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Kevin Rivera
Escrito por Kevin Rivera,Redactor de plantilla
Fernando Quirós
Revisado por Fernando Quirós,Editor de plantilla

Bitcoin más allá de los bitcoiners: el reto de construir negocios para todos

La adopción de bitcoin depende de la capacidad de crear experiencias reales, útiles y comprensibles para una población que aún prioriza el ahorro y la practicidad sobre la filosofía

Bitcoin más allá de los bitcoiners: el reto de construir negocios para todos
Opinión

Durante los últimos años, el ecosistema bitcoin ha avanzado de forma acelerada en términos tecnológicos. Nuevas wallets, soluciones de segunda capa y herramientas de autocustodia han fortalecido la infraestructura. Sin embargo hay una pregunta que sigue sin resolverse del todo: ¿por qué, a pesar de todo esto, la adopción masiva sigue siendo limitada?

Una de las respuestas más evidentes —y a la vez menos discutidas— es que muchos negocios bitcoin siguen construyendo para bitcoiners. Es decir, para un nicho reducido que ya entiende la tecnología, comparte su filosofía y está dispuesto a usarla incluso cuando la experiencia no es la más cómoda. Pero ese mercado, aunque valioso, es demasiado pequeño para sostener negocios a largo plazo.

Existe una tensión clara dentro del ecosistema. Por un lado, la filosofía bitcoin promueve la independencia del sistema financiero tradicional y el rechazo a las monedas fiduciarias. Por otro, la realidad del usuario promedio es completamente distinta: las personas siguen viviendo en un mundo fiat, consumiendo en fiat y tomando decisiones basadas en conveniencia, no en ideología.

Pretender que la adopción vendrá únicamente desde la convicción ideológica es, en muchos casos, un error estratégico. La mayoría de las personas no se acerca a bitcoin buscando “libertad financiera”. Se acerca —si es que lo hace— buscando ahorrar dinero, obtener beneficios o resolver un problema concreto.

Ahí es donde los negocios tienen una oportunidad clave: dejar de enfocarse exclusivamente en el usuario bitcoiner y empezar a construir para el usuario común.

Esto implica un cambio de enfoque. No se trata de crear más wallets, sino de crear mejores experiencias. Experiencias que sean comparables —o superiores— a las que ya existen en el sistema tradicional. Procesos de pago simples, interfaces intuitivas, tiempos de respuesta inmediatos y, sobre todo, beneficios tangibles.

Descuentos, recompensas, cashback o acceso a servicios diferenciados pueden ser mucho más efectivos para impulsar la adopción que cualquier discurso técnico. Porque al final, las personas no adoptan tecnologías, adoptan soluciones que les facilitan la vida.

También es fundamental entender un punto incómodo para muchos dentro del ecosistema: incluso si una persona entiende profundamente bitcoin, eso no significa que lo usará para el día a día. Por el contrario, es probable que lo conserve como reserva de valor o como activo de inversión.

Desde esa perspectiva, el uso cotidiano de bitcoin para pagos pequeños o remesas no necesariamente será el caso dominante. Para esas transacciones, muchas personas seguirán utilizando monedas fiduciarias o incluso stablecoins, como USDT, que ofrecen menor volatilidad y mayor previsibilidad.

Entonces, ¿dónde encaja bitcoin en este escenario?

La respuesta puede estar en los negocios que funcionan como puente. Plataformas que respetan la filosofía bitcoin —transparencia, autocustodia, bajas comisiones— pero que al mismo tiempo entienden cómo consume el usuario promedio.

Esto incluye integrar onramps eficientes que permitan a las personas pagar con tarjetas de crédito o débito sin fricción. No como una concesión al sistema tradicional, sino como una estrategia para facilitar la entrada al ecosistema.

Porque la adopción no ocurre cuando obligamos al usuario a cambiar su comportamiento de forma radical. Ocurre cuando reducimos la fricción entre lo que ya hace y lo que podría hacer.

En América Latina, este desafío es aún mayor. Aunque cerca del 70 % de la población no tiene acceso a servicios bancarios, esto no significa que automáticamente adoptará bitcoin. La exclusión financiera no se resuelve únicamente con tecnología, sino con comprensión profunda del usuario: sus hábitos, sus miedos y sus prioridades.

Y la realidad es clara: hoy, a la mayoría de las personas no le importa la descentralización ni la soberanía monetaria. Le importa ahorrar dinero, evitar comisiones altas y acceder a servicios que antes no tenía.

Por eso, la educación financiera sigue siendo clave, pero no puede ser el punto de partida único. La adopción también puede comenzar desde la experiencia. Desde el beneficio inmediato. Desde el “esto me conviene”, antes del “esto es revolucionario”.

Los negocios bitcoin que logren entender esto tendrán una ventaja competitiva enorme. No sólo porque ampliarán su mercado, sino porque contribuirán a construir algo más importante: confianza.

Confianza en bitcoin no como concepto, sino como herramienta útil. Confianza en un ecosistema que no excluye, sino que integra. Confianza en que es posible participar sin entenderlo todo desde el inicio.

Si el objetivo es una adopción real, entonces el camino no pasa únicamente por más tecnología. Pasa por diseñar puertas de entrada.

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