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Kevin RiveraKevin Rivera

Bitcoin como motor del nuevo turismo salvadoreño

Más allá del surf y el sol, el país ha encontrado en bitcoin, en sus eventos internacionales y en las comunidades que lo rodean, un nuevo imán para visitantes de alto valor agregado.

Bitcoin como motor del nuevo turismo salvadoreño
Opinión

A lo largo de distintas coberturas periodísticas realizadas en 2025 —tanto en eventos oficiales como en encuentros del ecosistema bitcoin— autoridades del sector turístico y gestores del desarrollo urbano compartieron datos y valoraciones que permiten dimensionar el impacto real de bitcoin en la industria turística salvadoreña. Más allá del discurso, los números y la ocupación en territorio confirman que el fenómeno ya tiene efectos económicos medibles.

Hablar del turismo en El Salvador hoy implica reconocer un “antes y un después”. No es una frase retórica, sino una lectura respaldada por estadísticas oficiales y por la experiencia cotidiana de cientos de negocios turísticos que han integrado bitcoin a su operación. “Según nuestras estadísticas, el ingreso de ventas de aquellos negocios turísticos que tienen el manejo de bitcoin aumentan sus ingresos en alrededor de un 30%”, afirmó la ministra de Turismo, Morena Valdez.

Este incremento no es menor para un sector históricamente sensible a la estacionalidad y a los choques externos. Además, el impacto no está concentrado en un solo punto del país. San Salvador y La Libertad encabezan la adopción: de los 504 establecimientos que aceptan bitcoin a nivel nacional, 166 se ubican en San Salvador y 136 en La Libertad, lo que representa el 60% del total. A estos se suman otros territorios como Santa Ana y Berlín, en Usulután, donde la adopción comienza a articularse con propuestas culturales y turísticas locales.

La composición de estos negocios explica por qué el efecto económico se siente de forma transversal. Del total de establecimientos que aceptan bitcoin, 320 corresponden al rubro de alimentación, 86 a alojamiento, 26 a sitios recreativos, 38 a servicios de información y 34 a transporte turístico. En otras palabras, bitcoin no se limita a un nicho tecnológico, sino que atraviesa toda la cadena de valor del turismo. En este proceso, las empresas combinan el uso del monedero estatal Chivo Wallet con billeteras privadas que operan en la plaza salvadoreña, mostrando una adopción práctica más que ideológica.

A este ecosistema se suma un factor clave: los eventos bitcoin. Encuentros como Adopting Bitcoin 2025, el Plan B Forum 2025 y la primera conferencia organizada por el Gobierno en 2025 en el Centro Histórico, Bitcoin Histórico, han convertido a El Salvador en una parada obligatoria del calendario global bitcoiner. Estos eventos no solo atraen visitantes durante algunos días, sino que impulsan estancias prolongadas, consumo sostenido y una visibilidad internacional que difícilmente se lograría con campañas tradicionales de promoción turística.

Uno de los rasgos más distintivos de este nuevo visitante es su permanencia. De acuerdo con Valdez, los bitcoiners suelen quedarse en el país entre cuatro y seis meses, realizando turismo durante toda su estadía. No se trata, entonces, del visitante ocasional, sino de un perfil que alquila vivienda, consume localmente y se integra —al menos de forma temporal— a la economía nacional.

El impacto de esta dinámica es especialmente visible en el Centro Histórico de San Salvador, un espacio que durante décadas simbolizó deterioro y abandono. Para Adriana Larín, directora general de la Autoridad del Centro Histórico de San Salvador (Aplan), el efecto de estos encuentros va más allá del posicionamiento:

Eventos como Bitcoin Histórico no solo aportan posicionamiento internacional, sino que generan un derrame económico real. Durante ese evento, prácticamente todos los establecimientos del Centro Histórico estuvieron llenos

Larín también subrayó el impacto simbólico de este tipo de iniciativas: “Este tipo de eventos ya no nos posicionan por lo que fuimos conocidos durante décadas, como la delincuencia o la violencia, sino como un país seguro, en transformación, que apuesta por la cultura, el turismo y la inversión”. En ese sentido, bitcoin y sus comunidades han contribuido a cambiar la narrativa internacional sobre El Salvador, apoyándose en hechos concretos y no solo en discursos.

Las cifras macro acompañan esta percepción. Hasta el 14 de diciembre, el Ministerio de Turismo de El Salvador reportó la llegada de 3,8 millones de visitantes internacionales, lo que equivale al 94% de la meta anual. No todo este crecimiento se explica exclusivamente por bitcoin, pero sería difícil ignorar su papel como catalizador de una nueva narrativa país y como imán para comunidades globales con alto poder de consumo.

Desde una mirada de opinión, el caso salvadoreño deja una lección clara: cuando la innovación tecnológica se combina con eventos bien ejecutados y comunidades activas, el impacto trasciende lo simbólico. En El Salvador, bitcoin dejó de ser únicamente una política monetaria para convertirse en un vector de turismo, inversión y reposicionamiento internacional. El desafío ahora no es demostrar que funciona, sino cómo escalar y sostener este modelo para que su derrame económico llegue a más territorios y a más actores locales.

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