Estoy por cumplir tres años cubriendo la fuente de Bitcoin y criptomonedas. Soy venezolano, trabajo como periodista y en este tiempo, he visto nacer y morir muchos proyectos. Sin embargo, y quizás otros coincidan conmigo, el Petro es uno de los criptoactivos más perturbadores que han surgido en este ecosistema.

Este “criptoactivo” fue anunciado el 3 de diciembre de 2017, bajo la promesa de ayudar a la economía venezolana a vadear las sanciones del gobierno estadounidense, primero impuestas por Barack Obama y reafirmadas por Donald Trump, y de reimpulsar al país hacia un porvenir luminoso. La criptomoneda respaldada por petróleo y otros commodities fue anunciada por Nicolás Maduro como una solución “revolucionaria” y “de vanguardia”.

Solo ahora, cuando el 2019 está por fenecer, el proyecto empieza a tomar fuerza en la cotidianidad local, especialmente impulsado por el gobierno. El chavismo domina el fuero interno del país. A pesar de que el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Juan Guaidó tomó la presidencia como encargado en enero de este año, captando gran apoyo internacional, lo cierto es que tiene nula influencia en las decisiones de la realpolitik venezolana, de manera que, si el régimen se empeña en que utilicemos su pseudo-shitcoin, tendremos que hacerlo.

En este artículo haré un breve recuento del proyecto, algunos de los anuncios más rimbombantes con respecto a su puesta en marcha, así como las reacciones de economistas y otros líderes de opinión venezolanos, para finalizar con un comentario personal sobre esta “criptopesadilla”.

Un inicio complicado

Recordemos que cuando el petro se anunció, en diciembre de 2017, originalmente se dijo que sería un token ERC-20, creado sobre la blockchain de Ethereum. Esto fue reseñado en la primera versión del Libro Blanco del proyecto, hoy ya no disponible. Lo mismo sucedió con la segunda versión. En ella, el proyecto chavista sería un mosaico de NEM.

Cabe reseñar que, durante esta primera etapa, aunque ya en marzo de 2018, el Petro realizó una venta pública del criptoactivo, en la que supuestamente se recaudaron más de 5.000 millones de dólares, gracias a las 200.927 ofertas de intención de compra provenientes de 133 países alrededor del mundo, esto según datos oficiales. Estas cifras no se han discutido públicamente y, hasta ahora, no se tienen noticias de los recursos.

Otro elemento llamativo es que el principal responsable y artífice del proyecto fue Gabriel Jiménez, CEO de The Social Us, quien, hace poco, durante un evento en Estados Unidos aseguró que el petro fue un “caballo de Troya fallido”, para hacer que el régimen venezolano abriera una puerta legal a la adopción de criptomonedas en el país. Sin embargo, algunos medios han señalado que Jiménez tenía un acuerdo con la institucionalidad responsable para percibir un porcentaje de comisiones de todas las operaciones realizadas con el petro.

Además, el primer superintendente de la Superintendencia de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip) fue Carlos Vargas, quien apenas después de 6 meses fue apartado de su cargo, siendo sustituido por Joselit Ramírez, quien cumple con las funciones desde junio de 2018 hasta la fecha. Personalmente, en reiteradas oportunidades le he escrito para obtener una entrevista para CoinTelegraph en Español. Sin embargo, el superintendente Ramírez no ha respondido.

La versión que se encuentra trabajando hoy en día, al menos según el propio régimen y la Sunacrip reconoce, es un fork de Dash, una criptomoneda que tiene una presencia significativa en el país. Sin embargo, y como veremos en la siguiente página extraída del propio Libro Blanco actualizado, existen varias inconsistencias.https://lh4.googleusercontent.com/svYXc7jjm55SztZOOHPWwo4Am8sPUljtz5i9s0a7hRskbQ31q1qCUxagk1gIanLakiArHZaP0_AbaGJQ5h4xTzgkuBciXcgNlDUhA1WrWL6TVAQAnfTJP9mJIfNkHEAlRtPGaZ11

Destaca especialmente el hecho de que, a pesar de ser preminada, su sistema incluya la Prueba de Trabajo (PoW) en su funcionamiento. La primera emisión fue de 100.000.000 PTR, pero no queda claro cómo se regulará y limitará la emisión de nuevos PTR, si fuera necesaria.

