Podríamos decir que la luna de miel de los mercados llegó a su fin. Mientras la economía real ha estado dando gritos, irónicamente los mercados han experimentado un mini boom. Si bien es cierto que vivimos un gran ‘crash’ en marzo, el optimismo de la reapertura económica ha impulsado una recuperación gradual de los mercados. Sin embargo, esto no podía durar para siempre.
La buena noticia es que todavía no hemos visto un segundo ‘crash’. Hay preocupación y cautela, pero pánico no aún. Los mercados obviamente están perdiendo brío en medio de un contexto complicado. Nuevos brotes del virus tienen a medio mundo en estado de alerta. Pero han llegado datos económicos esperanzadores. Estos llegan para mezclarse con otros datos no tan esperanzadores, creando así un ambiente de tensa calma. En este momento, la explosión de un globo de goma de mascar puede provocar una estampida.
Desde su lanzamiento, muchos dijeron (con extrema seguridad) que Bitcoin, durante una crisis, se alinearía con el oro, porque los inversores buscarían un refugio seguro en él. Algo así con un “oro digital”. Es decir, un activo de correlación negativa. Ahora llega nuestra primera crisis mundial y resulta ser que Bitcoin se alinea positivamente con el S&P 500. A principios de este año, la mayoría de las analistas pronosticaron que Bitcoin se irían a la luna con la llegada del coronavirus, pero Bitcoin hizo caso omiso a esas predicciones. Bitcoin se casó con el S&P 500 y está bailando el tango con él. Claro que hay analistas que más tercos que una mula. Uno podría llegar a asumir que durante estos últimos meses muchas de las antiguas suposiciones han debido revisarse, pero para algunos es mejor la tumba que cambiar de opinión con la nueva evidencia. Ahora el disco que se toca es el tema de la inflación. ¡Dame paciencia, Dios mío!
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¿Qué ha pasado durante esta crisis? Bueno, los inversores se han refugiado en el dólar, en el yen japonés, y en los bonos del gobierno. El euro se ha debilitado (un poco). El oro ha tenido un comportamiento muy ambiguo y contradictorio. Pero las bolsas, el petróleo, y los commodities han caído en el pánico y se ha recuperado bastante en el optimismo. No es un secreto que la economía real y los mercados están viviendo dos realidades muy distintas. Los mercados se adelantaron ante la crisis y se adelantaron a la recuperación. Esta desarmonía no es rara, porque los mercados y la economía no siempre se reflejan fielmente. Con demasiada frecuencia, caminan a diferentes ritmos. Claro que, si los mercados se alejan mucho de la economía real, las correcciones llegan tarde o temprano.
Los mercados siempre están mirando al futuro. Es por eso que la crisis llegó realmente en abril, pero el crash se registró en marzo. En abril, comenzaron los despidos masivos y la economía real comenzó a sufrir muchísimo. Sin embargo, los mercados comenzaron a recuperarse. En mayo, llegaron los reportes de abril y los datos son extraordinariamente malos, pero los mercados siguieron su recuperación, porque los anuncios del desconfinamiento animaron a los inversores. En junio, llegaron los datos de mayo y vimos que la economía experimentó una sorpresiva mejoría en la tasa de desempleo. Pero ahora los mercados están desacelerandose debido a preocupaciones sobre los nuevos brotes, las restricciones de la “nueva normalidad” y las posibles quiebras de algunas compañías.
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La respuesta de los bancos centrales ha sido contundente y oportuna. La Reserva Federal de los Estados Unidos, por ejemplo, ha utilizado todos los instrumentos a su alcance para impulsar la demanda y de este modo reactivar la economía lo más pronto posible. Pese a lo que dicen muchos opinadores en la comunidad cripto, la inflación no es un problema en estos momentos. De hecho, el problema es la deflación. Es decir, lo exactamente opuesto. Esta crisis no es otra cosa que una gran espiral deflacionaria. Aumentar la demanda con liquidez es una medida extremadamente necesaria para reactivar la economía y subir la tasa de empleo. El secreto es revisar la tasa de inflación. Los bitcoiners vean solo la emisión de moneda. Pero la inflación no se mide por la cantidad de emisión de moneda, la inflación se mide con la tasa de inflación (valga la redundancia).
La caída de los precios y la poca demanda son los grandes dolores de la cabeza de la economía real y los principales responsables de la contracción económica de este año. A pesar de todos los estímulos e instrumentos que se están utilizando para incrementar la liquidez en la calle, este año alcanzaremos con gran dificultad de la meta de inflación (EEUU y UE). Sin embargo, la recuperación está en camino, el crecimiento eventualmente volverá y la gente volverá a tener empleo. Por supuesto, esto será un proceso muy largo.
Los mercados financieros, por otro lado, operan muy diferente a la calle. Wall Street ama los estímulos. Los mercados son adictos a la impresión de dinero. Y son los primeros en reaccionar y los primeros en beneficiarse con los planes de rescate. Este mini boom, en gran parte, es gracias a eso. Nos guste o no, el dinero llega primero a la cima y luego va bajando. Los grandes siempre reciben más que los pequeños. Lamentablemente, ese es el sistema que se tiene. Los mejores caramelos van al S&P 500. La pequeña tienda, el humilde restaurante y modesto establecimiento reciben las migajas. Claro que como premio de consolación las pensiones sí se benefician bastante. No todo es malo para el hombre común.
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Ahora bien, ¿qué nos depara el futuro? Para los mercados, este es un presente lleno de incertidumbre y el futuro cercano no se ve con claridad. La emoción de la recuperación temprana ya está pasando y estamos llegando un punto muy peligroso. Cualquier cosa puede generar el pánico. Un aumento de las propagaciones, la quiebra de una empresa importante, un conflicto bélico, informes desfavorables. Es un secreto a voces que las valoraciones están por las nubes en relación al Producto Interno Bruto. A pesar de la caída de marzo, los fundamentales simplemente no justifican el precio de la mayoría de las acciones. Los reportes corporativos del segundo trimestre del año están por salir muy pronto y es posible que las cosas no pinten muy bien ahí. En caso de que el mercado, viendo estos reportes, caiga en el pánico, la idea de ver nuevas caídas no es tan descabellada. La recuperación es inevitable. Es en el corto plazo cuando podríamos tener algunos reveses.
¿Y Bitcoin? Bueno, Bitcoin es un hipopótamo que por alguna razón quiere ser una cebra. Se mira en el espejo, se pinta rayas, y relincha como cebra. Pero no convence a mucha gente. ¿Para qué engañarse? Yo creo que Bitcoin debe amarse tal como es y no pretender ser otra cosa. Debe aceptarse. Y vivir feliz, como hipopótamo. De hecho, es un hipopótamo muy hermoso. Exacto. Bitcoin no es una aburrida barra de oro. El activo del miedo. El oro está bien para los reaccionarios que piensan que en el siglo XIX se vivía mejor. Pero Bitcoin es otra cosa. Esta correlación con el S&P 500 no es accidental. Bitcoin es tech, innovación, juventud, adrenalina y pasión. No se parece en nada a una cebra.