La economía es una ciencia social que estudia el comportamiento humano en relación con la producción, la distribución, el consumo y el intercambio de bienes y servicios. La economía se basa en la idea de que los recursos son escasos y que, por lo tanto, las personas deben tomar decisiones sobre cómo utilizarlos.

Los economistas utilizan una variedad de herramientas para estudiar la economía, como la teoría económica, la estadística y los modelos matemáticos. La teoría económica proporciona un marco conceptual para comprender el comportamiento humano en el ámbito económico. La estadística se utiliza para recopilar y analizar datos económicos. Los modelos matemáticos se utilizan para predecir el comportamiento económico futuro.

La economía es una ciencia importante porque puede ayudarnos a entender cómo funciona el mundo y cómo podemos tomar mejores decisiones económicas. La economía se utiliza para informar a las políticas gubernamentales, las decisiones empresariales y las elecciones personales. Sin embargo, la economía también es una ciencia compleja y con muchos factores interrelacionados. Esto hace que sea difícil predecir con precisión los resultados de las políticas económicas. Además, la economía también es una ciencia sujeta a debates ideológicos, lo que puede hacer que las opiniones de los economistas sean percibidas como partidistas. Por último, la economía también es una ciencia que a menudo se simplifica demasiado en los medios de comunicación, lo que puede llevar a la confusión y la desinformación.

La política suele polarizarse en diferentes ideologías, como el liberalismo, el progresismo, el populismo o el conservadurismo. Cada una de estas ideologías tiene una visión particular de la economía, y elige aquellas teorías que apoyan sus ideas. Así, los liberales defienden la economía de mercado, los progresistas la economía social, los populistas la economía nacional y los conservadores la economía tradicional. Cada grupo tiene a su economista favorito y lo defiende como un dogma de fe.

Pero la economía no es una religión, sino una ciencia. Y como tal, debe ser objetiva, rigurosa y basada en la evidencia. La economía no debe estar al servicio de la política, sino al servicio de la verdad. La economía no debe ser una herramienta de propaganda, sino una herramienta de análisis. La economía no debe ser una fuente de conflicto, sino una fuente de solución.

Sin embargo, muchas veces la economía se ve distorsionada por la política. Los grupos políticos utilizan la economía para justificar sus intereses, para manipular a la opinión pública, para desacreditar a sus adversarios. Los grupos políticos ven en la economía lo que quieren ver, y no lo que es. Y cuando la economía no cumple con sus pronósticos, el público culpa a la ciencia económica. Cuando el responsable en realidad no fue la ciencia económica, sino los grupos políticos que hablan en nombre de la “economía”, pero en realidad están promoviendo sus sesgos y prejuicios.

Creo que la economía y la política deben separarse, como el agua y el aceite. Creo que la economía debe ser independiente, crítica y plural. Creo que la política debe ser respetuosa, honesta y dialogante. Creo que la economía y la política deben colaborar, pero no confundirse. Creo que la economía y la política deben servir al bien común, y no al bien propio.

Ahora bien, los economistas a menudo basan sus recomendaciones en modelos económicos, que pueden ser inexactos o incompletos. En la mayoría de los casos, estos modelos están basados en estadísticas y probabilidades sacadas del pasado. Y estos suelen fallar en contextos muy excepcionales e improbables. Un caso reciente es el de la recesión que nunca llegó. La gran mayoría de los economistas pronosticaban una recesión para el 2023, debido a la guerra comercial y otros factores. Sin embargo, la recesión nunca se dio. Al contrario, la economía estadounidense creció, superando las expectativas. Esto supuso un duro golpe a la credibilidad de los economistas como pronosticadores.

Ahora, en su reunión anual, según The Wall Street Journal, las emociones de los economistas son mixtas. Por un lado, hay un alivio por el buen desempeño de la economía a corto plazo. Por otro lado, hay una preocupación por los problemas a largo plazo, como la desigualdad, la deuda, el cambio climático y la inestabilidad política. Estos problemas tienen causas profundas, como los cambios demográficos, las disrupciones tecnológicas y las incertidumbres globales. Y requieren soluciones complejas, como políticas fiscales sostenibles, inversiones en innovación y adaptación, y cooperación internacional. Los economistas concluyen que se necesita una acción proactiva para asegurar un futuro económico próspero.

¿Qué podemos aprender de esta situación? Creo que podemos aprender que la economía es una ciencia valiosa, pero también limitada. Que los economistas son expertos, pero también humanos. Que los modelos económicos son útiles, pero también falibles. Que la economía es una ciencia, pero también un arte. Que la economía es una ciencia, pero también una opinión.

Por eso, quiero invitar al lector a que no se dejen llevar por las predicciones económicas, sino que las cuestionen. A que no se conformen con las simplificaciones económicas, sino que busquen la complejidad. A que no se dejen influir por las ideologías económicas, sino que piensen por sí mismos. A que no se dejen desanimar por los problemas económicos, sino que busquen soluciones. A que no se dejen engañar por la economía tradicional, sino que exploren la economía alternativa.

Criptomonedas y escepticismo: una pareja necesaria

Bitcoin y las criptomonedas son una revolución tecnológica que nos ofrece nuevas formas de intercambiar valor, de forma descentralizada, segura y transparente. Pero también son una tentación para caer en el dogmatismo, la credulidad y el conformismo.

En las redes sociales, abundan los supuestos expertos que nos dicen qué hacer con nuestras criptomonedas, qué comprar, qué vender, qué pensar. Algunos son economistas, otros no. Algunos son honestos, otros no. Algunos son sabios, otros no. Pero todos tienen una agenda, un interés, una ideología.

No debemos seguirlos ciegamente, sino cuestionarlos críticamente. No debemos adoptar sus ideas, sino formar las nuestras. No debemos pertenecer a sus grupos, sino ser independientes. No debemos buscar sus clicks, sino nuestra verdad.

La duda es el comienzo del saber. Los economistas se equivocan porque todos nos equivocamos. Las criptomonedas son una oportunidad para aprender, para experimentar, para innovar. Pero también son una responsabilidad para ser escépticos, para ser racionales, para ser libres.

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