Para 2026, el precio de Bitcoin girará en torno a factores clave como el capital institucional, la regulación global y la liquidez macroeconómica, según explicó el Dr. Ismael Santiago Moreno, profesor de Finanzas y Activos Digitales de la Universidad de Sevilla, en España, quien compartió sus perspectivas a Cointelegraph en Español.
En su análisis, el profesor Santiago destacó que Bitcoin afronta una transformación en donde los patrones históricos, como el ciclo de cuatro años vinculado al halving, están perdiendo fuerza frente a nuevas dinámicas macroeconómicas e institucionales.
El rol del dinero institucional
En 2025, quedó claro que “además de liderar una nueva categoría de inversión que son los activos digitales”, Bitcoin también “se ha convertido en un activo macro muy sensible al comportamiento de la liquidez global (M2) pero reaccionando con 90 días de retraso, aproximadamente”, explicó Santiago.
De igual manera, resaltó que el dinero institucional, canalizado a través de fondos cotizados en bolsa (ETF) y tesorerías corporativas, se consolidó como el “principal motor del precio de Bitcoin”, superando así a los inversores minoristas.
Esto con el impulso clave de los más de USD 120.000 millones en activos bajo gestión de los ETF, liderados por gigantes financieros como BlackRock, así como también por la exposición de entre un 25-35% que está “en manos de gestoras, hedge funds y asesores registrados con patrones maduros de inversión”, señaló Santiago, quien además mencionó la “demanda estructural” originada mediante la acumulación de Strategy.
Para este año, las proyecciones indican que los flujos hacia los ETF y las tesorerías corporativas seguirán absorbiendo varias veces la nueva emisión de monedas generada por la minería, explicó el profesor universitario.
Este escenario refuerza que, en 2026, el precio estará aún más condicionado por decisiones de asignación institucional, reglas de solvencia, como las de Basilea, que afectan al riesgo ponderado en los balances de los bancos, y políticas públicas, incluyendo el posible uso de BTC como una reserva estratégica soberana, añadió.
Más allá del “reloj de 4 años”
Al ser consultado por la “ruptura” o “muerte” del ciclo de cuatro años impulsado por el halving, el docente de la Universidad de Sevilla señaló que durante el año pasado el mismo “perdió fuerza como patrón predecible”.
“Aunque se mantuvo el máximo histórico típico 12-18 meses tras el halving de 2024, fue la primera vez que un año post-halving cerró en negativo”, explicó Santiago, agregando que tras la ruptura del esquema clásico “año halving lateral, post-halving fuertemente alcista”, la volatilidad se ha comprimido significativamente en comparación con ciclos previos y “Bitcoin correlaciona más con Nasdaq, tipos de interés y flujos ETF que con un calendario fijo”, agregó.
De esta forma, Santiago aclaró que, en su perspectiva, el patrón del ciclo no está “muerto del todo”, pero se ha vuelto “parcial”, por lo que factores como la política monetaria global, los marcos regulatorios como MiCA en Europa o el GENIUS Act en Estados Unidos, y la liquidez general del sistema financiero “gobiernan más que el reloj de 4 años”, marcando el comienzo de una nueva dinámica de mercado.
Activo de refugio limitado
Para 2026 “es razonable esperar que Bitcoin siga consolidándose como activo de refugio ‘no soberano’, pero de forma condicionada”, explicó Santiago, agregando:
Su papel como refugio frente a riesgos geopolíticos tiende a manifestarse sobre todo en episodios de estrés agudo, mientras que en horizontes largos su correlación con renta variable y otros activos de riesgo sigue siendo significativa
En su visión, el educador destacó que “Bitcoin actúa como refugio limitado en momentos de pánico extremo”, como “crashes bursátiles o shocks geopolíticos agudos”, funcionando más como un “hedge de cola” similar al franco suizo que como un refugio universal estable, aunque siendo “menos efectivo que el oro o bonos en protección inmediata”.
No obstante, a medio y largo plazo, Bitcoin actúa más como un activo de riesgo tradicional, matizó Santiago, agregando como ejemplo la cascada de liquidaciones de octubre de 2025, donde el oro capturó flujos de bancos centrales, mientras que BTC cayó cerca de un 30% desde sus máximos con salidas institucionales, confirmando así su rol secundario como un activo de riesgo, más que como un refugio primario estable.
Como resultado “BTC no está funcionando todavía como inversión refugio como el oro, pero si lo está haciendo como reserva de valor a largo plazo”, recalcó Santiago.
Claves para Bitcoin en 2026
En cuanto a perspectivas sobre el precio de BTC para 2026, el profesor de la Universidad de Sevilla repasó diferentes escenarios y rangos, con los principales factores a considerar.
En este sentido, Santiago mencionó cuatro factores fundamentales. En primer lugar, destacó la magnitud de los flujos netos (capital) hacia los ETF en comparación con la nueva emisión minera. De igual manera, señaló la influencia de la política monetaria, específicamente la reducción de los tipos de interés, así como también la implementación de marcos regulatorios pro-innovación que aporten claridad y seguridad jurídica.
Finalmente, resaltó como un factor clave la consolidación de la adopción de BTC en grandes carteras institucionales como una reserva estratégica a largo plazo, en lugar de un activo puramente especulativo.
En conjunto, la interacción de estos factores definirán el rango efectivo de BTC para 2026, expresó Santiago, mencionando escenarios variados, desde proyecciones optimistas entre los USD 180.000 y USD 200.000 dólares, así como escenarios “muy poco probables” entre los USD 250.000 dólares y USD 400.000, hasta perspectivas bajistas entre los USD 60.000 y USD 70.000 en caso de producirse salidas netas de los ETF o tensiones regulatorias.
Riesgos a considerar
Por otro lado, Santiago también abordó sobre aquellos factores y riesgos que podrían obstaculizar el crecimiento de Bitcoin a lo largo del año, transformando un escenario alcista en uno lateral o bajista.
Bajo este contexto, el profesor universitario mencionó las regulaciones, con leyes que pudiesen generar “restricciones como mayores exigencias de capital bancario o límites a comercialización minorista reducirían flujos a ETF/custodios”.
A nivel de mercado y liquidez, apuntó a la concentración de tenencias en pocos actores institucionales, creando vulnerabilidad ante ventas coordinadas. También mencionó riesgos macro, como tipos reales altos o recesión, y tecnológicos, ante competencia con la inteligencia artificial (IA) por infraestructura de los mineros, fallos en exchanges, custodios o stablecoins sistémicas, y la concentración geográfica del hashrate.
También destacó riesgos asociados a la amenaza de la computación cuántica, y reputacionales vinculados a debates energéticos o uso ilícito que pueden vetar la inversión institucional por parte de entidades con criterios ESG estrictos.
Aunque estos factores no bloquean el crecimiento de Bitcoin, su materialización combinada “podría contraer la profundidad de mercado, la confianza institucional y los flujos netos en ETF de BTC al contado y de las empresas tesoreras”, concluyó Santiago.
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