el suelo. Con la interrupción de las cadenas de distribución, este sector fue uno de los primeros en desplomarse. 

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Y, bueno, ya hablamos un poco del turismo. En el 2019, entraron a España 84 millones de turistas extranjeros, colocando al país como el segundo país más visitado después de Francia. El turismo en España es gigante. Representa 12% del PIB y genera más de 2,6 millones de empleo directos. Obvio que un golpe al turismo es un golpe a España. ¿Visitarán España este verano, los ingleses, rusos y alemanas?

Claro que esta crisis no está afectando a todos por igual. La agricultura y la industria están salvando al barco. Y también se podría asumir que la economía digital y el teletrabajo han salido mejor parados que sus compañeros en la industria del ocio. El país se está viendo en la obligación de reestructurar su economía y tomar un camino más autárquico.  

Ahora bien, las estimaciones se han reajustado y ahora son un poco más pesimistas que hace unas semanas. La situación es delicada porque el Gobierno se está quedando sin opciones y no podemos olvidar que el virus todavía no se ha ido. Entonces, la nueva normalidad está comenzando con un ala rota y a media marcha. Llegó el verano y, para un país acostumbrado a percibir dinero en los feriados y las temporadas, no será fácil. Esto, al parecer, será para largo. Y para colmo de males el destino de España ahora está manos de la burocracia europea. Sin embargo, España es un pueblo fuerte que ha pasado con muchas cosas y seguro que podría con esto. España puede con este toro bravo.