El dólar estadounidense es la principal moneda de reserva del mundo, lo que significa que es la moneda que los bancos centrales de otros países mantienen como parte de sus reservas internacionales. Esto le da al dólar una gran influencia en los mercados financieros globales, el comercio internacional y la estabilidad económica de muchas naciones.
Sin embargo, el dominio del dólar no es inalterable. Su valor y su papel dependen de varios factores, entre los que destaca la política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), el banco central de ese país.
La FED tiene la capacidad de controlar la oferta de dinero en la economía estadounidense, lo que afecta a la inflación, los tipos de interés, el crecimiento y la demanda de dólares. La FED puede aumentar o reducir la cantidad de dinero en circulación mediante la compra o venta de bonos del Tesoro, la fijación de la tasa de descuento o la modificación de los requisitos de reservas de los bancos comerciales. Estas acciones pueden tener consecuencias tanto positivas como negativas para el dólar y para el resto del mundo.
Desde el estallido de la crisis financiera global en 2008, la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) ha implementado una política monetaria de carácter expansivo, que consiste en aumentar la cantidad de dinero disponible en la economía. Para ello, la FED recurrió a diversas medidas que ya mencionamos, como la reducción de los tipos de interés de referencia, que determinan el costo del crédito, y la compra masiva de bonos del Tesoro y otros activos financieros. Estas medidas inyectan liquidez al sistema bancario y al mercado de capitales.
Estas acciones, conocidas como operaciones de mercado abierto, elevaron el balance de la FED a niveles históricos, superando los 8 billones de dólares en 2021. El objetivo de esta política monetaria fue estimular la actividad económica, al facilitar el acceso al crédito y el consumo, y evitar una recesión profunda y prolongada, al sostener la demanda agregada y el empleo.
Esta política tuvo efectos positivos, como el aumento del crecimiento del producto interno bruto (PIB), el aumento del empleo y el aumento de la confianza de los inversores, que impulsó el alza de los índices bursátiles, Bitcoin y las demás criptomonedas, que alcanzaron máximos históricos en plena pandemia.
Pero también tuvo efectos negativos, como la pérdida de poder adquisitivo del dólar, que se depreció frente a otras monedas, como el euro y el yuan, debido a la mayor oferta monetaria y al déficit fiscal y comercial de Estados Unidos, la inflación de los activos, que generó burbujas especulativas en algunos sectores, como el inmobiliario y el tecnológico, y el aumento de la deuda pública, el nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, y que podría comprometer la sostenibilidad fiscal y la credibilidad de la FED en el futuro.
El dólar se desploma y el mundo lo celebra. La debilidad de la moneda estadounidense es una buena noticia para la FED, que puede mantener su política monetaria laxa sin temor a disparar la inflación. Por un lado, esto beneficia a los mercados bursátiles, que ven aumentar el valor de sus acciones y atraer más inversores.
Por otro lado, esto favorece al mercado cripto, que se consolida como una alternativa al dólar y a otras divisas tradicionales. En muchos sentidos, la caída del dólar es un indicador de sentimiento. Lo que hace maravillas para los activos de riesgo. Las expectativas de que el dólar seguirá bajando, debido a que la Reserva Federal está teniendo éxito en su batalla contra la inflación, es lo que alimenta el sentimiento alcista. El dólar se desinfla como un globo pinchado, mientras que los mercados emergentes sonríen con el viento a favor y las criptomonedas brillan con luz propia.
La debilidad del dólar no es un accidente. Es una estrategia deliberada de la FED para mantener el liderazgo económico y financiero de Estados Unidos. Los defensores del oro y las criptomonedas critican esta estrategia, y la consideran una forma de manipulación y degradación de la moneda. Sin embargo, la realidad es más compleja. La flexibilidad monetaria tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Lo que sí es cierto es que la debilidad del dólar tiene consecuencias para el resto del mundo, y especialmente para las monedas alternativas, como Bitcoin. Bitcoin se ha convertido en una inversión con gran potencial de crecimiento. Bitcoin tiene características que lo hacen atractivo, como su escasez, su descentralización, su seguridad y su transparencia.
Pero Bitcoin también tiene sus desafíos, como su volatilidad, su regulación, su adopción y su competencia. Bitcoin no es un activo perfecto, ni tampoco una amenaza para el dólar. Bitcoin es una innovación tecnológica que ofrece una nueva forma de intercambiar valor, y que se beneficia de la debilidad del dólar, pero que también depende de él.
Los expertos en criptoanálisis anticipan una gran oportunidad para las monedas digitales en el horizonte cercano, debido a la debilidad del dólar estadounidense. Según muchos, el DXY está cerca de completar un rebote que pronto se revertirá en una fuerte caída. Los analistas creen que el DXY está terminando la segunda onda y que pronto iniciará la tercera, lo que favorecerá el aumento de las criptomonedas y otros activos de riesgo. “TODO se trata de DXY.“
¿Qué pasará con el Bitcoin cuando el dólar se hunda? Nadie lo sabe con certeza, pero hay algunas posibilidades. Una de ellas es que Bitcoin se dispare. Otra es que Bitcoin se estabilice, y se consolide como una reserva de valor, complementando al dólar. Y otra es que Bitcoin se desplome, y se quede como una curiosidad histórica, superado por otras monedas o tecnologías.
Lo que sí sabemos es que Bitcoin es un fenómeno fascinante, que nos invita a reflexionar sobre el significado y el futuro del dinero. Bitcoin nos reta a pensar de forma crítica y objetiva, y a educarnos sobre las oportunidades y los riesgos que nos ofrece. Bitcoin es una evolución. Y nosotros somos parte de ella.
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