Tras la última reunión del año, el banco central de los Estados Unidos, la Reserva Federal (Fed), ha decidido mantener los tipos de interés y no anticipa nuevas bajadas. A pesar de las tensiones geopolíticas y de la desaceleración global, la económica estadounidense milagrosamente se encuentra en muy buena forma. Es más, casi todos los datos macroeconómicos se comportan de las mil maravillas. Últimamente, han surgido señales de agotamiento, pero la Fed ha inyectado liquidez para reanimar los ánimos. Pero ya está bueno. Decidieron no hacer más recortes. Y Wall Street reaccionó muy bien ante esta decisión. Por otro lado, el presidente Donald Trump no está muy contento con la “prudencia” de la Fed, porque él quiere que la fiesta continúe desenfrenadamente. Sí, obtendrá, sin embargo, un regalito de fin de año. ¿$425 mil millones en el mercado repo serán suficientes para impulsar un rally de fin de año? ¿Cómo influyen en Bitcoin las decisiones de la Reserva Federal?  

Por razones ideológicas más que económicas, la comunidad cripto siempre reacciona con indignación cada vez que la Reserva Federal inyecta liquidez en la economía. Sin embargo, estos estímulos en muchos casos son necesarios. Sin ellos, la expansión económica no sería posible. En este momento, la economía no está del todo mal y los datos macroeconómicos así lo confirman. La inflación se encuentra controlada y en los rangos deseables. Indudablemente, han sido diez años de gran prosperidad. Es increíble, pero el paro laboral se sitúa en sus niveles mínimos históricos. Parece que encontramos la fórmula perfecta. Las tasas se sitúan en el rango de 1.5% y el 1.75% desde octubre, después de que el equipo de Jerome Powell, su presidente, aplicara tres recortes consecutivos. La deuda pública y privada por las nubes y, a pesar de eso, la inflación y el paro en niveles muy bajos. Un verdadero milagro. 

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Por supuesto que cuando decimos que la economía está muy bien, esto no es del todo cierto. Ese presunto “bien” es un bien relativo. En muchos aspectos, la situación es obviamente desastrosa. En materia de desigualdad, por ejemplo, estamos peor que nunca. Sin embargo, según los estándares macroeconómicos aceptados, no estamos tan mal. Esta bonanza ha durado demasiado tiempo y muchos temen que una crisis está a la vuelta de la esquina. La economía global se está desacelerando. No estamos en recesión todavía. Pero sí estamos experimentando una desaceleración. Es por eso que los bancos centrales han estado tratando de reanimar a la economía con estímulos. En Europa, por ejemplo, las tasas de interés están en el subsuelo y en los Estados Unidos se aplicaron tres recortes consecutivos. Claro que no podemos abusar de los estímulos. Si hay demasiado dinero en calle, la económica se perjudica. Y si hay demasiado poco, también. Entonces, todo es un asunto de equilibrio. Es por eso que en su última reunión la Reserva decidió no hacer más cambios. 

En esta oportunidad, la Reserva Federal decidió ser prudente. Durante este último trimestre, los indicadores macroeconómicos fueron lo suficientemente buenos como para permitir que pararan los estímulos. Por supuesto que eso no le gustó mucho el presidente Donald Trump. Él obviamente prefiere que los estímulos continúen indefinidamente. El próximo año es año electoral. Además, el proceso de destitución lo obliga a subir su popularidad. Él sabe muy bien que la economía podría ser su tabla de salvación. Por meses, Trump le ha pedido a la Fed rebajar los tipos de interés a cero o menos. Asegura que un dólar demasiado fuerte es perjudicial y esto pone a Estados Unidos en una desventaja competitiva en relación a los demás países. Eso podría ser, en parte, cierto. Sin embargo, una de las ventajas de que la Reserva Federal sea un ente independiente es que no está en la obligación de obedecer al ejecutivo nacional. Los presidentes no tienden a ser muy disciplinados en materia fiscal y monetaria. De hecho, son un desastre. Siempre es mejor ignorarlos. 

