¿El Fin de Bitcoin?: El problema de la privacidad y la fungibilidad

En el mundo de Big Data, el asunto de la privacidad es terriblemente problemático. Internet nos ha interconectado como nunca antes, pero esto nos ha vuelto muy vulnerables. Es un secreto a voces que nuestra información privada no es en realidad tan privada. Nuestros datos son un activo que generan millones de dólares. Todo este dinero va directamente a los bolsillos de algunas corporaciones y nosotros no recibimos un solo centavo por eso. Desde hace mucho tiempo, dejamos de ser simplemente usuarios para convertirnos en un producto. Con la tecnología blockchain, ahora podemos enviar valor a través de Internet, pero también nos ha expuesto a un gran peligro. Cada Bitcoin tiene una historia, y esa historia es única y pública. Esto es una ventaja y, al mismo tiempo, una desventaja. Esta información puede destruir el valor de Bitcoin. ¿Por qué? Si cada Bitcoin es único, algunos bitcoins pueden valer más que otros. El problema de la privacidad está estrechamente relacionado con la fungibilidad de Bitcoin. Sin fungibilidad, el dinero no vale nada. Hablemos de privacidad, fungibilidad y el futuro de Bitcoin. 

La naturaleza del dinero ha evolucionado con el tiempo, pero todavía conserva sus propiedades básicas. El dinero debe ser portable, durable, divisible, infalsificable, y fungible. El oro y la plata sin lugar a dudas cuentan con estas propiedades. Estos metales pueden moverse de un lugar a otro con relativa facilidad. Es decir, son portables. Claro que es mucho más fácil mover cantidades pequeñas que grandes. Sin embargo, son mucho más portables que otros objetos. Son eternos. Los metales preciosos son elementos físicos que han existido siempre. Se pueden dividir. En otras palabras, las unidades se pueden fragmentar en unidades más pequeñas. Se pueden falsificar, pero su pureza es determinable. Finalmente, los metales son fungibles. Una onza de oro es idéntica a otra onza de oro en valor. Son sustituibles e intercambiables, porque son equivalentes. Por supuesto que una moneda de oro acuñada en un lugar es diferente a otra moneda acuñada en otro lugar. Incluso, un comerciante tal vez puede preferir una y pagar un poco más por ella. Sin embargo, decir que el oro no es fungible por esto sería una exageración. El oro es lo suficientemente fungible como para decir que es fungible. La fungibilidad del dinero es una de sus características esenciales.  

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Como el oro, el dinero de papel también presenta estas propiedades. Es más, en ciertos aspectos el papel es superior al oro como dinero. Es más portable, divisible, y fungible. Y es durable. Claro que los billetes con el tiempo se deterioran por el uso, pero pueden ser sustituidos. Entonces, esto les da una especie de durabilidad artificial. Se puede falsificar, pero diferentes técnicas son utilizadas para prevenirlo. También podemos hablar de Bitcoin en estos mismos términos. Bitcoin es sumamente portable, durable, divisible, infalsificable y fungible. A pesar de no ser un objeto físico, cuenta con estas propiedades por el hecho de ser básicamente un código digital. Sin embargo, aquí viene el pequeño gran detalle. Bitcoin no es lo suficientemente fungible. Este es un problema que podría poner en peligro su valor.  

