De manera asombrosa, el S&P 500 se ha recuperado en tiempo récord y borró las pérdidas registradas durante el crash del coronavirus. Es un verdadero milagro financiero. El índice bursátil más representativo de la economía estadounidense, el S&P 500, ya se recuperó en un 50% en tan solo cinco meses y está a un paso de alcanzar el máximo histórico alcanzado el pasado 19 de febrero. Es decir, estamos viendo números de bonanza durante la peor crisis desde la Gran Depresión. Parece una locura, pero es una realidad. Se trata de la recuperación más rápida de un ciclo bajista jamás vista. Solo 126 sesiones. ¿Qué está pasando? ¿Por qué tanta desconexión entre la bolsa y la economía? 

Las empresas tecnológicas (y otros sectores no esenciales) han sido las grandes heroínas de esta apoteósica recuperación. Apple duplica su precio desde los mínimos de marzo. Facebook se incrementó en un 79%. Amazon aumentó en más de 88%. Microsoft sube en más de 54% y Alphabet, la matriz de Google, escaló un 43%. Los sectores tecnología y telecomunicación han dominado, mientras que el financiero y energía han quedado (relativamente) rezagados. La euforia se centra principalmente en el grupo FAANG y en sus allegados como Tesla. Pero no podemos caer en el error de pensar que este puñado de compañías son toda la economía. 

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Entonces, cuando hablamos de la bolsa lo primero que debemos tomar en cuenta es el tema de la representatividad. En otras palabras, ¿de qué hablamos cuando hablamos de la bolsa? Esta supuesta desconexión nos asombra principalmente debido a un malentendido. Pensamos (error) que la bolsa es un reflejo de la economía. Y eso se lo debemos en parte a los políticos. Trump, por ejemplo, habla de las alzas en la bolsa como un logro de su política económica. Pero me temo que las cosas son más complicadas que eso. 

La recuperación de la bolsa, en parte, lo que nos está diciendo es que las grandes compañías tecnológicas no se han visto realmente afectadas por la crisis del coronavirus. Es decir, si eliminamos de las estadísticas las 50 compañías más grandes, veremos un panorama muy distinto. Entonces, en este sentido no es una desconexión en realidad. Lo que sucede es que son dos realidades muy distintas. Una especie de economía en dos capas. O sea, la economía de los titanes y la economía del resto de los mortales.  

Claro que no solo se trata de estadística y rubros. Por supuesto que los estímulos son los grandes responsables de esta recuperación espectacular. La asombrosa expansión monetaria es el combustible de este boom paradójico. Aquí debemos mencionar varias cosas. Nadie está negando que las inyecciones de liquidez son necesarias para subir la demanda y frenar la deflación. El Gobierno tiene que intervenir. El detalle es que hay varias maneras de hacer esto. Podríamos decir que existen dos tipos de inyecciones, las “subcutáneas” y las “intramusculares”. Es decir, se puede crear una lluvia de dinero o se puede sembrar el dinero y esperar que nazcan las plantas de billetes. De las dos maneras, se está imprimiendo dinero. La diferencia está en el método de aplicación de la medicina. 

La solución “subcutánea” es básicamente la solución de Keynes, implementada por Frank Delano Roosevelt durante el New Deal. En esta solución, se incrementa el gasto, se compran cosas, se dan ayudas y se invierte en infraestructura. Es un método lento, pero efectivo. Por otro lado, la solución “intramuscular” consiste en comprar activos financieros a diestra y siniestra. Esta es una solución rápida, pero de corta duración. Es la solución de la crisis 2008-2009 con los bailouts y los estímulos de Obama. Es rescate mediante lluvia de dinero. Por supuesto que la lluvia de dinero infla los precios en los mercados financieros. Pero aquí son los titanes los primeros beneficiados y luego la economía se beneficia por las gotas que caen del techo. 

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En esta oportunidad, se ha escogido la solución “intermuscular”. ¿Por qué? En mi humilde opinión, todo se lo debemos a la política. El ambiente político no está como para soluciones lentas. Y, para colmo de males, estamos en año electoral. En conclusión, los mercados están siendo dominados por el mercado de capitales y el mercado de capitales está bajo el dominio del tío Sam. La gran lluvia de papel. La fiesta seguirá hasta que deje de llover. Y dudo mucho que eso sea antes de las elecciones. Y es posible que siga durante los primeros meses del nuevo mandato. 

Ahora bien, el niño que es llorón y la mamá que lo pellizca. La lluvia de dinero del tío Sam ha despertado la codicia de los inversores. Sobre todo, la de los más inmaduros. Y en este boom tenemos a los Robinhood traders que se han vuelto locos con la recuperación y están creando una burbuja. Aquí los fundamentales ni se consideran. Las alzas generan entusiasmo y el entusiasmo genera nuevas alzas. Pero ya sabemos cómo termina esta historia. 

¿Se justifica esta euforia? Claro que no se justifica, pero es comprensible porque estamos bajo los efectos hipnóticos de una droga muy potente: Los estímulos. La gran pregunta: ¿Está el mercado sobrevalorado? Por supuesto que sí. Los fundamentales no sustentan los precios de hoy. Sin embargo, los inversores están ciegos de codicia y los billetes que caen del cielo no dejan que veamos con claridad. Los inversores saben que están comprando muy alto, pero suponen que las cosas van a mejorar. Entonces, una compra hoy es una apuesta al crecimiento futuro. O sea, se está asumiendo mucho riesgo sobre puros supuestos. La liquidez no lo es todo. Y los estímulos no durarán para siempre. La economía no está muy bien y hay demasiada incertidumbre. Lo que quiere decir que la situación es muy delicada. 

¿Qué está diciendo el Smart Money? O sea, ¿qué dicen los inversores serios? El rumor es "vende ahora y prepárate para el próximo rally". Así de claro. El S&P 500 podría terminar el año en los 3000 puntos. Un poco menos que ahora. O sea, de aquí a diciembre se impondrá lo lateral. Y cuando los estímulos terminen o se moderen (después de las elecciones o después de los primeros días del nuevo mandato) se podría registrar un descenso (gradual o dramático).  

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¿Seguro? Nada es seguro en este negocio. Pero esos son los rumores en el club. ¿Qué nos espera ahora? Seguro que vendrán más estímulos para que se puedan cerrar las campañas con broche de oro. Pero aquí el único adivino es Nostradamus y él murió hace mucho tiempo. 

¿Qué podemos hacer nosotros los simples mortales ante tanta incertidumbre? Bueno, podríamos empezar por mantener la calma. Y por calma me refiero a dejar la codicia. No sería insensato recoger un poco de ganancias en caso de que la cosa se ponga fea más adelante. Crear una especie de fondo ahora, que estamos en época de vacas gordas en honor a la prudencia. En otras palabras, no hay que volverse loco. La euforia de este momento no es buena señal. Si nos ponemos a escuchar ahora a las Robinhood traders, lo vamos a lamentar después. El FOMO no es un buen consejero. 

¿Qué pasa si se registran nuevas alzas? Bueno, estaríamos perdiendo (en parte) una oportunidad, pero con algo de dinero en el bolsillo. Pero, ¿qué pasa si nos quedamos en un 100% y llega un nuevo crash? En este caso, sí perdimos dinero. Y una cosa es perder dinero y otra muy distinta es perder una oportunidad. Es importante entender los riesgos y jugar a la balanza. Con todo sobrevalorado, entrar ahora de lleno es como entrar a un casino. A veces es mejor esperar, tomar una pausa e ir con calma. Esto implica para la bolsa, y aplica para Bitcoin