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El despliegue: precio por decreto y otros anuncios

De acuerdo con el Libro Blanco, el precio del petro tiene una paridad de 60 dólares, derivados de una fórmula de apreciación que se compone de una cesta de commodities (petróleo, oro y otros minerales) que se calcula con una variación que se adapta a las turbulencias de esos mercados, garantizando la paridad. Sin embargo, en las casas de cambio venezolanas que cuentan con el aval de la Sunacrip, el precio fluctúa.

Por decreto se han creado zonas económicas especiales para el funcionamiento de este criptoactivo, se ha instado a empresas del estado a aceptar y pagar gastos con PTR y otras criptomonedas, se han creado un Banco Digital de Criptomonedas con 20 millones de petros, programas crediticios a través de la banca pública, proyectos de trabajo juvenil, entre otras cosas.

Habría que hacer una investigación profunda y cotejar las noticias publicadas sobre la entrega directa de recursos en Petro, además de contrastar esta data con algún representante de la institucionalidad responsable del activo. Sin embargo, hoy por hoy no se sabe a ciencia cierta cuántos petros circulan en la economía nacional.

Se han otorgado créditos, creado entidades bancarias, destinado recursos para las gobernaciones y protectorados (instituciones alternas a las gobernaciones que están bajo el gobierno de la oposición política venezolana), se han financiado planes de inversión, entre otras cosas. Incluso se ha hecho pública la obligatoriedad de que los venezolanos lleven una doble contabilidad de sus actividades económicas, en petros y bolívares.

En todos estos casos, siempre el gobierno central del régimen ha sido el que ha dictaminado y autorizado la liberación de los recursos. El sistema entero se maneja por decretos centralizados en la figura de Maduro, el vicepresidente ejecutivo, Tareck el Aissami y, en menor medida, el propio superintendente.

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Es importante decir que la Sunacrip tiene un papel relevante dentro del destino monetario del país caribeño. De hecho, según la Gaceta Oficial en donde se le dio cuerpo se señala que esta institución tiene la responsabilidad, junto con el Banco Central de Venezuela (BCV) de proponer y regular la inserción de las criptomonedas y los “criptoactivos soberanos” (como se conoce al petro en el argot oficialista) dentro de la legislación venezolana.

Hasta ahora ha sido una institución silente, que actúa de manera poco publicitada, pero su responsabilidad en la expansión del proyecto chavista no debe pasar desapercibida. De la Superintendencia depende el registro de mineros de criptomonedas, la emisión de nuevos permisos para operar casas de cambio y otros servicios en el país, así como las alianzas estratégicas para el desarrollo de esta criptomoneda.

Reacciones

Las reacciones han sido diversas. Entre los seguidores del chavismo, la creación de este instrumento se ha convertido en una fuerza esperanzadora. A pesar de las dudas que pueden tener estos ciudadanos, sus expresiones en redes sociales, incluso en algunas zonas del oeste y el centro de Caracas, sugieren que verdaderamente esperan que el petro les ayude a salir del difícil momento económico que atraviesan.

Algunas cuentas en Twitter e Instagram ofrecen soporte e información sobre la PetroApp, la PetroWallet y el monedero Patria e incluso existen grupos de usuarios en Telegram. Estos son algunos de los distintos elementos del ecosistema que va tejiendo el chavismo en torno a su pseudo-shitcoin, al tiempo que desde su púlpito, Maduro va dictando el destino financiero del criptoactivo, añadiendo (¿o actualizando a?) 30 millones de barriles de petróleo, para respaldar el petro.

Sin embargo, hasta el propio Maduro ha destacado que ignora los detalles del funcionamiento del petro, asegurando que quedó “virolo” (en referencia a la dificultad del tema) tras la explicación de cómo funcionan algunos de los elementos de este ecosistema.

