Pablo Iglesias, el líder del partido político español Podemos, tiene una receta para la economía de su país. No es raro que un partido de oposición proponga un cambio. De hecho, es sano. No hay sistema perfecto y las reformas son necesarias. Es el trabajo de los políticos participar, en representación de los ciudadanos, en el debate público de ideas y propuestas. Después de todo, son los políticos los que se postulan para ocupar cargos públicos. Y es básicamente la agenda de los políticos la que se implementa desde las instituciones. En principio, todas las ideas son válidas en la discusión. Pero cuando un político propone incendiar el barco para combatir el problema de ratas y hay gente que lo aplaude, no cabe otra que ponerse las manos en la cabeza. ¡El desastre! Hablamos de los disparates de Pablo Iglesias.
Una cosa es proponer un cambio. Y otra muy distinta es proponer un desastre apocalíptico como la solución. Se pueden plantear medidas radicales de reforma. Pero plantear que la cura para la enfermedad es la inyección letal es ir al colmo de las cosas. Es cierto que hay propuestas innovadoras que, pese a los riesgos que podrían implicar, aún mantienen una posibilidad de éxito. Claro que hay medidas que implican sacrificios. Por supuesto que hay reformas necesarias, pero demasiado ambiciosas y muy incomprendidas por la clase política y la ciudadana. Pero en el caso de la receta económica que propone Pablo Iglesias son puras sandeces. Y lo más triste es que ni siquiera son sandeces originales. Son las mismas viejas tonterías de una izquierda trasnochada que se niegan a aprender del pasado.
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Una receta que ya se ha implementado miles de veces con los mismos nefastos resueltos. Miles de fracasos y cero éxitos. Una receta que ha fallado en distintos tiempos, en distintos países y en distintivos escenarios. Es una locura en la teoría y en la práctica. Es decir, un fracaso garantizado con sello académico, anecdótico y experimental. En otras palabras, la propuesta de Pablo Iglesias en materia económica es saltar de un edificio de 100 pisos. Mientras todos gritan: “No lo hagas”, él dice ser Superman. ¿Tendrá éxito? ¿O es un loco más que pronto descubrirá la ley de la gravedad?
Ahora bien, ¿qué propone nuestro genio? ¿Cómo pretender volar por los cielos? Salir del euro, suspender el pago de la deuda, devaluar la moneda y nacionalizar la banca.
Aquí tenemos la capa, la insignia, las botas y el cinturón. Aquí vamos a analizar el vuelo del hombre de acero al estilo de una película. Es decir, en forma de ejercicio mental, vamos a pretender que Pablo es el Primer Ministro de España y finalmente logró el apoyo político para implementar sus necedades. O sea, el hombre obtuvo su sueño y ahora le toca ejecutar su visión para el país. El momento de la verdad. Está en el borde del abismo, a 100 pisos de altura, y nuestro flamante héroe está flexionando las rodillas. 5, 4, 3, 2, 1, a volar…
Iglesias escoge la opción del irresponsable para saldar la deuda. Es decir, no la pagará. Así de sencillo. Solucionará la deuda con un gran impago. Y justificará su acción (irónicamente) apelando a la moral. Algo así como que no tengo que pagar una deuda injusta. No es una solución muy elegante, pero técnicamente sí soluciona el problema de endeudamiento. Es un caradura, pero adiós deuda. Al parecer, Pablo es un genio en contaduría. Eliminó los pasivos con un enorme borrador en cuestión de minutos. Y sus seguidores lo aplaudirán por ese acto porque eso lo convierte en el héroe de los oprimidos.
Ahora bien, esa agresión naturalmente generará una reacción. La crisis de gobernabilidad será inevitable. Es decir, la oposición se radicalizará. El sector privado se polarizará. La sociedad se dividirá. Los acreedores iniciarán una batalla legal en tribunales internacionales. Y las instituciones financieras en todo el mundo condenarán el hecho colocando la reputación de España por el suelo. Esto quiere decir que ni Mandrake el mago querrá prestarle dinero a España otra vez.
