Uno podría llegar a pensar que las crisis por tratarse de ciclos económicos recurrentes no nos toman por sorpresa. Pero no. Resulta sumamente curioso que siempre nos sorprenden como accidentales. Por alguna razón, pensamos que los períodos de auge económico son eternos. Sin embargo, eso no es cierto. La expansión nos lleva al auge. Y el auge nos lleva a una eventual contracción. Después de eso, llega una nueva expansión y así sucesivamente. Son ciclos que se repiten constantemente. Se llama crisis a la fase de contracción. Y para el público siempre es un gran shock. Surgen los reproches, los señalamientos, y las culpas. La indignación genera protestas y tensión sociopolítica. Los populistas alimentan la ira del pueblo para llegar al poder mostrándose como los salvadores de la “crisis”. Sin embargo, los ciclos son parte esencial de nuestro sistema. ¿Qué es una crisis en realidad? ¿Cómo debemos afrontarla? 

Estamos en medio de una crisis. Han pasado 12 años desde la última crisis y ahora estamos viviendo otra. Durante la crisis financiera del 2008, la económica experimentó una contracción considerable, pero se estima que esta será mucho peor. Esta crisis será más honda. La pandemia del coronavirus le añade mayor complejidad a nuestra situación. Porque el camino a la recuperación tendrá obstáculos adicionales. Estamos hablando de restricciones por un tema de salud que son imperativas, pero son grilletes de la recuperación. Entonces, esta crisis es doble y debemos ser ambidiestros.  Por un lado, debemos acatar las medidas salubres para controlar la pandemia. Y, por otro lado, debemos trabajar en la recuperación económica. En otras palabras, estamos caminando sobre hielo y el peligro es doble esta vez. 

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Ahora bien, esta crisis ha sido comparada, por su gravedad, con la Gran Depresión de los años 1930s. Para entender aquella crisis debemos recordar a los locos años 1920s. La Primera Guerra Mundial había terminado y dejó al viejo continente prácticamente destrozado. Sin embargo, Estados Unidos, que entró al conflicto tardíamente, quedó muy fortalecido y en una situación de franca ventaja con respecto de las demás potencias. Los alocados años 20s fueron años de desenfreno en casi todos los sentidos. Hubo un claro crecimiento económico, pero después de cierto punto se formó una burbuja financiera. La burbuja estalló en el famoso crack del ’29 con el colapso de la Bolsa de Valores de Nueva York que perdió más de 50% de su cotización. Dos factores contribuyeron a que este golpe fuera particularmente duro: El exceso de deuda, y la sobreproducción industrial. 

Las burbujas son básicamente una sobrevaloración irracional del mercado. De hecho, es posible que un mercado suba mucho de precio sin ser necesariamente una burbuja. El problema se genera cuando surge un contraste entre los mercados financieros y la economía real. En otras palabras, si los mercados financieros no van a la par del producto interno bruto, probablemente existe una subvaloración y una sobrevaloración de los mercados. En el caso de una burbuja, es una sobrevaloración. 

La cantidad de deuda es sumamente importante. La deuda genera ciclos. Sobre todo, la mala deuda. La deuda de consumo y no de inversión. Porque la deuda es más dinero para hoy, pero menos dinero para mañana. Es pago hoy y una promesa de devolver el pago mañana. Esto incrementa la liquidez en la calle primero, pero luego retira dinero de la calle, porque debemos pagar lo prestado. Cuando los mercados colapsan (por miedo o por corrección), los ingresos y el valor de los activos disminuyen. Entonces, las deudas se vuelven más pesadas. Esto reduce nuestra capacidad de consumo. Y ahí la economía se resiente aún más. Se forma una espiral deflacionaria por la reducción de la demanda. Los negocios comienzan a despedir a su personal porque no pueden pagar los salarios. Y la crisis se acentúa.

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Claro que existe un elemento que debemos considerar cuando hablamos de una crisis. Se trata de los recortes de producción o de la sobreproducción. Los recortes de producción (o/y problemas de distribución) suben los precios y generan inflación. En algunos casos, también genera escasez. Esto golpea el bolsillo y hace que las deudas pesen un poco más. 

La sobreproducción, por otro lado, baja los precios, pero también es perjudicial porque afecta la rentabilidad de los negocios. Los negocios tienen menos capital para invertir. Por lo general, reducen personal. Y crecen poco. 

Durante la crisis del 2008, tuvimos recortes en la producción de petróleo, exceso de deuda, inflación en varios rubros, sobreproducción en otros, poco crecimiento económico real, bajos salarios y una burbuja financiera. ¿Por qué surgieron las quiebras? Por la combinación de dos cosas: Pocos ingresos con mucho endeudamiento. La economía real no estaba creciendo al mismo ritmo que los mercados financieros y la deuda. 

Durante esta crisis del coronavirus, el problema es obviamente una caída brusca de la demanda por el confinamiento. Sin embargo, por años hemos estado alimentando una burbuja financiera, porque el crecimiento económico real (PIB) no justificaba valoraciones tan elevadas. También resulta evidente que estamos endeudados hasta el cuello. Como también es claro que hay elementos de sobreproducción en el mundo. Ejemplo: Petróleo. Ejemplo: Manufactura china

Ahora hablemos de las soluciones. La Gran Depresión dura mucho en parte porque no es tomaron las medidas a tiempo. En el caso del 2008, nos guste o no, sí se hizo lo correcto. Las crisis son básicamente un cuadro deflacionario que se combate principalmente con inyecciones de liquidez, reducciones de deuda, ajustes de producción e incrementos del gasto público. Es decir, estimulando la demanda sacando dinero a la calle. Así de sencillo. Así de complejo.  

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Señores, lamento informarles que, aunque está muy lejos de ser un sistema perfecto, es lo que mejor ha funcionado hasta ahora. Durante una crisis, el Gobierno debe intervenir con la implementación de políticas fiscales y monetarias de emergencia. Ok, Ok, ¡calmaos!, fieles de la escuela austriaca de economía. Es cierto. Los argumentos en contra de esta solución son válidos, pero, lo siento mucho, inviables. La teoría es sólida, pero la práctica catastrófica. ¿Qué nos dice la escuela austriaca de economía (tan seguida en el espacio cripto) sobre las crisis? Bueno, que no debemos hacer nada, que la deflación se corrige sola y que “el dolor es temporal”, pero necesario. Es mejor tener hambre que una inversión. Es la solución espartana de que el carácter se forja con dolor y sufrimiento. Cierto, pero no hay chance de que algo así sea avalado por el público. Si eso se aplica, tendríamos una sublevación social

La corriente del keynesianismo que dice que el Gobierno debe intervenir mediante medidas de emergencia que estimulen la demanda es, nos guste o no, la práctica dominante. Fue la solución durante la crisis de los años 1930s. Fue la solución durante la crisis del 2008. Y es la solución de esta crisis. No es una medicina perfecta. Pero ¿decirle al enfermo se vaya a casa sin hacer nada? ¡Caramba! Que si en caso de no morir eventualmente será más fuerte. Esa simplemente es una solución que no es para todo el mundo. Entre los entusiastas de Bitcoin se defiende mucho esa postura tan radical y absurda. Una locura. Pero contradecir un dogma siendo minoría puede resultar muy peligroso. Yo lo que hago es que guardo silencio, volteo la mirada y me retiro lentamente.