 

 

El régimen anunció la instalación de 2.000 puntos de venta para aceptar pagos con petros, y tras una alianza con ValeVen, se espera que 27.000 comercios a nivel nacional acepten pagos con petro. Estos son los anuncios que han esperanzado a los venezolanos que aún apoyan al chavismo.

No obstante, podríamos decir que la mayoría aún es escéptica o directamente crítico, con un amplio espectro de distintos comentarios, que van desde las dificultades técnicas y económicas hasta la falta de credibilidad del proyecto.

Economistas como Luis Vicente León o Ángel García Banchs, periodistas como Luis Carlos Díaz; y buena parte de la comunidad de criptoentusiastas del país sencillamente no creen en el proyecto. La esperanza en torno al petro la monopoliza la masa crítica chavista, acostumbrada a percibir bonos y otras “ayudas” del gobierno.

Sin embargo, fuera del chavismo, el proyecto es desaprobado y mal visto, especialmente porque se considera que puede convertirse en un CADIVI 2.0. CADIVI fue un mecanismo de obtención de divisas a través del que se fugaron importantes capitales del país, y que además sirvió para que parte del chavismo se hiciera multimillonario. La corrupción de esa organización podría verse multiplicada con el petro que, después de todo, es manejado de manera privada por el gobierno chavista y su institucionalidad. El presidente encargado, Guaidó, poco o nada ha dicho sobre el tema.

Una criptopesadilla

Para mí, el petro solo es una herramienta de control y de criptomoneda, tiene más bien poco. Creo que el chavismo está creando las condiciones ideales para que el manejo del dinero fiduciario del país de paso al manejo del dinero “criptográfico” de manera que la creación de nuevos conos monetarios y la impresión de nuevos billetes quede como algo del pasado. En última instancia, parece que el objetivo es desplazar al bolívar, aunque hace algunos años esto era una quimera para el régimen.

La reactividad de los “defensores” del petro deja ver que el proyecto no es suficientemente estable. Una de las formas más sencillas para reconocer las debilidades de un proyecto es medir las reacciones de los usuarios o miembros de la comunidad. Los petrocoiners (un término que acuñé mezclando este proyecto chavista con lo que ha hecho OneCoin en el mundo) son sumamente hostiles a la crítica. Incluso entre ellos, se instan a no quejarse, a seguir esperando, a que tengan paciencia porque el petro viene (aunque no hay claridad sobre cuando, sobre cómo, y muchos de los adeptos del chavismo no tienen idea de cómo manejarlo).

Maduro se pavonea en eventos donde todo es alusivo al petro y su ecosistema, reparte recursos a diestra y siniestra, y su séquito aplaude. Según algunos de los “especialistas” del chavismo, el petro no se devalúa, incluso a pesar de que el precio de mercado de los commodities que le dan respaldo varíe, o aunque de cuando en cuando Maduro añada más petros a los que ya circulan.

Esta es una pesadilla, ocurriendo frente a nuestros ojos, una criptopesadilla, para ser exactos. Todo lo que los bitcoiners del mundo siempre han temido, un Estado enorme, con un gobierno autoritario, con una enormísima base de datos con todos los movimientos financieros de sus ciudadanos registrados en una cadena de bloques que solo ellos controlan.

Puede que estos temores estén empezando a tomar cuerpo definitivamente en Venezuela. Casi dos años después, muchos de los elementos que el chavismo empieza a activar sugieren que el petro realmente tendrá una presencia mayor en la cotidianidad venezolana.

Entrará en juego una herramienta sofisticada para que el control sobre los venezolanos sea más expedito. Y lo peor, su puesta en marcha, su expansión por el país y el alcance que pueda tener depende exclusivamente del gobierno. La contra parte, bien sean líderes de oposición o la propia ciudadanía, aún parecen estar muy lejos de poder frenar la irrupción de este sistema de control en la economía venezolana.

Los puntos de vista, pensamientos y opiniones aquí expresados son únicamente de los autores y no reflejan ni representan necesariamente los puntos de vista y opiniones de Cointelegraph.