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Tarde o temprano, el Gobierno no tendrá más opción que volver a pedir prestado con el rabo entre las piernas, pero nadie querrá hundirse en ese barco. Entonces, el Gobierno tendrá que emitir bonos ofreciendo intereses altísimos. En otras palabras, eso de borrón y cuenta nueva es pan para hoy y hambre para mañana. En el largo plazo, la medida generará más deudas, porque España se convertirá en un deudor poco confiable. Perdería su acceso a los mercados financieros debido al impago. Así de claro.
Eso se complicaría mucho más al salir del euro. Pablo quiere salir del euro para poder devaluar la moneda y alentar las exportaciones. Entonces, los bonos tendrían que emitirse en moneda extranjera porque la nueva moneda (el pablipeso) con toda seguridad no contaría con un mercado financiero interno lo suficientemente sólido. Entonces, España se convertiría en una Argentina. Se tendría que pagar la deuda con moneda extranjera y eso es un pozo sin salida.
Aquí estamos ante una guillotina. Porque cuando llega al poder ejecutivo un Gobierno de izquierdas implementado medidas económicas radicales y anunciando una agresiva política de devaluación monetaria, no hay que ser un genio para saber que el empresariado se irá a las trincheras, los medios armarán un escándalo y los capitales comenzarán a salir del país. Es decir, el pánico y la locura.
En este momento, España tiene un déficit comercial. Lo que quiere decir que importa más de lo que exporta. Una devaluación baja los precios de las exportaciones, pero sube los precios de las importaciones. Entonces, la medida traerá inflación. Sobre todo, al considerar la devaluación de la moneda, la fuga de capitales, un empresariado muy preocupado con las malas políticas del Gobierno, una sociedad dividida y politizada, y una clase política en batalla permanente.
Esa supuesta competitividad en las exportaciones que se estaría ganando con la devaluación de la moneda quedaría aplastada al perder el mercado europeo. España perdería sus privilegios europeos y saldría a competir sola en un mar repleto de tiburones. Se colocarían en competencia con los chinos y los estadounidenses. Y seguramente se enfocaría en el mercado latinoamericano. Pero cambiar a Europa por Latinoamérica no es uno de los mejores trueques.
¿Cómo se logrará la competitividad en el mercado internacional bajo semejantes circunstancias? Ah, y para colmo de males, tenemos la cereza del pastel: La nacionalización de la banca y las empresas estratégicas. En otras palabras, en medio de este gigantesco desastre se pretende en nacionalizar la banca. Lo quiere decir que los mercados bursátiles caerán en picada, y las valoraciones de las principales empresas de España se hundirán al subsuelo. Los bancos pasarán a ser administrados por la burocracia gubernamental. O sea, los banqueros serán funcionarios públicos.
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Por una parte, bien sabemos que se requiere de un verdadero milagro para que la burocracia gubernamental maneje bien un banco. Es decir, es más fácil ir a luna en una bicicleta que conseguir eso. Nadie lo ha logrado antes y dudo mucho que Pablo se convierta en el primero en conseguirlo.
Por otro lado, el propósito de dicha nacionalización es, en teoría, colocar a esas empresas en función del “interés del pueblo”. Lo en el fondo quiere decir que se le darán préstamos a todo el mundo sin muchos filtros. Entonces, tenemos un elevado gasto público, una agresiva política fiscal y una violenta política monetaria, pero destrozando la competitividad del país. Porque te peleas con los mercados financieros, con los empresarios y con Europa. O sea, pierdes financiamiento, capacidad productiva y mercado. ¡Vaya receta!
Básicamente, nuestro Superman quiere llegar al poder para convertir a España en un país latinoamericano usando la misma receta desastrosa utilizada por los populistas. Crisis sociopolítica, gasto público excesivo y asfixia para sector privado. La fórmula perfecta para crear una estanflación. Una recesión con inflación. Es prácticamente imposible que la política económica de Pablo Iglesias genere prosperidad para España. Es más fácil que el loco del manicomio vuele como Superman a que España mejore con una solución a la venezolana. Creer en las sandeces de Pablo Iglesias sería un gran disparate.
Este es un artículo de opinión y Cointeleraph no adhiere necesariamente a los expresado aquí por el autor