Pocas cosas son tan importantes para el precio de un criptoactivo como la buena promoción. La mejor narrativa ciertamente es la del “underdog” contra todo. Me refiero a la arquetípica historia de David y Goliat. Lo nuevo contra lo viejo. Lo innovador contra lo obsoleto. En el mundo financiero, se habla mucho de los fundamentales. Si nos referimos a un negocio, esto normalmente significa ventas. Pero si nos estamos refiriendo específicamente a un criptoactivo, esto, por lo general, significa comunidad. ¿Qué es comunidad? Usuarios, aplicaciones, y demanda. Pero existe otro elemento: La promesa.
Mencionemos por un instante las empresas de Elon Musk. En lo que se refiere a los fundamentales, las empresas dejan mucho que desear. Normalmente, más es lo que sale que lo que entra. Las ventas suelen ser comparativamente pobres. Tesla, por ejemplo, no es Toyota en muchos sentidos. Sin embargo, Tesla es una de las compañías más valiosas del mundo. ¿Por qué? Tesla es lo que se conoce como un negocio en “crecimiento”. El inversor no invierte pensando en sus fundamentales al estilo de un Warren Buffett. El inversor invierte haciendo una proyección de las ventas futuras. En otras palabras, los inversores creen en la promesa de Tesla. Esto aplica para muchas compañías tecnológicas y start-ups. No se invierte por lo que se tiene. Se invierte por lo que se cree que se va a tener.
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Dentro del universo cripto, todo el sector de las plataformas inteligentes se ha visto beneficiado por el auge de las stablecoins, la DeFi y los NFTs. Bien sabemos que la gran mayoría de las aplicaciones se han construido sobre la red Ethereum. Sin embargo, nunca falta el proyecto que dice que lo puede hacer mejor. Debemos recordar que la oposición es mucho más fácil desde las tribunas. Obviamente que no es lo mismo señalar con un dedo que estar peleando en la arena. Los famosos “Ethereum killers” siempre han insistido en que sus tecnologías son mejores que la de Ethereum. No obstante, por alguna “misteriosa” razón, los desarrolladores siguen escogiendo construir sobre Ethereum.
Ethereum es obviamente el líder indiscutible en el mercado de las plataformas inteligentes. Y no me refiero solamente a su capitalización de mercado. En este caso, también hablo del número de usuarios. La revolución se está dando sobre la red Ethereum. Podemos hacer la comparación. ¿Cuántos tokens corren sobre Ethereum? ¿Cuántas stablecoins? ¿Cuántos proyectos DeFi? ¿Cuántos proyectos NFTs? ¿Cuántos juegos? En pocas palabras, Ethereum es un hecho. Los “Ethereum killers” son una promesa.
Si un criptoactivo sube bastante de precio hoy, eso no significa que seguirá subiendo de precio para siempre. La experiencia nos ha enseñado que siempre hay una moda en este espacio. Pero las modas suelen ser pasajeras. Siempre hay una moda. Pero no siempre es la misma. El top 10 del CoinMarketCap siempre ha estado ocupado por grandes promesas. Lo que ocurre es que con el tiempo las viejas promesas han sido reemplazadas por las nuevas promesas. ¿Se acuerdan de IOTA? ¿Se acuerdan de EOS? ¿Se acuerdan de NEO? La configuración del top 10 de hoy es muy distinta a la configuración del top 10 del último mercado alcista (2017).
Como fenómeno, Solana me recuerda bastante al proyecto EOS. Estoy hablando de un proyecto que prometía una tecnología altamente revolucionaria y contaba con un equipo de promotores muy eficiente. De la noche a la mañana, su precio se disparó. A pocos días de su debut, pasó a ocupar el top 10 debido al entusiasmo que despertó en los inversores. Aquí no estoy implicando que Solana no llegará a nada. Pero sí estoy recordando que el fenómeno de "estrella de la noche a la mañana" no es raro en este espacio. Si la narrativa es adecuada y el equipo despierta la suficiente confianza, el proyecto toma vuelo.
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Ahora bien, ¿es el entusiasmo a este nivel sostenible? No, por lo general, el entusiasmo dura poco, porque los inversores pierden el interés con mucha facilidad y abandonan los viejos proyectos por los nuevos. Aquí me estoy refiriendo específicamente al fenómeno de las modas. No estoy diciendo que el proyecto Solana no tenga futuro. Hoy es una gran promesa. Al parecer, su tecnología es bastante buena. Pero, del dicho al hecho, hay un camino largo. El tiempo es el juez definitivo. ¿Obtendrá los usuarios? ¿Construirá comunidad? Si el proyecto logra obtener una comunidad de usuarios permanente, no hay razones para pensar que no tendrá futuro.
Para muchos, resulta una gran ironía que una promesa pueda ser más rentable que un hecho. Pero, en el fondo, es muy sensato. Las promesas estimulan más la imaginación. Una promesa, por ser intangible, es más fácil de idealizar. Una promesa puede ser perfecta, porque habita en el mundo de la fantasía. Los hechos concretos, por otro lado, son imperfectos y contradictorios. La realidad suele ser una completa decepción. Por supuesto que es más fácil soñar con Tesla que con Toyota. Del mismo modo que es más fácil soñar con Cardano o Solana que con Ethereum. La verdadera prueba de una utopía es una buena dosis de realidad.
Otra cosa. Los proyectos nuevos comienzan con muy poca capitalización. Si un proyecto comienza con un suministro de 500 millones de unidades, el día que logre vender una unidad en un dólar tendrá una capitalización (en papel) de 500 millones de dólares. Si ese mismo día en la tarde, logra vender otra unidad en 10 dólares, su gráfica registrará un crecimiento exponencial y no tendrá muchos problemas en alcanzar el top 10. Formalmente, tenemos un top 10, pero no tenemos el mismo nivel de riesgo de las demás top 10. O sea, la volatilidad es mayor debido a la escasez de liquidez del activo. En potencia, ofrece una mayor rentabilidad gracias a su tamaño reducido, pero también ofrece un mayor riesgo.
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¿Hay espacio para muchas plataformas inteligentes? Los mercados tienden a concretarse en un actor dominante. El efecto red. Y no es tan fácil para un recién llegado escalar y ser el número uno. Los más románticos no dudarán en citar historias donde un David venció a un Goliat. Pero se nos olvida que estas historias son tan fascinantes precisamente por su carácter extraordinario. Si nos vamos a la norma estadística, los grandes, normalmente, son los vencedores en la mayoría de las historias de este tipo.
Cardano y Solana, en este momento, son más promesa que realidad. Para quitarle el trono a Ethereum, se requiere más acción que promoción. ¿Es posible? Claro que sí. Pero se necesita una legión de desarrolladores escribiendo para dichas redes. David le puede ganar a Goliat, pero hay que hacer el trabajo. Prometer es fácil. Y me temo que la mejor tecnología no siempre es la tecnología más exitosa. ¿Es buena idea invertir en Solana? Puede ser. ¿Por qué no? Pero debemos entender que hay un riesgo. Este es un mercado muy temperamental. Se apasiona un día por una cosa, y, al otro día, la puede abandonar sin la más mínima piedad.