El dominio de Bitcoin y el “fin” de las altcoins

Bitcoin se recupera, pero estas nuevas ganancias no han afectado a las altcoins. La crisis de las altcoins es evidente, porque los nuevos capitales están escogiendo Bitcoin por encima de todo, dejando a las demás criptomonedas en un rincón. El dominio del poderoso Bitcoin va en aumento con el pasar del tiempo, y el fenómeno de las altcoins cada día se ve más débil. ¿Acaso este es el comienzo del final para las altcoins? ¿Por qué el Bitcoin es tan especial? ¿Podrán sobrevivir las altcoins?  

Indudablemente que el Bitcoin ha sido todo un éxito. Durante sus primeros diez años de historia, ha demostrado ser un sobreviviente a prueba de todo. Logró pasar de una simple idea en un libro blanco a un movimiento dinámico y global que tiene la fuerza para desafiar seriamente a todo el sistema económico mundial. Su pasado es reciente, pero su porvenir es infinito. Sus posibilidades son enormes, y cuenta con una comunidad sumamente entusiasta dispuesta a trabajar duro en explotar su potencial.   

Bitcoin presenta varios elementos muy interesantes que lo apartan de las demás, y le dan su carácter distintivo. Primero, tenemos a la figura de Satoshi Nakamoto, su misterioso inventor. Satoshi fue el creador del Bitcoin, pero no es un creador que interviene en su creación. De hecho, es un dios ausente que creó a la criatura, pero que luego desapareció sin dejar rastro, dejándola sola en medio de un mundo hostil. Es decir, Bitcoin tiene un dios creador, pero carece de profeta y, más aún, de Papa. Todo, para bien o para mal, quedó en manos de sus usuarios. Esta orfandad es ciertamente una gran formadora de carácter, porque nada fue fácil, ni mágico para la comunidad Bitcoin. 

Los primeros bitcoins fueron creados con sudor y lágrimas. Al sistema, le tomó mucho hardware, mucha electricidad y mucha paciencia, la emisión de los primeros bitcoins. Todo comenzó de cero, y los avances se ha ganado a fuerza de trabajo y fe. Este bautismo de fuego le ha dado unos cimientos de acero, porque el crecimiento fue orgánico y no artificialmente inducido. Para nada es accidental que la comunidad Bitcoin es la más grande y la más orgullosa en todo el mundo de las criptomonedas. En otras palabras, el Bitcoin se construyó, y se sigue construyéndose de abajo hacia arriba en un ambiente relativamente horizontal. He ahí una de sus principales fortalezas. 

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Otro aspecto interesante y sumamente relevante para su éxito, es su actitud disciplinada y conservadora que ha sido demostrada a lo largo de toda su existencia. El Bitcoin como tal ha cambiado muy poco, y solamente podrán existir una cantidad limitada de bitcoins. Su escasez irremediable convierte a este activo digital en un bien tan confiable como el oro. El código se ha probado como seguro en millones de ocasiones, y su estricta política monetaria está blindada con todos los hierros. Aunque otras criptomonedas hagan proclamas similares, Bitcoin es la única con la suficiente historia como para despejar todas las dudas. No es teoría ni promesas. Los hechos y el tiempo hablan por sí solos. 

El Bitcoin, sobre todas las cosas, es principalmente un medio para resguardar valor, y nadie puede negar que ha cumplido con su cometido de un modo excepcional durante sus diez años de existencia. Los altibajos en el corto plazo han sido muchos, pero su rendimiento en el largo plazo ha sido espectacular. Hasta los peores inversionistas han visto grandes frutos en el tiempo, si han tenido la sabiduría de esperar con paciencia. Sin lugar a dudas, el Bitcoin es un éxito extremadamente comprobable. A pesar que todavía está en su fase temprana y experimental, es la criptomoneda que más ha cumplido con sus promesas. No estamos hablando de unos meses o un par de años, aquí hablamos de toda una década. 

