Bitcoin nació como una respuesta a la crisis financiera del 2008, que evidenció las fallas del sistema monetario y bancario actual. Su creador, el misterioso Satoshi Nakamoto, y sus primeros seguidores, pensaron que el dinero fiat, controlado por los gobiernos y los bancos, era la fuente de todos los problemas. Por lo tanto, Bitcoin surge como una propuesta de reforma. Es decir, una solución ante un problema. El problema es la inestabilidad monetaria, los riesgos del sistema bancario, la inflación, la corrupción y los efectos nocivos del intervencionismo estatal. Bitcoin representa la libertad, pero ¿es también justicia y equidad social?
Bitcoin es una moneda digital descentralizada, que no depende de ninguna autoridad central para su emisión, regulación o validación. Cualquiera puede participar en la red de Bitcoin, enviando y recibiendo transacciones, sin necesidad de intermediarios ni permisos. Bitcoin es también una forma de expresión, de protesta, de resistencia. Es una forma de decir "no" al sistema establecido, de cuestionar el status quo, de buscar alternativas. Bitcoin es una forma de empoderamiento, de autogestión, de autodeterminación.
Ahora bien, Bitcoin es, en definitiva, una forma de libertad. Una libertad que implica responsabilidad, riesgo y oportunidad. Una libertad que nos permite elegir cómo queremos usar nuestro dinero, cómo queremos ahorrar, invertir, gastar o donar. Una libertad que nos permite acceder a un mercado global, sin fronteras ni restricciones. Una libertad que nos permite proteger nuestro patrimonio, frente a la inflación, la devaluación, la confiscación o la censura.
Pero la libertad no es suficiente. La libertad no garantiza la justicia. La justicia es un concepto más amplio, que implica equidad, igualdad, solidaridad, derechos humanos, dignidad. La justicia es un ideal, una aspiración, una meta. La justicia es un proceso, una lucha, una conquista. La justicia es un valor, una virtud, una obligación.
¿Es Bitcoin un medio para la justicia? La respuesta no es sencilla. Por un lado, Bitcoin puede ser visto como un instrumento de injusticia, de desigualdad, de exclusión. Después de todo, se trata de un mercado controlado principalmente por ballenas. Los grandes inversores pueden manipular los precios, las tendencias, y las expectativas. La mayoría de los BTC está en relativamente pocas manos, concentrando el poder y la riqueza. Además, Bitcoin tiene barreras de entrada, de acceso, de educación. No todos pueden acceder a Bitcoin, ya sea por falta de recursos, de infraestructura, de conocimiento o de confianza. No todos pueden beneficiarse de Bitcoin, ya sea por falta de oportunidades, de incentivos, de seguridad o de legalidad.
Por otro lado, Bitcoin puede ser visto como un instrumento de justicia, de equidad, de inclusión. Después de todo, Bitcoin, el ecosistema cripto y la tecnología blockchain sí ayudan a democratizar las finanzas, porque nos están dando más opciones. Da herramientas a un mayor número de personas, que pueden usarlas para mejorar sus condiciones de vida, para generar ingresos, para acceder a servicios, para participar en proyectos. Cierto que por ahora los beneficiados han sido relativamente pocos, pero la tecnología tiene el potencial de llegar a todos, en la medida que trabajemos en ello. Esta industria está trabajando para ofrecer la mayor cantidad de productos y servicios posible, a la mayor cantidad de personas. Entonces, si más personas tienen más capacidad de elección en sus manos, también tienen más poder. Lo que ayuda a encaminarnos a un mundo más justo y equitativo.
No es una utopía. No es algo perfecto. Pero es un paso. Un paso que en el tiempo y con esfuerzo podría llevarnos más cerca del ideal. Un ideal que no es solo de Bitcoin, sino de toda la humanidad. Un ideal de justicia y equidad social, que implica respeto, cooperación, diversidad, desarrollo. Un ideal que requiere de nuestra voluntad, de nuestra acción, de nuestra conciencia.
Bitcoin es un medio, no un fin. Bitcoin es una herramienta, no una solución. Bitcoin es una oportunidad, no una garantía. Bitcoin es lo que hacemos con él, lo que queremos que sea, lo que soñamos que sea. Bitcoin es nuestro desafío, nuestra responsabilidad, nuestra esperanza.
Bitcoin es, en definitiva, una invitación. Una invitación a reflexionar, a cuestionar, a aprender, a innovar. Una invitación a participar, a colaborar, a contribuir, a transformar. Una invitación a crear, a construir, a mejorar, a cambiar.
Bitcoin es una forma de ver el mundo, de cuestionar el sistema, de buscar alternativas. Bitcoin es una revolución, que nos ofrece nuevas posibilidades, nuevos desafíos, nuevos horizontes.
A nivel del individuo, la existencia de Bitcoin, sobre todo visto dentro de un universo más amplio como lo es la industria cripto, nos da acceso a una serie de servicios y productos que antes estaban solo disponibles a los inversores más grandes. Con esos códigos y estos algoritmos, es mucho más fácil conectar con los demás. Podemos crear grupos. Podemos crear soluciones. Podemos crear valor. Y nos podemos beneficiar de esto porque la cultura cripto es más abierta que el mundo de las finanzas tradicionales.
Pero no todo es color de rosa. Eso abre las puertas a muchos peligros. Peligros como la volatilidad, la incertidumbre, la inseguridad, la ilegalidad. Peligros que pueden afectar a nuestra economía, a nuestra privacidad, a nuestra libertad, a nuestra seguridad. Peligros que debemos afrontar con responsabilidad, con precaución, con educación, con regulación.
También abre las puertas a muchas oportunidades. Oportunidades como la innovación, la inclusión, la diversificación, la democratización. Oportunidades que pueden mejorar nuestra calidad de vida, nuestra capacidad de elección, nuestra participación social, nuestro desarrollo humano. Oportunidades que debemos aprovechar con creatividad, con colaboración, con conciencia, con transformación.
Si eso nos ayuda o no a crear un mundo más justo y equitativo, ya es cuestión de nosotros. De nosotros como individuos, como ciudadanos, como consumidores, como productores. De nosotros como agentes de cambio, como protagonistas de nuestra historia, como responsables de nuestro futuro. De nosotros como parte de una comunidad, de una sociedad, de una humanidad.
En fin, Bitcoin nos ofrece la posibilidad de transformar el sistema financiero. Sin embargo, el impacto y el alcance de esta transformación dependen de cómo lo usemos, tanto individual como colectivamente.
Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.