Cointelegraph
Gustavo Godoy
Escrito por Gustavo Godoy,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

Por qué Fidelity ahora quiere crear su propia moneda

Análisis sobre cómo la regulación y la eficiencia impulsan a Fidelity a emitir su moneda propia.

Por qué Fidelity ahora quiere crear su propia moneda
Opinión

El panorama financiero de este año muestra una transformación profunda en la manera en que las grandes instituciones perciben los activos digitales. Lo que comenzó como una fase de observación y experimentación moderada ha evolucionado hacia una ejecución estratégica de alto nivel. Empresas de la magnitud de Fidelity han identificado que la infraestructura basada en registros distribuidos ofrece ventajas competitivas que los sistemas bancarios tradicionales no pueden replicar en términos de velocidad y costo. 

En este contexto, el interés por las monedas estables (stablecoins) ha dejado de ser una tendencia marginal para convertirse en el núcleo de una nueva arquitectura de pagos institucionales. La utilidad de estos activos es evidente al permitir liquidaciones casi instantáneas y facilitar una gestión de tesorería global mucho más dinámica, eliminando las fricciones habituales de los mercados convencionales.

Históricamente, el principal obstáculo para que estas corporaciones dieran el paso definitivo hacia la emisión de sus propios activos fue la incertidumbre jurídica. La falta de un marco legal claro generaba riesgos reputacionales y operativos que las juntas directivas no estaban dispuestas a asumir. Sin embargo, el entorno actual es radicalmente distinto gracias a un cambio de paradigma regulatorio que ha aportado la seguridad necesaria. En el continente europeo, la plena implementación del Reglamento de Mercados de Criptoactivos ha establecido un estándar de cumplimiento que sirve como pasaporte para operar con total legalidad en decenas de jurisdicciones. Este marco no solo protege al usuario, sino que define con precisión las obligaciones de los emisores, permitiendo que la innovación ocurra dentro de un perímetro controlado y supervisado.

En paralelo, los avances legislativos en otras regiones clave han seguido un camino de maduración similar. La creación de leyes que exigen requisitos de reserva estrictos y auditorías periódicas obligatorias ha otorgado a las entidades bancarias y gestoras de fondos la confianza técnica para integrar estos activos en sus balances contables. Al existir reglas claras sobre cómo deben custodiarse los fondos que respaldan a estas monedas, el riesgo de insolvencia se reduce drásticamente. Esto permite que las instituciones ya no solo actúen como usuarias de soluciones externas, sino que se conviertan en protagonistas del sistema emitiendo sus propios instrumentos financieros digitales.

La transición de ser simples consumidores de tecnología a convertirse en emisores directos marca un punto de inflexión en la eficiencia empresarial. En lugar de depender de redes de terceros que pueden presentar limitaciones en su capacidad de respuesta o en sus estructuras de costos, empresas como Fidelity buscan crear ecosistemas cerrados o interoperables que optimicen el flujo de capital. La capacidad de mover activos entre filiales globales en cuestión de segundos, sin pasar por la compleja red de mensajería bancaria tradicional que a menudo requiere varios días para confirmar una operación, supone un ahorro operativo masivo. La tokenización del dinero se ha consolidado como el nuevo estándar para el sector entre empresas, donde la agilidad es un factor crítico de éxito.

Además del factor eficiencia, la rentabilidad juega un papel determinante en esta decisión. El modelo de negocio detrás de una moneda estable emitida por una institución financiera es altamente atractivo. Los fondos que respaldan estas monedas suelen estar invertidos en activos seguros y líquidos, como los bonos del Tesoro. En un entorno donde estos instrumentos ofrecen rendimientos constantes, el emisor puede capturar ese margen mientras ofrece a sus clientes un activo digital estable y fácil de usar. Esto transforma a la moneda en un producto financiero que genera ingresos de forma pasiva mientras cumple su función como medio de intercambio dentro de la red institucional.

La propuesta de valor de Fidelity y otras entidades similares reside en la confianza de marca combinada con la superioridad técnica de la cadena de bloques. Para un inversor institucional, utilizar una moneda emitida por una entidad con décadas de trayectoria y bajo estricta supervisión regulatoria es mucho más atractivo que recurrir a soluciones cuyo respaldo u origen sea menos transparente. Esta convergencia entre las finanzas tradicionales y la tecnología digital permite que la liquidez fluya de manera más libre y segura, estableciendo las bases para un sistema financiero global más integrado y menos dependiente de intermediarios obsoletos.

Sin embargo, el éxito de esta iniciativa no depende únicamente de la tecnología o de la regulación, sino de la capacidad de estas monedas para interactuar entre sí. El surgimiento de múltiples monedas estables institucionales plantea el desafío de la fragmentación. Si cada gran banco o gestora crea su propio activo, el mercado podría enfrentarse a un escenario de ecosistemas aislados que requieran nuevamente de puentes complejos para comunicarse. La verdadera prueba de fuego para Fidelity será demostrar que su moneda no solo es útil dentro de su propia infraestructura, sino que puede integrarse sin fricciones en el ecosistema financiero global de forma abierta.

Para concluir este análisis con una perspectiva equilibrada, es necesario plantear una posibilidad que suele pasar desapercibida en los debates sobre la digitalización del dinero. Existe el riesgo de que la adopción masiva de monedas estables institucionales, lejos de dinamizar la economía, termine por crear una nueva forma de rigidez financiera. Al estar estas monedas vinculadas de manera tan estricta a activos de reserva tradicionales y a marcos regulatorios sumamente específicos, su capacidad de respuesta ante crisis de liquidez imprevistas podría ser menor que la de los sistemas actuales.

Desde este enfoque, la perfección técnica y el respaldo absoluto podrían limitar la flexibilidad que el sistema bancario comercial ha utilizado históricamente para expandir el crédito en momentos de necesidad. Si el dinero digital institucional se vuelve puramente transaccional y pierde esa capacidad de multiplicación o ajuste elástico, el mercado podría descubrir que ha cambiado la eficiencia operativa por una menor resiliencia macroeconómica. En este sentido, la moneda de Fidelity podría ser una herramienta de pago excepcional, pero su éxito como activo financiero global dependerá de que no se convierta en una camisa de fuerza que impida la respuesta necesaria ante los ciclos de contracción económica que siempre forman parte de la realidad de los mercados.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.


Este artículo de opinión presenta la perspectiva experta del colaborador y puede no reflejar las opiniones de Cointelegraph.com. Este contenido ha sido sometido a una revisión editorial para garantizar la claridad y la relevancia, y Cointelegraph mantiene su compromiso con la transparencia informativa y los más altos estándares del periodismo. Se recomienda a los lectores que realicen su propia investigación antes de tomar cualquier acción relacionada con la empresa.