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Es sumamente curioso sin embargo que intereses bajos no significan necesariamente créditos accesibles para el ciudadano promedio. De hecho, solo un pequeño y privilegiado grupo tiene acceso a tasas tan bajas. Porque los bancos, como bien sabemos, no dan prestamos con tanta facilidad. Los bancos, debido a la codicia, a la prudencia, a la regulación, a la falta de liquidez o a cualquier otra justificación, son muy reacios a prestar dinero a bajo costo. Entonces, la tasa real es, de hecho, mucho más alta que la anunciada por la Fed. Me refiero a la tasa disponible a la gente común en la calle. Es más, muchísimas personas acuden a los no bancos para financiarse. Los no bancos son instituciones que aportan servicios financieros, pero técnicamente no son bancos. Ellos son más abiertos que los bancos, pero por lo general ofrecen tasas más elevadas. Estas compañías normalmente obtienen sus fundos en el mercado repo.

 ¿Qué es el mercado repo? Bueno, es un mercado prácticamente desconocido, pero sumamente poderoso e importante. Es una especie de juego que se hace con los bonos a corto plazo y los bonos a largo plazo que les permitir a los no bancos prestar dinero a terceros. Este es un mercado gigantesco que mueve cantidades astronómicas al día. El asunto es que últimamente han tenido problemas de liquidez. Esto por supuesto ha aumentado las tasas muchísimo. Se reportó que en septiembre de este año la tasa en el sector llegó al 10%. Este es un monto insólito si consideramos que la Fed tiene los intereses en menos de 2%. Entonces, para evitar una crisis, la Fed debe intervenir y obligatoriamente inyectar casi medio billón de dólares en el mercado repo para fin de año. Las ofertas de repos el 31 de diciembre y 2 de enero serán de 150 mil millones de dólares. Y para el 14 de enero se espera que todas las ofertas de este lapso sumen los 425 mil millones de dólares.

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Los mercados financieros siempre reaccionan de manera positiva a estos estímulos. Con la inflación y el desempleo por el piso, estas inyecciones de liquidez solo significan una cosa: alza de precios. Alza de precios en los mercados financieros, por supuesto. Debido a esto, Wall Street siempre aplaude este tipo de decisiones por parte de la Reserva Federal. Estas inyecciones son necesarias en algunos casos. Claro que estas iniciativas tienen muchos críticos. Sobre todo, en el espacio de las criptos, nos encanta criticar todas las intervenciones a los bancos centrales. Siempre surge el asunto del déficit fiscal, la deuda privada y los excesos. Estos son problemas, obviamente. Pero debemos reconocer que el sistema económico mundial actual no es el peor de la historia. No es perfecto, pero es una mejora para lo que hemos tenido en el pasado. Necesita muchísimas reformas. Sin embargo, no es lo mismo sentarse a criticar desde Twitter que llevar las riendas del caballo. Si no se inyecta dinero con frecuencia, podríamos tener deflación. 

En un escenario deflacionario, las cosas se nos complican. La moneda se haría más fuerte, sí. Pero la economía se contraería. Los bienes se depreciarían, las compañías sufrirían y el desempleo aumentaría. Los mercados caerían por supuesto. Ese es un proceso sumamente doloroso. En ocasiones, es necesario inducir un escenario deflacionario subiendo las tasas de interés y disminuyendo la liquidez. Esto se hace durante una crisis para reducir la deuda. Sin embargo, todavía estas medidas no son necesarias porque los datos macroeconómicos están llegando aún muy fuertes. A pesar de los lamentos del bitcoiner promedio, la liquidez de los últimos diez años ha beneficiado a Bitcoin. Más dinero en la calle significa más dinero para invertir y, sobre todo, más dinero para invertir en activos de alto riesgo como Bitcoin. El sistema actual no está diseñado para el ahorro en dólares. El sistema no quiere que las personas se vuelvan prósperas acumulando fíat. Nadie debería ahorrar en fíat. El dinero fíat es para gastar. Mientras más dinero fíat se imprima, más tenemos para gastar. ¿Existe una mejor forma de gastar dinero fíat que invirtiendo en Bitcoin?