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Gustavo GodoyGustavo Godoy

El 'Nuevo' Petróleo: El poder de los datos y su papel en el futuro de las finanzas

Explorando cómo los datos, el 'nuevo petróleo', están revolucionando las finanzas y el valor.

El 'Nuevo' Petróleo: El poder de los datos y su papel en el futuro de las finanzas
Opinión

En el siglo pasado, el petróleo fue la fuerza motriz de la economía global. Su extracción y refinamiento impulsaron la industria, transformaron el transporte y moldearon el poder geopolítico.  

Hoy, nos encontramos en una nueva era, donde un recurso diferente, pero igual de poderoso, ha ascendido para convertirse en el activo más valioso del planeta: los datos. Al igual que el crudo, los datos crudos necesitan ser extraídos, procesados y refinados para liberar su valor. 

En el mundo de las finanzas, esta transformación no es una tendencia pasajera, es la nueva realidad. El flujo de información sobre nuestros hábitos, preferencias y transacciones se ha convertido en el verdadero motor de la innovación, redefiniendo desde cómo se otorgan préstamos hasta cómo se invierte en el mercado.

La industria financiera siempre ha dependido de la información. Tradicionalmente, la evaluación de la solvencia de un cliente para un préstamo se basaba en un historial crediticio formal, que consistía en registros de pagos de deudas y deudas existentes. Era un proceso unidimensional y, a menudo, dejaba fuera a aquellos con un historial limitado o no convencional. Hoy, ese panorama ha cambiado radicalmente. Las empresas financieras pueden ahora analizar una vasta gama de datos para construir una imagen mucho más completa de un individuo.

Pensemos en nuestra vida diaria. Cada vez que usamos una aplicación de un servicio de transporte, estamos generando datos sobre nuestras rutas, horarios y preferencias. Al pedir comida a domicilio, las aplicaciones registran nuestros gustos culinarios, con qué frecuencia pedimos y cuánto estamos dispuestos a gastar. Incluso el simple acto de navegar en internet, ver videos o interactuar en redes sociales crea un rastro de información sobre nuestros intereses, opiniones y comportamientos. Todos estos pequeños fragmentos de información, cuando se combinan y se analizan, pueden revelar patrones de comportamiento que son increíblemente valiosos para las instituciones financieras.

Por ejemplo, un banco podría analizar el historial de transacciones de una cuenta corriente. Si un cliente muestra un patrón de ahorro constante, realiza pagos a tiempo a servicios recurrentes y mantiene un saldo estable, este comportamiento puede ser un indicador de disciplina financiera, incluso si su historial crediticio formal es escaso. Un algoritmo podría utilizar estos datos para predecir con mayor precisión la capacidad de pago de un individuo, permitiendo al banco ofrecerle un préstamo con mejores condiciones o aprobar una solicitud que antes habría sido rechazada. Esta democratización del acceso al crédito es uno de los beneficios más tangibles de la era de los datos.

El poder de los datos también se manifiesta en la capacidad de las empresas para personalizar sus servicios a una escala sin precedentes. Hace unos años, los productos financieros eran genéricos. Un seguro de vida tenía una estructura similar para la mayoría de las personas de la misma edad y condición. Hoy, las compañías de seguros pueden utilizar datos detallados sobre la actividad física, los hábitos de sueño e incluso la dieta de sus clientes para ofrecer pólizas personalizadas que incentivan un estilo de vida saludable. Los relojes inteligentes y las aplicaciones de salud generan una corriente constante de información que puede ser utilizada para calcular primas de seguros más justas y adaptadas a la situación individual de cada persona.

En el mundo de las inversiones, las plataformas de trading utilizan el aprendizaje automático para analizar el comportamiento del usuario. Pueden sugerir portafolios de inversión basados en el nivel de riesgo que la persona ha demostrado asumir en sus decisiones pasadas, o en los tipos de activos que ha investigado con mayor frecuencia. De la misma manera, las empresas pueden predecir las necesidades de los clientes incluso antes de que ellos mismos las identifiquen. Si una persona visita con frecuencia sitios web de bienes raíces, un banco podría adelantarse y ofrecerle una hipoteca preaprobada, o una empresa de servicios financieros podría enviarle información relevante sobre el mercado inmobiliario.

Estos ejemplos de la vida cotidiana demuestran cómo los datos se han convertido en una moneda de cambio. Ya no es solo el dinero que depositamos en una cuenta lo que tiene valor para el banco, sino la información que generamos a través de nuestras interacciones diarias. Las empresas están dispuestas a pagar por esta información porque les permite optimizar sus campañas de marketing, desarrollar productos más efectivos y, en última instancia, aumentar sus ganancias. Al entender nuestros gustos, intereses y hábitos, pueden ofrecernos exactamente lo que necesitamos, o persuadirnos de que necesitamos lo que ofrecen. Es un ciclo de retroalimentación constante donde la información se convierte en un activo que genera más información, creando un ecosistema de valor ininterrumpido.

La conversación sobre los datos a menudo se centra en el aspecto económico, pero su poder va mucho más allá. Los datos están cambiando la forma en que pensamos sobre el valor y la confianza. En un mundo donde la información es tan abundante, la seguridad de los datos y la privacidad se han convertido en preocupaciones centrales. La confianza que los clientes depositan en las empresas para manejar su información de forma responsable es un activo intangible de un valor inmenso. Una filtración de datos o un uso indebido de la información podría tener consecuencias devastadoras para la reputación de una empresa, sin importar cuán innovadora sea.

La dependencia de los datos para la toma de decisiones financieras también plantea preguntas sobre la equidad y los sesgos. Los algoritmos se entrenan con datos del pasado, y si esos datos contienen sesgos, los algoritmos pueden replicar y amplificar esos prejuicios. Por ejemplo, un algoritmo de préstamo entrenado con datos históricos que favorecen a un grupo demográfico podría discriminar involuntariamente a otro, perpetuando las desigualdades existentes. La responsabilidad de los desarrolladores y las empresas es asegurar que los datos utilizados sean representativos y que los algoritmos sean transparentes y auditables para evitar resultados injustos.

El futuro de las finanzas estará, sin duda, definido por la gestión y el aprovechamiento de los datos. Sin embargo, no todo es un camino de rosas. A pesar de que la narrativa predominante pinta a los datos como la solución a todos los problemas de la industria, el valor real de los datos podría ser, en un sentido fundamental, más limitado de lo que parece. La información, por sí sola, no es conocimiento ni sabiduría. Las empresas pueden acumular gigabytes de datos sobre nuestros hábitos de compra, pero si no tienen la capacidad para interpretar esa información de manera efectiva y transformarla en una estrategia de negocio coherente, ese "nuevo petróleo" se convierte en nada más que un costoso depósito de información sin refinar.

El verdadero valor reside no en la cantidad de datos que se poseen, sino en la capacidad humana para hacer preguntas inteligentes, encontrar patrones significativos y tomar decisiones éticas basadas en ellos. La tecnología es una herramienta, pero la inteligencia que la guía sigue siendo intrínsecamente humana.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.