¿Alguna vez has notado que hay una diferencia entre lo que la gente dice y lo que la gente hace? No te preocupes, no eres el único. Esa brecha es muy común.

A veces, la gente dice cosas que no coinciden con sus acciones. En muchos casos, dicen lo que dicen para impresionar a los demás. Tal vez digan que son expertos en algo que apenas conocen, o que han viajado a lugares que nunca han visitado.

En la mayoría de los casos, tienen miedo al rechazo. Tal vez digan que les gusta algo que en realidad no les gusta, o que están de acuerdo con algo que en realidad no comparten. Pero lo hacen porque quieren pertenecer a un grupo.

Otras veces, quieren promover sus intereses. Tal vez digan que algo es bueno o malo según les convenga, o que apoyan una causa o una idea por conveniencia. Pero cuando tienen que actuar en consecuencia, se contradicen o se retractan.

Tal vez se esfuerzan por mostrar lo que anhelan ser. O sea, se identifican con sus aspiraciones. Tal vez digan que son felices o que tienen éxito, o que siguen un estilo de vida o una filosofía. Pero cuando se enfrentan a la realidad, se frustran o se decepcionan.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo la gente puede decir una cosa y hacer otra. No siempre es por mala intención, sino por inseguridad, ignorancia o ilusión.

Varios puntos son importantes a la hora de hacer un análisis. ¿Qué tal si hoy nos ponemos el sombrero de economistas y analizamos la situación económica? No, no vamos a leer los periódicos ni a escuchar las declaraciones de los políticos. Esos solo nos cuentan lo que quieren que creamos, pero no siempre se ajustan a la realidad. En su lugar, vamos a observar lo que hacen las personas de verdad, esas que trabajan, consumen e invierten su dinero. Esas son las que mueven la economía, y sus acciones nos dicen más que mil palabras.

¿Cómo podemos saber lo que hacen las personas? Bueno, hay muchas formas, pero una de las más sencillas es mirar los datos oficiales que se publican periódicamente. Por ejemplo, podemos ver el Producto Interno Bruto (PIB), que mide el valor de todos los bienes y servicios que se producen en el país. Si el PIB crece, significa que la economía está en expansión. Si el PIB se reduce, significa que la economía está en recesión.

Otro dato interesante es el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que mide el cambio en el costo de la vida. Si el IPC sube, significa que hay inflación, es decir, que los precios aumentan. Si el IPC baja, significa que hay deflación, es decir, que los precios disminuyen.

También podemos ver el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que mide el grado de optimismo o pesimismo de las personas sobre la situación económica. Si el ICC es alto, significa que las personas tienen expectativas positivas y están dispuestas a gastar e invertir. Si el ICC es bajo, significa que las personas tienen expectativas negativas y prefieren ahorrar y esperar.

En fin, las personas pueden decir que están preocupadas por la recesión, pero aun así siguen gastando e invirtiendo. O pueden decir que están confiadas en la recuperación, pero aun así reducen su consumo y su inversión. Esto puede deberse a que las personas no son totalmente racionales, o a que tienen otras motivaciones o influencias que las llevan a actuar de forma diferente a lo que dicen.

Por eso, es importante no basar nuestras conclusiones solo en lo que dicen las personas, sino también en lo que hacen. Así podremos tener una visión más completa y realista de la economía. Y quizás, hasta podamos anticiparnos a lo que va a pasar y tomar mejores decisiones para nuestro propio beneficio.

En estos casos, hay que ser escépticos con el ruido de las redes sociales. Las redes sociales son un lugar donde todo el mundo opina sobre todo. Y, sobre las criptomonedas, más todavía.  ¿A quién creer? ¿A quién seguir? ¿A quién ignorar? La respuesta es sencilla: a nadie. O, mejor dicho, a ti mismo. Porque lo único que importa es la acción del precio. El precio es el reflejo de la oferta y la demanda, de la confianza y el miedo, de la realidad y la expectativa. El precio es el que manda.

Observa la acción del precio. Analiza las tendencias, los soportes, las resistencias, los patrones. Estudia el volumen, la liquidez, la volatilidad, el interés. Identifica quién está comprando, quién está vendiendo, quién está esperando, quién está saliendo. Y, sobre todo, ten un plan, una estrategia, una disciplina, una gestión del riesgo. Pero desconfía en todo lo lees y escuches.

Vivimos en un mundo donde las palabras son baratas. Por ejemplo, los CEO de algunos exchanges pueden decir que son la última maravilla, como lo decía Sam Bankman-Fried, el fundador de FTX, que prometía una plataforma segura, transparente y socialmente responsable. O cuando el CEO de Binance, Changpeng Zhao, decía que cumplía con todas las normas, mientras que las autoridades de varios países le acusaban de operar ilegalmente. O, incluso, cuando alguien dice que le gusta ver ciertas películas o escuchar cierta música, solo para quedar bien con los demás, pero que en realidad no le interesan en absoluto.

No todo es lo que parece. Pero las palabras pueden mentir, los hechos no. Y nuestro análisis será mucho más completo y acertado si tomamos en cuenta que lo que la gente dice no siempre corresponde con lo que hace. Y lo más sensato es darle más peso a lo que la gente hace, porque eso refleja su verdadera intención, motivación y carácter. Así que la próxima vez que escuches a alguien hablar, no te dejes llevar por las palabras bonitas, sino por las acciones coherentes.

Ahora bien, en conclusión, las personas no siempre hacen lo que dicen. Puede haber miedo, confusión o engaño detrás. En economía, lo que importa es lo que hacen, no lo que dicen. Así se conoce la realidad. Con las criptomonedas, más aún. No creas todo lo que dicen en redes sociales. Solo cuenta el precio. Recuerda: las palabras engañan, los hechos no.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.