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Este elemento tan inquietante está estrechamente ligado a otro. Aquí estamos hablando de la privacidad. La falta de privacidad de Bitcoin podría ser la amenaza más grande que tiene el sistema. En este momento es posible identificar los “malos” actores rastreando sus transacciones y marcando los bitcoins utilizados como unidades “sucias”. Esos bitcoins “sucios” no son iguales a los bitcoins “limpios”. Esto es grave, porque afecta directamente la fungibilidad de Bitcoin. En un principio, esta práctica no parece tan dañina, pero en realidad es una amenaza más grande de lo que se piensa. Digamos que una persona X juega póker con bitcoins en una jurisdicción donde la actividad es perfectamente legal. Luego, toma esos mismos bitcoins y los utiliza en otra jurisdicción donde apostar sí es ilegal. Es posible que sus bitcoins sean marcados y no los pude utilizar allí. Por ejemplo, el exchange Coinbase es conocido por eliminar cuentas que tengan estos bitcoins “sucios”. Una lista negra existe y se ha sido utilizada para censurar específicos bitcoins. En el futuro, cualquier grupo podría marcar los bitcoins de una cartera determinada por cualquier razón y promover un boicot. Una organización religiosa, por ejemplo, podría marcar los bitcoins de grupos que no viven según sus principios. Se podrían boicotear los bitcoins de la industria pornográfica, las clínicas que realizan abortos, un partido político en específico o una persona “indeseable”. Se podrían marcar los bitcoins minados con energía renovable y los bitcoins no ecológicos, por ejemplo. Esta práctica sería muy difícil de frenar, y pondría en peligro el valor del Bitcoin como dinero. La fungibilidad es sumamente importante.

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La falta de privacidad de Bitcoin no solo implica un riesgo de seguridad como en el caso de los ataques dustings. También disminuye su fungibilidad, porque permite dividir Bitcoin en bitcoins “buenos” y bitcoin “malos”. Esto puede destruir Bitcoin. Claro que existen servicios que mezclan las transacciones y protegen un poco. También es posible utilizar VPNs para desvincular las carteras con nuestro nombre. Sin embargo, el sistema como tal es abierto y público. Charlie Lee, creador de Litecoin, sabe muy bien esto y se ha propuesto a solucionar este problema con mecanismos similares a los utilizados por Monero, Zcash y Dash. Es decir, la propuesta consiste en modificar el código incorporando transacciones confidenciales. En otras palabras, el exceso de transparencia es, de hecho, perjudicial.  

Si Litecoin aplica esta modificación en su código, Bitcoin podría beneficiarse del proceso. El código de Litecoin es muy similar al código de Bitcoin, y el experimento podría ser muy útil para los desarrolladores del código Bitcoin. Es un gran paso, muy arriesgado, pero es una medida que tarde o temprano debe tomarse. En este momento, el problema de la fungibilidad de Bitcoin no es muy grande. Sin embargo, el problema yace ahí, latente, como una bomba de tiempo que seguramente explotará en el futuro. 

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Se sabe que los gobiernos prefieren el dinero electrónico sobre el dinero en efectivo, porque el dinero electrónico es más fácil de controlar. Bitcoin no es como el dinero electrónico emitido por los bancos, pero no es tan anónimo como el efectivo. Se podría decir que es semi-anónimo. Sin embargo, con un poco de tecnología y creatividad, cualquier agencia gubernamental o compañía privada puede unir nombres con direcciones en un abrir y cerrar de ojos. Eso no sería tan malo a la hora de prevenir casos puntuales de terrorismo, lavado de dinero y actividades criminales. El asunto está en que también afecta al ciudadano común y a la integridad de Bitcoin. Por otro lado, si Bitcoin se convierte en una criptomoneda totalmente anónima y privada, los reguladores seguramente no estarán muy contentos con el cambio. 

No guste o no, estamos ante un grave problema existencial que debe resolverse lo más pronto posible. Se ha venido ignorando por mucho tiempo, pero crecerá en magnitud en la medida que Bitcoin se vuelva más grande y los mecanismos de rastreo se vuelvan más sofisticados. Es un paso temerario, pero necesario. El tema no se discute mucho, porque se ha subestimado. Parece un detalle sin importancia. En algunos casos, se ve como un elemento positivo, porque las autoridades han logrado trastear a criminales usado la historia de la cadena de bloques. Pero este es un caballo de Troya que pone al sistema al borde de las llamas. A pesar del discurso oficial, Bitcoin es perfectamente censurable y confiscable, si las autoridades obligan a los principales exchanges y carteras a implementar listas negras y a bloquear los bitcoins “sucios”. ¿Será el fin de Bitcoin? Bueno, no lo creo. Sin embargo, es un tema que debe ser debatido mucho más. Es un problema que debemos solucionar. 

 

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