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Ahora bien, hablamos un poco de las altcoins. Analizamos por un momento a Ethereum, la líder de las altcoins. Primero, Ethereum tiene un creador y una lista de fundadores. A diferencia de Satoshi, ellos sí han escogido participar pública y directamente en la creación y evolución de su sistema. Entonces, si vemos a Satoshi como un dios ausente y a Bitcoin como el oro, los fundadores de Ethereum podrían ser como la junta directiva de una gran compañía. Un grupo de empresarios financiaron sus inicios, y luego en el momento del lanzamiento oficial emitieron las primeras criptomonedas para seguir financiando el proyecto. De hecho, el monto fue sustancial, 72 millones, para ser exactos, que representan casi un 68% de todos los tokens en circulación. Esto, en teoría, no está mal, por supuesto. Como no está mal, invertir en una compañía. Sin embargo, cuando una compañía realiza la oferta pública de sus acciones en una bolsa de valores, la compañía ha demostrado que su producto es bueno, que la clientela está satisfecha, y que el equipo genera ingresos. Todo el proceso ha pasado por numerosas auditorías y cuenta con el visto bueno de las autoridades competentes despertando así la confianza de los inversionistas que buscan lucrarse con su inversión. La realidad es que los fundadores de Ethereum figuran hoy entre las personas más ricas del mundo, por un proyecto que aún es demasiado experimental, y que todavía debe demostrar (en la práctica) su verdadera utilidad y viabilidad.

En muchos sentidos, el proyecto Ethereum es mucho más complejo que el blockchain Bitcoin. Se inspiró en las ideas de Satoshi, pero busca ir más lejos técnicamente hablando. Básicamente, Ethereum es una plataforma para el desarrollo de contratos inteligentes. Ahora bien, ¿qué es un contrato inteligente? Su definición es aparentemente sencilla, pero si examinamos el asunto en detalle, no es algo tan sencillo de implementar en la práctica. Los contratos son acuerdos humanos sumamente complejos, y uno se pregunta si es posible dejárselo todo a los códigos y a la matemática. En realidad, todo suena fascinante, pero al mismo tiempo debemos reconocer que todavía hay muchas preguntas sin contestar.  En el caso del Bitcoin, es diferente, porque hasta un niño de cinco años entiende la necesidad de resguardar valor. Sin embargo, la utilidad y viabilidad de un contrato inteligente toma un poco más de esfuerzo para comprender. Es cuestión de ver para creer, supongo. 

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Probablemente, Ethereum requiere un poco más de fe que Bitcoin. Aquí escogí hablar de Ethereum, porque es la más grande y emblemática de las altcoins. Sin embargo, he podido escoger a cualquier otra, porque mi intención con esta comparación es solo resaltar el carácter distintivo del Bitcoin dentro del ecosistema. A diferencia del resto, Bitcoin no tuvo un ICO, ni su evolución depende de la popularidad de un fundador. La idea original, en efecto, fue muy innovadora, pero al mismo tiempo muy concreta. El mercado de las criptos está plagado por personas que crean criptos, lanzan un ICO, se enriquecen, y luego las dejan (sin mostrar resultados) para ir y crear otra nueva. Esta costumbre tan difundida en el mundo de las altcoins no genera particular confianza en ellas. Muchas de las ideas son excelentes, pero la debilidad está en la ejecución de la idea en el vida real. 

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La situación que he descrito no ha pasado por desapercibida ante los ojos de las grandes instituciones financieras. Es una realidad que el capital institucional está cada vez más interesado en invertir en criptomonedas, pero para nadie es un secreto que prefieren al Bitcoin como primera opción por la relativa segura que les ofrece. Claro que muchos están también interesados en las principales altcoins, pero siempre dándole la prioridad al Bitcoin. 

El Bitcoin domina el mercado, y es el rey de las criptomonedas. Entonces, ¿las altcoins están destinadas a morir? Definitivamente no. Las altcoins seguirán existiendo y creciendo, indudablemente. Es solo que su carácter sumamente experimental las convierte en activos de mucho riesgo. Entonces, es comprensible que los grandes capitales fluyan primero hacia el Bitcoin que es un activo considerado como un poco más seguro. De todos modos, la variedad de opciones y esta diversidad es buena para el sistema, y beneficia a todos. ¿Todos las altcoins sobrevivirán entonces? No, la mayoría de ellas seguramente no existirán en los próximos diez años. Sin embargo, solo el tiempo determinará cuáles de ellas serán.

Las opiniones expresadas aquí son las del autor y no representan necesariamente las opiniones de Cointelegraph.com