Después de la crisis del 2008, la gente perdió la confianza en los bancos. No totalmente, pero sí en gran parte. Sobre todo, entre los millennials. La narrativa poscrisis nos dijo que los bancos y los gobiernos fueron los grandes culpables de todo. El sistema no solo está podrido moralmente por dentro. También sus fallas van más allá. Este sistema es demasiado anticuado técnicamente. Internet y la globalización cambiaron al mundo, pero el sector bancario es un dinosaurio que se niega a evolucionar. Los bancos son un oligopolio burocrático que se nos impone con la fuerza. No mejoran sus servicios, porque no tienen la necesidad de hacerlo. Sus privilegios son demasiado grandes, porque el Gobierno se los concede por decreto. Pero existe una esperanza. La revolución Fintech. Es la combinación de ética, tecnología y finanzas. O así dice la narrativa. Pero, ¿es acaso esto cierto? Hablemos de la revolución Fintech. ¿Es tan idílica como promete ser?
Por supuesto que debajo de la categoría Fintech, podríamos incluir, perfectamente, a Bitcoin y al blockchain. No es secreto que para muchos, Fintech es el paraíso terrenal y la alternativa al sistema bancario tradicional. Pero esta idea puede resultar peligrosa. Además, de resultar contraproducente en muchos casos. Porque la falacia de dividir al mundo entre malvados y salvadores siempre trae problemas. Tarde o temprano, los salvadores muestran su verdadero rostro y terminan por decepcionarnos. He ahí el inconveniente de crear mitos. Con frecuencia, nuestros resentimientos hacia lo establecido nos hacen idolatrar la alternativa. Grave error. Nunca debemos dejar que las pasiones nos nublen la razón. No está demás ser un poco más escépticos con las cosas que apoyamos. El éxito de Fintech necesita de mentes despiertas, no seguidores ciegos. El fanatismo es fatal para una causa.
Sigue leyendo: Bancos de España prueban pagos mediante tecnología blockchain
Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Fintech? Bueno, con la proliferación de sistemas que ofrecen servicios financieros través de Internet, ha surgido el término fintech, que básicamente es la unión de dos palabras, finanzas y tecnología. Por lo general, esta etiqueta se les coloca a empresas que, aunque ofrecen servicios comúnmente asociados a los bancos, técnicamente no son bancos. Sin embargo, no todo “no banco” es considerado fintech. Y los bancos también participan en fintech. Para ser fintech se debe ofrecer un servicio financiero que tenga un elemento tecnológico importante. Por ejemplo, software. Las startups fintech han logrado utilizar la tecnología financiera para abaratar costos y facilitar los procesos. En cierta forma, están ayudando a democratizar las finanzas con la ayuda de Internet. Es la Internet del valor. Es la digitalización del sector financiero.
Claro que la industria fintech se divide en sectores. Estas divisiones por supuesto no son finales. Por lo general, estos sectores se entrelazan y las líneas divisorias tienden a ser sumamente difusas. Entonces, esta categorización, aunque inexacta, es muy práctica como descripción general. ¿Cuáles son estos sectores? Bueno, si existe un sector dominante en esta industria, es el sector de los pagos. Es tan sencillo como suena. Pagos. Pero pagos de forma fácil y económica con la ayuda de software, aplicaciones móviles e Internet. Luego, en orden de importancia, tenemos el de los préstamos. Estamos hablando de préstamos P2P, crowdfunding, crowdlending, microcréditos, anticipos, etc. También está el sector de los seguros. Comúnmente llamado Insurtech. Y, por supuesto, el sector de las inversiones y el sector blockchain. Aquí se ubica Bitcoin. Bitcoin, dependiendo de quién habla, puede ser una industria separada de Fintech o puede ser su pieza más importante.
