En los últimos años, el Reino Unido ha mostrado su lado más temperamental contradiciendo en mucho la imagen de cordura y sensatez que tenemos del caballero inglés. Sus moradores no han seguido ese principio estoico de “Keep calm and carry on”. Nuestros amables amigos británicos han estado muy ocupados liberando a su bestia interna. El Brexit desató pasiones. Y el Reino Unido demostró que puede ser tan caótico con cualquier otro lugar. Brexit fue un divorcio sonoro y controvertido. Algo así como que te amo, pero no te soporto más. Tomo mis maletas y me voy. ¡Goodbye, Yellow Brick Road! El problema es que Brexit avivó el orgullo nacionalista, pero ninguna acción queda impune. Todo tiene un costo. Y el de Brexit puede ser económico. Y ahora llega el coronavirus para dar la estocada mortal. Situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. En este caso, desesperadas. Los bonos a tasa negativa. ¡Bloody hell!
Ahora resulta evidente que el señor Boris Johnson se volvió un enredo con esta pandemia. No es la trágica ironía de desestimar las medidas sanitarias como una sobrerreacción, y luego, después de contagiarse con el virus, casi tocándole las puertas a San Pedro. Lo curioso fue el conmovedor agradecimiento, en cadena nacional, a los trabajadores de la salud que le salvaron la vida. Casi todo eran inmigrantes. Bueno, Netflix, hay tenemos una idea para un gran guión. Es la historia de un terco y testarudo gruñón que es salvado por las personas que supuestamente están perjudicando al pueblo británico. El paladín contra la inmigración salvado por inmigrantes. Ahí hay algo casi poético.
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Es obvio que el Boris Johnson antes de entrar al hospital no es el mismo que el Boris que salió. No sé qué pasó exactamente en ese corazoncito. No sé realmente si, estando al borde la muerte y viendo la luz al final del túnel, tuvo una conversación con papá Dios. Y finalmente logró superar sus prejuicios en una especie de epifanía. O, de pronto, fue un momento y ya. Algo intenso, pero no lo suficientemente significativo como producir un cambio interno en nuestra protagonista. Lo cierto que es más allá de lo ocurrido en el alma de Boris, es probable que el Primer Ministro no haya manejado la crisis de coronavirus muy bien. Los contagios por las nubes y la economía con las alas rotas.
Bien decía mi abuelita, Dios la tenga en su Santa Gloria, que las tragedias nunca llegan solas. Se sabía que la transición del Brexit sería muy dura para el Reino Unido. Ningún divorcio es sencillo, y Brexit lanzó al Reino Unido en un mar de incertidumbres. Claro que es mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Pero también es posible que un divorcio nos deje tan vulnerables que perdamos la cabeza, el cuerpo, la cola y todo lo demás. Pero Brexit es un hecho y a lo hecho el pecho.
Ok. Ahora tenemos Brexit, el coronavirus y la crisis económica mundial. ¿Cómo está asimilando el Reino Unido el meollo en el que está metido? Bueno, me temo que con gran dificultad. El Banco de Inglaterra advirtió que la economía del Reino Unido podría reducirse en un 14% en el 2020, mientras que el desempleo probablemente se duplique. El Banco también dijo que la economía en el segundo trimestre del año se contraerá en un 25%. Eso nos podría estar diciendo que el banco es optimista con el crecimiento durante los últimos dos trimestres. Porque para llevar ese 25% a 14% se requieren mejores números que los que se están registrando en estos momentos. Obvio que ellos están asumiendo que la cuarentena se levante gradualmente entre junio y septiembre.
Lo que se tiene es un cuadro deflacionario color de hormiga. Y se necesita inflación desesperadamente. Los datos de inflación en el Reino Unido revelan que los precios al consumidor se redujeron en un 0,8% el mes pasado, el nivel más bajo en muchos años. Esta deflación es la principal responsable de los despidos masivos y de la contracción económica. Claro que es la parálisis de la actividad por el Gran Confinamiento el responsable final. La primera pieza del dominó en caer genera la reacción en cadena, pero la última pieza es la que realmente nos da el golpe.
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Las tasas de interés del Banco de Inglaterra están por el piso. Están en 0.1%. Pero hay que estar loco y demasiado desesperado para endeudarse en estos momentos. Entonces, esta medida no es suficiente para impulsar la inflación. Esta guerra se gana atacando por varios frentes. La expansión cuantitativa (QE) es otra arma que se está implementado. El banco está comprando instrumentos financieros para inyectar millones de libras en la economía. Ahora se suman los bonos a tasa negativa.
El Tesoro del país coloca deuda a tres años con un rendimiento del -.003% sumándose a esta práctica por primera vez. Esto se ha hecho en Japón y en Europa. Pero para los británicos es un debut. Eso se hace porque los bonos del Tesoro se consideran un refugio seguro durante las crisis. Pero le quita liquidez a la economía. Y eso es lo que menos se quiere durante un espiral deflacionario. En teoría, los bonos de rendimiento negativo desalientan su compra. Porque hay que pagarle al Gobierno para prestarle dinero. Algo en teoría absurdo. Sin embargo, algunos prefieren perder un poco de dinero por la tranquilidad y estabilidad que da invertir en bonos del Tesoro.
La deflación es muy perjudicial, pero las medidas para atacar generan una reacción global que afecta a otros países. Si la moneda nacional se vuelve demasiado fuerte, eso perjudica a las exportaciones. Entonces, cuando muchos países toman medidas radicales en sus políticas fiscales y monetarias, eso implica una presión para todos los demás. Con esto quiere decir, que la presión ahora cae en los Estados Unidos. ¿Veremos bonos a tasa negativa en el futuro cercano en ese país? Trump estaría feliz por la medida. Pero hasta ahora Jeremy Powell, de la Reserva Federal, ha demostrado ser mucho más conservador y tímido que él. Una medida como esta nunca se toma de modo unilateral.
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El Reino Unido es fundamental para el sector Fintech. Londres es un centro financiero de vital importancia para el mundo. Y si lo analizamos en detalle, Brexit y la economía británica en tiempos de coronavirus nos afecta a todos. Un Londres en problemas significa problemas para muchos startups fintech. Un Londres en problemas significa menos compras de Bitcoin y menos financiamiento para las empresas cripto.
Claro que todos estos estímulos tendrán un efecto muy positivo en la economía. Los pronósticos para el 2020 son terribles, pero las estimaciones para el 2021 son muy alentadoras. Es posible que veamos un crecimiento del 15% para el próximo año. Son tiempos duros, pero hay esperanza para el futuro. Me atrevo a decir que los reguladores de Reino Unido son un poco más criptoamigables que los reguladores europeos. Con esto estoy insinuando que Brexit, desde el visto de regulatorio, podría ser beneficioso para Bitcoin. Claro que eso aún está por verse. Estamos mal, pero eso no será para siempre. En el futuro podríamos estar mejor.