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Gustavo Godoy
Escrito por Gustavo Godoy,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

¿Por qué Bitcoin y Ethereum están retrocediendo?

Análisis de los factores económicos, técnicos y psicológicos que explican el reciente retroceso de las criptomonedas.

¿Por qué Bitcoin y Ethereum están retrocediendo?
Opinión

El comportamiento reciente de los activos digitales más relevantes del mercado ha generado una serie de interrogantes entre inversores y analistas por igual. Tras periodos de relativa estabilidad o crecimiento, Bitcoin y Ethereum han iniciado una fase de retroceso que parece responder a una confluencia de factores externos e internos. Para comprender este movimiento, es necesario alejarse de las explicaciones simplistas y observar cómo la arquitectura financiera global, la mecánica de los mercados de derivados y la psicología colectiva interactúan en un entorno de alta sensibilidad informativa. Este descenso no es un evento aislado, sino el resultado de un ajuste en las expectativas y en la liquidez disponible en el sistema.

Uno de los pilares fundamentales para explicar este retroceso reside en el panorama macroeconómico global. A pesar de su naturaleza descentralizada, Bitcoin y Ethereum son percibidos por los grandes gestores de capital como activos de riesgo. Esta clasificación los vincula estrechamente con las decisiones de los bancos centrales, especialmente con las políticas dictadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Cuando las autoridades monetarias deciden mantener las tasas de interés en niveles elevados o sugieren que no habrá reducciones en el corto plazo, el costo del dinero se encarece. En este escenario, los inversores institucionales tienden a buscar refugio en activos considerados seguros, como los bonos del Tesoro, cuya rentabilidad garantizada se vuelve más atractiva frente a la incertidumbre de los activos digitales. Esta migración de capital reduce la presión de compra y debilita el soporte de los precios.

Acompañando a las tasas de interés, la fortaleza del dólar estadounidense desempeña un papel crucial. Históricamente, existe una correlación inversa entre el valor de la divisa norteamericana y los activos denominados en dicha moneda. Un dólar fuerte suele ejercer una presión a la baja sobre las materias primas y los criptoactivos. Cuando la economía tradicional muestra señales de resiliencia o cuando las tensiones geopolíticas impulsan la demanda de dólares como refugio, Bitcoin y Ethereum tienden a perder terreno. Este fenómeno macroeconómico establece un techo difícil de superar, ya que la liquidez global fluye hacia la moneda de reserva por excelencia, dejando menos espacio para la expansión de los mercados alternativos.

Más allá de la macroeconomía, la mecánica interna de los intercambios digitales acelera los descensos mediante el fenómeno conocido como liquidaciones en cascada. Una parte significativa de la actividad comercial en el sector criptográfico se realiza mediante el apalancamiento, donde los operadores utilizan fondos prestados para magnificar sus posiciones. Si bien esto puede potenciar las ganancias, también crea una estructura de mercado extremadamente frágil. Cuando el precio experimenta una caída inicial, se activan de forma automática las órdenes de liquidación forzosa para cubrir las deudas de los operadores. Este proceso genera una venta masiva y repentina que empuja el precio aún más abajo, lo que a su vez activa nuevas liquidaciones. Esta reacción en cadena crea un efecto dominó que puede desplomar las cotizaciones en cuestión de minutos, transformando una corrección leve en un retroceso profundo.

La entrada de las finanzas tradicionales a través de los fondos cotizados en bolsa, o ETFs, ha añadido una nueva capa de complejidad a la formación de precios. La aprobación de estos productos para Bitcoin y Ethereum en los mercados estadounidenses significó un hito de adopción, pero también aumentó la dependencia del flujo de capital institucional. Actualmente, el mercado observa con atención los informes de entradas y salidas de estos fondos gestionados por entidades como BlackRock o Fidelity. Cuando estos grandes vehículos de inversión registran salidas netas de capital, se genera una presión de venta que el sector minorista difícilmente puede contrarrestar. La percepción de que las instituciones están retirando sus ganancias o reduciendo su exposición actúa como una señal de alerta para el resto de los participantes, exacerbando la tendencia bajista.

Este proceso de retroceso también se ve alimentado por el latigazo de narrativa. El mercado suele operar bajo una constante sobreactuación ante el flujo informativo. En ausencia de catalizadores positivos recientes, como mejoras técnicas significativas en los protocolos o marcos regulatorios favorables, el impulso se agota. El sentimiento pasa rápidamente del optimismo al miedo ante la falta de nuevas razones para mantener las posiciones de compra. Además, la disonancia cognitiva lleva a los inversores a procesar datos negativos de manera exagerada. Noticias relacionadas con la posible venta de activos por parte de gobiernos o la redistribución de fondos de antiguos intercambios en quiebra son interpretadas como amenazas inminentes, provocando que los participantes busquen la salida de manera simultánea.

Desde una perspectiva técnica, el respeto o la ruptura de ciertos niveles de precios define la dirección del mercado. Bitcoin suele operar con zonas de soporte identificadas por los analistas como suelos psicológicos y técnicos donde la demanda ha superado históricamente a la oferta. Si el precio rompe estos niveles hacia abajo, se produce un cambio en la percepción de la tendencia. Muchos sistemas de comercio automatizado y algoritmos están programados para vender cuando se perforan estos soportes, lo que añade presión adicional al descenso. Esta capitulación técnica se ve reforzada por la situación de los mineros. Cuando el valor de mercado cae por debajo de los costos operativos de producción, algunos mineros se ven obligados a vender sus reservas para mantener la viabilidad de sus empresas, aumentando la oferta disponible en un mercado que ya carece de compradores suficientes.

El retroceso actual puede ser interpretado como una búsqueda de liquidez necesaria. El mercado, tras alcanzar niveles de saturación o sobrecompra, requiere limpiar el exceso de optimismo y eliminar las posiciones excesivamente apalancadas. Este proceso de ajuste permite encontrar un nuevo punto de equilibrio más sólido, basado en una distribución de activos más realista entre los participantes. Aunque la caída genera temor en el corto plazo, es un mecanismo que el sistema utiliza para purgar los excesos y establecer las bases de una estructura de precios más sostenible en el futuro.

Se podría argumentar que el descenso de precios en Bitcoin y Ethereum no es un signo de debilidad, sino una manifestación de su creciente integración y estabilidad dentro del sistema financiero global. Bajo este enfoque, las caídas bruscas son en realidad periodos de transferencia de activos desde manos especulativas hacia instituciones con horizontes temporales de largo plazo que buscan valor en la infraestructura técnica. En lugar de ver el retroceso como un fracaso del activo, podría interpretarse como una validación de su madurez, donde el mercado simplemente está eliminando la volatilidad artificial creada por el crédito barato y los inversores de corto plazo. Así, lo que parece ser una pérdida de valor es, posiblemente, el proceso mediante el cual estos activos se desprenden de su ruido especulativo para reflejar de manera más fiel su utilidad como reservas de valor modernas.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.


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