Sigue leyendo: Reuters: el banco neerlandés ING desarrolla tecnología de custodia de activos digitales
El elemento clave del Fintech es eficiencia. Claro que eficiencia es un sentido amplio. Accesible, fácil de usar, rápido, económico. Las soluciones fintech son una mejora de los viejos productos comúnmente ofrecidos por los bancos. Es decir, son un avance. Entonces, ahora tenemos los neobancos, las startups fintech, y un sinfín de apps. Los bancos son lo viejo e ineficiente. Y fintech es lo nuevo y genial. Pero, ¿por qué los bancos son tan ineficientes? Bueno, una razón de peso es el hecho de ser un oligopolio burocrático. Muy gordos para caminar hacia adelante. El otro factor es probablemente las regulaciones. Hay cosas que los bancos pueden hacer y hay otras que no. Los Gobiernos sí les conceden a los bancos muchos privilegios, pero también les imponen muchas responsabilidades. Esto los limita. Sin embargo, existe otra diferencia importante. Los bancos tienen una terrible reputación. Son los villanos en la mayoría de las narrativas. Por otro lado, la tecnología es una salvación heroica.
Sobre todo después de la crisis del 2008, la reputación de los bancos cayó en picado. En los ojos del público, sobre todo entre el público joven, los bancos son instituciones muy poco confiables. Son una mafia que nos roba todo el tiempo. Son maldad pura. La tecnología, por otro lado, es progreso, creatividad y sofisticación. Es también rebeldía, innovación y juventud. Entonces, es natural que estos dos polos se presentan como opuestos. Sin embargo, esta caracterización es, de hecho, ilusoria. Se presenta solo en la superficie. Pero si indagamos un poco más, pronto nos damos cuenta que en realidad estos dos brazos están más integrados de lo que se asume. En otras palabras, los bancos son tan dinosaurios, la industria fintech no es tan pura como presume y estos dos no están tan separados como se piensa. Para la desilusión de muchos, este mundo no se divide entre ángeles y demonios. Aquí todos son mortales. Somos dulces y amargos. Dos en uno.
Sigue leyendo: En el último año, el ecosistema fintech de Argentina creció un 70 por ciento
¿Quién está detrás del fintech boom? Primero, la necesidad. La gente necesita este tipo de productos. Segundo, la posibilidad. La revolución fintech es hija de dos revoluciones anteriores, la del computador personal y la de Internet. Sin estas revoluciones, hoy estaríamos en las mismas. Pero, habiendo dicho esto, ¿quién está detrás del boom fintech? Diciéndolo crudamente, los bancos y las grandes tecnológicas. Así de sencillo. Así de irónico. Es decir, el sistema controla lo establecido y, al mismo tiempo, controla la revolución. La manera más sencilla de comprobar esto es, como siempre, siguiendo el dinero. ¿Quién financia a las startups fintech? Seguramente, nos encontraremos a tres tipos de inversionistas: Los bancos, las tecnológicas y los capitalistas de riesgo. Lo mismo pasa con las criptoempresas. Eso de la guerra entre Fintech y los bancos es un truco semántico y de marketing. Los que mueven los hilos del poder son los mismos en ambos casos.
Por supuesto que mi intención no es insinuar que la revolución es controlada por los villanos en una especie de teoría de conspiración inversa. Lo que en realidad se está hablando aquí es que mientras algunos están peleando una guerra sin cuartel en Twitter en contra de los bancos y defendiendo a capa y espada la industria de Fintech y Blockchain, los grandes jefes de estos dos sectores están tomando champán y haciendo negocios juntos sin mucho sentimentalismo. Debemos ser cautelosos, sí. Porque muchos malos actores se escudan de un buen nombre y una cara bonita para hacer fechorías. Mejor dicho, una startup, ya sea fintech o blockchain, no es buena simplemente porque utilice el nombre bitcoin o fintech y tenga a un millennial como CEO. Por otro lado, existen instituciones financieras que están ofreciendo productos muy buenos. No todo es malo. De vez en cuando es bueno abandonar los dogmas y redefinir nuestros criterios.