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Gustavo Godoy
Escrito por Gustavo Godoy,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

LatAm: ¿Por qué la "gente común" adopta cripto?

Cómo la inestabilidad económica y la exclusión bancaria impulsan el uso de criptoactivos.

LatAm: ¿Por qué la "gente común" adopta cripto?
Opinión

La dinámica financiera de América Latina presenta matices que la distinguen de manera tajante respecto a las economías desarrolladas del hemisferio norte. Mientras que en jurisdicciones con monedas estables y sistemas bancarios profundos el uso de activos digitales suele asociarse a la diversificación de portafolios o a la búsqueda de rendimientos elevados, en el contexto latinoamericano la narrativa es esencialmente pragmática. Aquí, la adopción de criptoactivos no responde principalmente a un deseo de innovación tecnológica, sino a una necesidad urgente de mitigar los efectos de una realidad económica que muchas veces se presenta adversa para el ciudadano promedio.

Históricamente, la región ha lidiado con ciclos de inestabilidad macroeconómica que han erosionado la confianza en las instituciones locales. La inflación persistente y la devaluación de las monedas nacionales han transformado la gestión del patrimonio personal en una tarea de defensa constante. En este escenario, el ciudadano común se ve obligado a buscar alternativas fuera del sistema tradicional para preservar el poder adquisitivo de sus ingresos. El dólar estadounidense ha cumplido tradicionalmente esta función de refugio, pero el acceso a divisas extranjeras suele estar restringido por regulaciones severas, controles de cambio o una burocracia que excluye a quienes no forman parte de la élite financiera.

La emergencia de las empresas tecnológicas de finanzas (FinTech) y los activos digitales ha proporcionado una vía de escape técnica a problemas que la política económica no ha logrado resolver. La infraestructura que ofrecen las cadenas de bloques permite una forma de interacción financiera que es ajena a las decisiones de los bancos centrales locales. Para un trabajador que recibe su salario en una moneda que pierde valor de forma semanal, la posibilidad de convertir sus ingresos en activos digitales vinculados al valor del dólar representa una herramienta de estabilidad inmediata. Esta práctica se ha extendido no como una actividad marginal, sino como un comportamiento económico racional para sobrevivir al entorno.

El acceso limitado a los servicios bancarios tradicionales es otro factor determinante en esta adopción masiva. Una gran parte de la población latinoamericana carece de cuentas de ahorro o tarjetas de crédito, ya sea por los altos requisitos exigidos por las entidades bancarias o por la falta de infraestructura física en zonas alejadas de los centros urbanos. Los activos digitales, al requerir únicamente un dispositivo móvil con conexión a internet, eliminan las barreras de entrada geográficas y administrativas. Esto ha permitido que sectores históricamente desatendidos puedan participar en una economía globalizada, realizando transacciones que antes les estaban vedadas.

La comparación con otras regiones del mundo permite subrayar esta singularidad. En mercados como el europeo o el norteamericano, la infraestructura financiera es robusta y confiable para la mayoría de sus habitantes. En esos lugares, el interés por los activos digitales suele estar impulsado por la curiosidad técnica, el desarrollo de nuevos productos financieros regulados o la búsqueda de ganancias de capital. Sin embargo, para el latinoamericano, la fluctuación del precio de ciertos activos es a menudo un riesgo aceptable frente a la certeza de la pérdida de valor de su moneda local. La distinción entre inversión y herramienta de supervivencia es fundamental para entender por qué la base de usuarios en la región es tan diversa y resiliente.

Es importante notar que esta adopción se ha dado de manera orgánica, muchas veces adelantándose a los marcos legales específicos. El ciudadano ha encontrado en la descentralización una forma de previsibilidad que sus propios gobiernos no siempre pueden garantizar. Al operar bajo reglas de juego escritas en código, que son constantes y universales, se genera una sensación de seguridad técnica que contrasta con la discrecionalidad de las políticas fiscales y monetarias cambiantes. El fenómeno de las denominadas criptomonedas estables es el ejemplo más claro de esta tendencia, ya que ofrecen la paridad con el dólar sin las complicaciones logísticas de manejar efectivo o lidiar con las trabas del mercado bancario oficial.

Esta transformación digital también ha propiciado un cambio en la cultura financiera de la región. El conocimiento técnico que antes estaba reservado a especialistas ahora es manejado por comerciantes, trabajadores independientes y familias que buscan proteger su patrimonio. La educación financiera en América Latina está siendo impulsada por la necesidad práctica, lo que ha generado una comunidad de usuarios con un nivel de comprensión operativa muy alto. Este conocimiento no se utiliza para el comercio de alta frecuencia en la mayoría de los casos, sino para garantizar que el ahorro de una vida no se disuelva ante una crisis bancaria o un giro inesperado en la gestión estatal.

La fragmentación de la región, con sus múltiples fronteras comerciales y regulatorias, se ve compensada por la naturaleza global de los activos digitales. Un emprendedor en una economía pequeña puede acceder a mercados internacionales y recibir pagos de manera eficiente, superando las limitaciones impuestas por un sistema bancario local que a menudo es lento y costoso para las operaciones externas. La tecnología actúa así como un puente que conecta a individuos con oportunidades económicas globales, independientemente de la situación política o monetaria de su país de residencia.

Sin embargo, para mantener un análisis equilibrado, es necesario considerar un factor que suele omitirse en las narrativas de éxito tecnológico. Aunque la adopción de activos digitales se presenta como una solución frente a la exclusión bancaria y la inflación, esta dependencia genera una nueva forma de vulnerabilidad. Al trasladar la actividad financiera a redes descentralizadas, el ciudadano común asume la responsabilidad absoluta de la custodia y seguridad de su patrimonio. En el sistema tradicional, a pesar de sus ineficiencias, existen mecanismos de protección al consumidor, seguros de depósito y la posibilidad de reclamar ante errores administrativos.

En el entorno digital, la pérdida de una clave privada o un error en la dirección de una transferencia puede resultar en la pérdida definitiva de los fondos, sin que exista una autoridad central a la cual acudir para solicitar una reversión. Esta transferencia total del riesgo hacia el individuo plantea una paradoja. Aquellos que buscan protegerse del caos institucional terminan exponiéndose a un entorno donde la seguridad depende exclusivamente de su propia pericia técnica. Así, la herramienta que promete autonomía financiera también impone una carga de responsabilidad que el usuario promedio podría no estar preparado para gestionar a largo plazo, creando una nueva brecha entre quienes poseen la capacidad técnica para protegerse y quienes quedan expuestos a fallos sistémicos en un mercado que carece de redes de seguridad social tradicionales.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.


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