Muchas veces escuchamos que el dinero es la raíz de todos los males. Que el dinero corrompe, que el dinero es sucio, que el dinero no da la felicidad. Pero, ¿es realmente así? ¿Es el dinero tan malo como lo pintan? ¿O es solo una excusa para no enfrentar nuestros propios problemas?
En este artículo, quiero reflexionar sobre el papel del dinero en nuestra sociedad y en nuestra vida personal. Quiero cuestionar las narrativas dominantes y alternativas que se han construido alrededor del dinero y proponer una visión más equilibrada y realista.
Según las narrativas dominantes, el dinero se relaciona con el éxito, la competencia, la libertad y el individualismo. El sentido de la justicia se basa en que el trabajo duro te hace merecer el triunfo personal. Por el contrario, la narrativa alternativa propone la consideración a los demás y la construcción de una sociedad más igualitaria. El sentido de la justicia aquí se fundamenta en la solidaridad, la equidad y la sostenibilidad.
Los primeros ven a los segundos como perezosos que quieren los beneficios del trabajo duro sin esforzarse. Y los segundos ven a los primeros como codiciosos, egoístas y explotadores. Así, en este conflicto de narrativas, el dinero ha quedado con una mala imagen. Se presenta el dinero como contrario a la moralidad.
Por eso, ahora vemos a la gente disculparse por tener dinero y justificarse diciendo que en realidad no quieren dinero, sino hacer el bien con él. En algunos casos, esto es sincero. Pero, en la mayoría de los casos, es una manipulación mediática del discurso. Para no parecer el villano por buscar dinero.
En muchos casos, las personas hablen como grandes altruistas, pero actúan como grandes codiciosos. Y esta brecha entre lo que se dice y lo que se hace es lo que genera escepticismo y desconfianza. Esto se ve mucho en la industria cripto. Se habla de salvar al mundo. De democratizar al mundo en las declaraciones. Sobre el futuro de la humanidad. Pero lo que se ve en codicia, riesgos y especulación. El discurso se vuelve una fachada.
El dinero como beneficio mutuo
Sin embargo, ¿es el dinero tan malo? ¿Cuál es el problema de simplemente decir me gusta el dinero y trabajo para conseguirlo? Cuando nos olvidamos de los discursos, y vamos a la realidad de los detalles. Toda transacción es un acuerdo de beneficio mutuo. Es muy similar a un intercambio de favores. La diferencia está en que el dinero es numérico, y los favores son menos exactos y más personales.
Ahora bien, el beneficio mutuo implica que las personas que quieren dinero deben tener la capacidad de ser útiles para los demás. De esta forma, los demás querrán darles dinero. Entonces, si alguien quiere dinero por la comodidad, la libertad, la seguridad, el prestigio o la admiración que da, el camino más sensato es contribuir al bien de los demás. Es decir, aportar valor. Solucionar un problema. Satisfacer una necesidad. Hacer la vida de otros mejor.
En lo personal, me complace saber que cada vez que compro o vendo BTC hay alguien del otro lado que creció financieramente gracias a esta transacción. Me complace saber que, debido a un artículo escrito por mí, alguien obtuvo conocimiento valioso que lo ayuda a tomar mejores decisiones. Pero esto no fue un aporte unilateral. Fue un trabajo en conjunto. Porque yo di algo y tú me diste algo. Fue un intercambio de beneficio mutuo.
Ahora bien, no debemos confundir el dinero con la ideología. El dinero es un medio de intercambio, no una forma de pensar. El dinero nos da la libertad de elegir lo que queremos hacer con él. Podemos usarlo para bien o para mal. Podemos usarlo para ayudar o para dañar. Podemos usarlo para crear o para destruir.
Pero el dinero no nos obliga a nada. No nos impone una visión del mundo. No nos dice qué es bueno o qué es malo. Eso lo decidimos nosotros. Con nuestra conciencia, con nuestra razón, con nuestro criterio. El dinero es una herramienta, no un fin. El dinero es un medio, no un valor.
Por eso, no debemos renunciar al dinero por una supuesta moralidad. No debemos sacrificar nuestro bienestar por una falsa solidaridad. No debemos desperdiciar nuestro potencial por una ilusoria rebeldía. Eso no es ser bueno. Eso es ser tonto. Eso no es ser generoso. Eso es ser irresponsable. Eso no es ser valiente. Eso es ser imprudente.
El dinero y el bien común son compatibles. Siempre y cuando sepamos usar el dinero con inteligencia, con ética, con respeto. Siempre y cuando no nos dejemos llevar por la ideología, por el fanatismo, por el dogmatismo. Siempre y cuando seamos libres para decidir qué hacer con nuestro dinero.
El dinero como cooperación
Entonces, a pesar de lo opuestas que parezcan las distintas narrativas en relación al dinero, bien sabemos que los intercambios contribuyen al bien común tanto o más que la generosidad no monetaria y unilateral. Claro que el bien común no es solo un asunto de dinero. Pero el dinero no es contrario al bien común. De hecho, es un elemento que puede construir significativamente al mismo, ya que es un instrumento que facilita la cooperación.
El dinero nos permite coordinar nuestros esfuerzos, nuestros recursos, nuestros talentos, nuestros sueños. El dinero nos permite crear redes de confianza, de apoyo, de innovación, de crecimiento. El dinero nos permite expresar nuestra gratitud, nuestra admiración, nuestro reconocimiento, nuestro amor.
El dinero no es malo. El dinero es bueno. Lo que es malo es el uso que le damos al dinero. Lo que es malo es el abuso, la avaricia, la corrupción, la injusticia, la violencia que se genera por el dinero. Pero eso no es culpa del dinero. Es culpa nuestra. De nuestra falta de ética, de valores, de principios, de conciencia.
Por eso, no debemos tener miedo ni vergüenza de decir que nos gusta el dinero. Que queremos dinero. Que trabajamos por dinero. Pero siempre con responsabilidad, con honestidad, con respeto, con generosidad. Porque el dinero no es el fin. El dinero es el medio. El fin es el bienestar. El nuestro y el de los demás.
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