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Inés GaviñaInés Gaviña

Sin blockchain, la digitalización financiera podría producir una mayor centralización

Sin trazabilidad accesible ni registro verificable, no hay una verdadera forma de auditar lo que sucede dentro de la “caja negra” del dinero digitalizado de los bancos tradicionales y fintechs.

Sin blockchain, la digitalización financiera podría producir una mayor centralización
Opinión

La digitalización de las finanzas en bancos y diferentes soluciones fintech ha traído enormes avances en términos de eficiencia operativa en pagos y transferencias. Sin embargo, el avance de estas soluciones digitalizadas sin una verdadera integración con blockchain puede terminar reproduciendo los peores vicios del sistema fiat, produciendo una mayor centralización financiera.

En Argentina, la masividad del QR y las posibilidades de realizar pagos digitales han alcanzado todas las esferas de la vida cotidiana del ciudadano de a pie. Y, si bien el dinero digital es el futuro y fundamental para formar parte de la economía mundial hiperconectada, a la hora de utilizar estos servicios y soluciones fintech surge una pregunta mucho más fundamental; ¿Qué son esos números en la pantalla de nuestro celular? ¿Son esos números en la pantalla realmente dinero? 

O mejor; ¿Qué es lo que hace que esos números en la pantalla sean dinero? ¿Qué es, entonces, el dinero? 

La voluntad de descentralizar 

La experiencia del usuario dentro de las soluciones de la banca digitalizada y servicios fintech podría mejorar. Hay muchos problemas sobre todo a la hora de atención al cliente; los famosos bots o chats automáticos pocas veces resuelven las necesidades del usuario. La búsqueda de hiper-eficiencia a través de herramientas de inteligencia artificial, aunque funcional pero aún en un torpe estadío, quizás no se encuentre a la altura de la eficiencia digitalizada que proponen.

Transferencias que tardan en llegar, pagos que no se acreditan, una cuenta bloqueada “por seguridad”, fondos retenidos sin explicación clara, límites que cambian de un día para otro. Hay muchos problemas dentro de la experiencia de usuario del dinero digitalizado. Para la población mayor, los adultos mayores de más de setenta años, la escena empeora peligrosamente y sin verdadera atención humana y de calidad del otro lado.


Pero, más allá de todas estas ineficiencias operativas, la realidad concreta es que el dinero digitalizado trae más beneficios que obstáculos. Su rápida adopción no es casual. Hoy, ir al cajero a sacar dinero es cada día menos necesario. El usuario promedio puede encontrar soluciones digitalizadas para casi todas sus necesidades y esto es sin dudas un enorme logro, un primer paso fundamental a la hora de avanzar hacia soluciones financieras más transparentes y democratizar su acceso.

Sin embargo, aquí es cuando entra cripto. Porque, más allá de todos los avances y los beneficios de las actuales soluciones de dinero digitalizado de las que gozamos a diario, ¿Qué son realmente esos números que vemos en la pantalla cuando nos entra o cuando despedimos una transferencia? 

El dinero es una enorme base de datos. Sea digital o físico, el dinero fiat, el dinero tradicional o el dinero no-cripto, es la enorme base de datos de la humanidad. A través del dinero designamos valores y establecemos escalas y jerarquías; qué es importante y  qué no. Pero para que funcione, esa base de datos tiene una lógica interna consensuada. Esa enorme base de datos implica necesariamente un consenso social.

Y, mientras el dinero físico se encuentra sujeto bajo los consensos nacionales y legislativos de cada país, y hay cierto grado de entendimiento sobre dónde y por qué se emite, el dinero digital fiat entra en una zona gris en su producción y en el establecimiento de sus reglas que, inclusive para los expertos, es complejo seguir. 

El usuario termina confiando y creyendo en que aquellos números que ve en su cuenta o billetera son efectivamente dinero, una suerte de eco digital del dinero físico. No es que el dinero cripto no implique cierto grado de confianza o creencia. En muchos casos, y sobre todo para los usuarios no expertos, el dinero cripto también significa creer y confiar, pero con la diferencia de que los que sabemos de qué se trata blockchain, sabemos que esos números en la pantalla no son sólo números. O mejor; no son sólo esos números.

Los que sabemos de qué se trata blockchain, sabemos que detrás de los números que vemos en la pantalla hay cientos miles de números detrás, hay todo una estructura digitalizada de ecuaciones, una enorme red de cálculos y matemática que le da efectivamente una existencia a esos números, una verdadera entidad dentro del universo digitalizado.

Los que sabemos qué es blockchain y qué es cripto, entendemos que ese dinero digital “existe” flotando en algún lugar de la nube aunque no podamos verlo directamente, y pudiéramos si quisiéramos. Sabemos que allí está en 3D existiendo en el universo matemático de blockchain. 

El problema quizás más central de la digitalización de las finanzas y las soluciones fintech en general fuera de blockchain, no es tanto sus circunstanciales ineficiencias que siempre pueden existir y existirán, sino quizás el problema de replicar y potenciar las peores prácticas del dinero físico fiat; la opacidad, la falta de transparencia y la centralización. 

El problema de avanzar en soluciones digitales fiat sin una verdadera integración con blockchain, es que si bien traen eficiencia y comodidad al usuario, no aprovechan el verdadero potencial de la tecnología que está allí disponible.

Mientras que la mayoría de las fintechs y bancos digitales diseñan sus productos para ocultar la complejidad técnica, con el objetivo de reducir fricción y que el usuario no tenga que entender cómo funciona el sistema, eliminan la capacidad de poder visibilizar la infraestructura y de darle la posibilidad al usuario de entender cuando algo sale mal. 

Sin trazabilidad accesible ni explicación verificable, no hay una verdadera forma de auditar lo que sucede dentro de la “caja negra” del dinero digitalizado de los bancos tradicionales y fintechs. Si no puedo hacer un correcto seguimiento, verificar ni entender mi dinero, ¿es realmente mío?

Muchas experiencias cripto pueden ser más complejas, técnicas y poco amigables para el usuario no especializado, pero la clave está en otro lugar: la infraestructura es parte de la experiencia.

En los sistemas basados en blockchain, el dinero existe en una red específica, las reglas están definidas por el protocolo, las transacciones son públicas y auditables y, quizás lo más importante, el estado de los fondos puede verificarse sin intermediarios. Cuando por alguna razón una operación no se confirma, el usuario puede chequear qué es lo que está pasando con su dinero. Puede entender, al menos conceptualmente, qué es lo que está pasando.

El dinero digital cripto no depende únicamente de la confianza en una entidad, sino de una lógica técnica observable. Es por eso que blockchain es fundamental para descentralizar la enorme base de datos que es el dinero. La tecnología ya está disponible, lo que necesitamos ahora es la voluntad de hacerlo.

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